Cuenta la historia documentada, de la segunda guerra mundial, que Winston Churchill no dudó en hacer alianza con la Rusia comunista y el criminal Joseph Stalin, para enfrentar el riesgo superior que representaba Adolph Hitler y su Alemania nazi. En aquella ocasión, el primer ministro británico, Churchill, se justificó de la siguiente manera: “ Sí Hitler invade el infierno, yo apoyo al Diablo”.
En su formación académica confesional, el mandatario Felipe de Jesús Calderón quiere demonizar al PRI y convertirlo en el nuevo destinatario de la guerra sucia electoral y no vacila en interferir, en los comicios, con medidas electoreras, como fue el caso del anuncio de la derogación de la tenencia y la supuesta simplificación fiscal anunciada en la víspera de las elecciones estatales del pasado domingo. Por eso, es la hora de que el CEN del PRI, en especial, Beatriz Paredes, Manlio Fabio Beltrones, Enrique Peña Nieto y los gobernadores de este instituto político revisen su relación con el presidente Calderón. Considero que no sirve pactar ni acordar con quien traiciona y no honra sus acuerdos.
El PRI deberá ir con todo contra Calderón, contra su política económica, que tiene en el estancamiento y la pobreza a millones de mexicanos, contra los aumentos mensuales a las gasolinas, el diesel y el gas doméstico; debe ir contra su política de seguridad que ha sumido en un baño de sangre al país y puede, el PRI, aprovechar su mayoría en la Cámara de Diputados, para impulsar un juicio político contra Calderón, por los saldos de su gestión y su intromisión en los comicios, para salvar al país. De lo contrario, con la guerra sucia, y el uso faccioso del poder, va a denigrar al PRI y puede hasta recurrir a un golpe de estado técnico o un fraude electoral para conservar el mando y pactar una eventual abdicación ante el grupo de Manuel Camacho Solís y su eventual carta presidencial, Marcelo Ebrard, todo para impedir que regrese el PRI a Los Pinos.
Incluso, me parece, que sería la coyuntura para el deslinde definitivo del jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard con López Obrador. Ya que se percibe un talante más pragmático y proclive a un acuerdo con el PAN, en Camacho y Ebrard, más flexibles y políticos que el propio Andrés Manuel López Obrador que prefiere irse por la libre, aunque se extinga y se aísle en sus dogmas de izquierda.
En el nuevo mapa geopolítico del poder, tras los comicios del domingo, la victoria del tricolor en 9 estados, tiene un sabor amargo, por la derrota en 3 estados emblemáticos y muy grandes, en términos de población, de padrón electoral, de producto interno bruto y del presupuesto que manejan. Cada estado, cada región tiene su propia especificidad y causales locales muy peculiares de la victoria o la derrota. Como todo en la vida, los errores se pagan y los aciertos se premian.
A Calderón y al PAN le funcionaron las alianzas, pero el PRI cometió sus propios errores. Fue un error grave, que se saldó con la derrota que el CEN del PRI permitiera que el gobernador de Sinaloa, impusiera a Jesús Vizcarra como candidato, señalado en diversos medios nacionales, como un personaje con presuntos nexos con el narcotráfico- dejando de lado a un perfil popular como Mario López Valdés, alias “ Malova”, que terminó como candidato del PAN y ganador de la gubernatura. El mismo PRI estaba dividido, pues a Malova lo apoyaban cuadros destacados como Manlio Fabio Beltrones y los exgobernadores de Sinaloa, Juan S. Millán y Francisco Labastida Ochoa.
En el saldo de las derrotas del PRI, no se puede perder de vista que en el nuevo horizonte político de México, más plural y abierto a la democracia, eran impresentables perfiles de gobernadores como Mario Marín, acusado de pederasta y explotación sexual de menores o Ulises Ruiz, el oaxaqueño acusado de cometer asesinatos políticos. Ulises Ruiz, unió en su contra, lo mismo a López Obrador que a los exgobernadores José Murat y Diódoro Carrasco. Más que los candidatos del PRI, en Puebla y Oaxaca, perdieron los gobernadores salientes, que terminaron afectando a los candidatos que habían impuesto.
EL ESTUDIO DEL GRUPO REFORMA
Según un estudio del grupo periodístico Reforma, con los resultados de este domingo, el PRI sólo gobernará al 51 por ciento de los mexicanos, cuando hace 20 años gobernaba al 100 por ciento.
“Con sus triunfos en Aguascalientes, Tlaxcala y Zacatecas, obtuvo una población de 3 millones 501 mil habitantes; un padrón electoral de 2 millones 696 mil ciudadanos; un PIB de 273 mil millones de pesos y un presupuesto de 58 mil millones de pesos, por la suma de esos 3 estados.
En contraparte, con sus derrotas en Oaxaca, Puebla y Sinaloa, perdió una población gobernada de 11 millones 498 mil habitantes; un padrón electoral de 8 millones 363 mil ciudadanos; un PIB de 807 mil millones de pesos y un presupuesto de 117 mil millones de pesos”.
Fuente: Grupo Reforma, con datos de Inegi, Institutos Estatales Electorales y presupuesto de cada estado.
LAS COORDENADAS
Se desprenden las siguientes grandes coordenadas de estos comicios. El PRI ganó pero perdió. Le funcionó a Calderón la guerra sucia y las alianzas para rescatar comicios que no hubieran ganado nunca, sin alianzas con sus otrora rivales del PRD.
Tenemos que reconocer que emergió el poder ciudadano. El poder de la sociedad, que fue superior incluso a los aparatos estatales y su capacidad de control y cooptación de los institutos electorales estatales.
La sociedad es plural y diversa. Es difícil ya obtener el carro completo y un solo color en los comicios. Hay un voto diferenciado y una necesaria cohabitación partidista.
Se fortalece Calderón, para sobrevivir el último tramo del sexenio, pero no tiene un candidato propio que pueda ganarle al PRI. De ahí la vertiente de posibilidad de que Marcelo Ebrard pudiera ser un candidato presidencial de una eventual alianza PAN- PRD. Ya se habla de que en el Estado de México, el PAN y el PRD pueden fraguar una alianza por la gubernatura en el 2011 y pueden ir con un candidato de unidad, lo que sería un fuerte obstáculo para las aspiraciones presidenciales de Enrique Peña Nieto.
Se mencionan como posibles candidatos de una eventual alianza azul y amarilla en Edomex por la gubernatura, a los panistas Santiago Creel y Josefina Vázquez Mota y a los perredistas, Alejandro Encinas y Horacio Duarte, éstos últimos muy cercanos a López Obrador.
Por la personalidad compleja de Calderón, puede acudir a recursos extremos para perpetuarse en el poder, como un golpe de estado técnico o un nuevo fraude electoral.
Se desprende que el PRI lo tiene que acotar desde ahora. Impulsar un juicio político u otras medidas que lo pongan contra las cuerdas y acoten su margen de maniobra.
En el CEN del PRI y en el bloque de gobernadores todo debe estar sujeto a escrutinio y revisión. Es un error considerar que el PRI ya ganó y que la única carta posible como candidato presidencial sea Enrique Peña Nieto. No todo está resuelto y, en lo personal, no consideró que la opción del mexiquense sea un mandato inevitable. Nuevos escenarios, reclaman que el tricolor amplié su baraja de cartas a la candidatura presidencial.
LA REGIÓN: EL FUTURO INMEDIATO
¿Que tendrían que hacer los partidos ante el nuevo horizonte de genuina competencia y alta exigencia electoral?.
En lo que respecta al PAN en Colima, tendrá que evaluar que se equivocó en la pasada contienda electoral, como se prueba con la derrota electoral de su candidata Martha Sosa. Asimismo, en el corto plazo veremos el desenlace de su proceso interno para renovar su liderazgo estatal. Ha trascendido que Fernando Antero quiere la reelección, con el apoyo del grupo dominante o lo que, podríamos llamar la nomenklatura azul en Colima, en la que destacan perfiles como Jesús Dueñas, Leoncio Morán, Enrique Michel, Antonio Morales de la Peña – que es el cuadro panista más cercano al presidente Calderón- Salvador Becerra y el resto o, por lo menos la mayoría de los delegados federales panistas.
El otro grupo que disputa el liderazgo del partido es el grupo de los jóvenes, que lideran Esmeralda Cárdenas y Brenda Gutiérrez. Es una disputa entre visiones del quehacer político en Colima, entre proyectos diferentes, pero también parece una disputa generacional por el poder en el partido azul. La querella se va a dirimir entre el status quo y el discurso de cambio y renovación.
En lo que respecta al PRD en Colima, se ha consolidado como dirigente Francisco Rodríguez García, pero tiene el desafío permanente del grupo nucleado en torno a los Sotelo- Vizcaíno que no terminan de aceptar su liderazgo. Esta pugna es permanente y ha conducido a que, en este momento, el sol azteca en Colima, no sea una genuina opción de poder, como lo prueban los resultados electorales del 2009. En lo personal, Rodríguez García se mostró contrario al esquema de las alianzas con el PAN y no cree en la viabilidad de las mismas para el 2012, a menos que se lo impongan desde la cúpula partidista, desde el centro, ya que Jesús Ortega y Manuel Camacho consideran que les fue bien con las alianzas.
Curiosamente, los extremos se tocan, ya que también el senador Carlos Sotelo se expresó contrario a las alianzas con el PAN, asunto en el que coincide con Francisco Rodríguez, al margen de sus diferencias personales y políticas respecto al rumbo que debe tener el partido en Colima.
En lo que concierne al PRI estatal tienen que hacer una adecuada lectura de los acontecimientos y saber que para ofertar su proyecto de futuro a la sociedad, entre los diversos escenarios posibles, necesitan tomar nota del saldo de estos comicios del 2010 y trabajar desde ahora para recoger buenos frutos en el 2012 y en el 2015.
Las mejores causas y banderas de la sociedad deben ser las banderas de los partidos. Lo mismo en transporte, que en vivienda, en equipamiento urbano, en desarrollo sustentable y estar atentos a las nuevas expresiones de la sociedad, como las luchas de los ecologistas, las luchas campesinas y las de los trabajadores, así como las reivindicaciones legítimas de los jóvenes y las mujeres. Esto debe ser en la praxis y no en la retórica. El discurso político debe honrarse en la realidad y transitar de las palabras a los hechos, para lograr el voto ciudadano.