Perdida en el ostracismo político por sus antecedentes y su propensión a la represión, Gutiérrez Flores quedó, sin embargo, sin ningún cargo de relevancia, no obstante que, como se comentó en su momento, le ordenara a Gustavo Vázquez Montes, tajante, “o una secretaría o nada”. El resultado, la víspera, es harto conocido: no se le dio ninguna secretaría ni dirección —como, por ejemplo, el Instituto Colimense de la Mujer— ni tampoco, como ella hubiera deseado, manga ancha para hacer jugosos negocios.
Todo viene a cuento porque, atentando flagrantemente contra la libertad de expresión, la directora de comunicación social en el gobierno de Fernando Moreno Peña denunció, por calumnias y difamación, al periodista Bibiano Moreno Montes de Oca. Lo curioso del caso es que en su querella la ex funcionaria de triste memoria dice, entre otras cosas, que nunca actuó en contra del comunicador porque tenía un cargo público.
Primer error. Las columnas a las que se refiere la señora datan del 2004 en adelante; en esas fechas, desde luego, Norma Gutiérrez ya no era funcionaria. Que pretendiera serlo y no se le hubiera hecho es harina de otro costal. Pero lo cierto es que los cuestionamientos se dieron después de que dejara su cargo porque tenía amenazados a los directores de medios con quitarles la propaganda; igual a los reporteros que no tenían de otra más que aguantarla y que fueron, para su desgracia, los primeros en grillarla para que no alcanzara ningún puesto en la administración de Vázquez Montes.
Tiene, además, en su denuncia, columnas en donde Moreno Montes de Oca la cuestiona en medios electrónicos, con lo que, como dijera en su última entrega de Concierto Político, es el primer periodista denunciado por escribir en páginas de Internet.
Para nadie es un secreto que detrás de Norma Gutiérrez está, por supuesto, Fernando Moreno Peña. Ya hizo, para tratar de acallar a sus críticos, una acción similar: obligó a su directora de comunicación a denunciar a un periodista ante la incapacidad de debatir en su medio, el Diario de Colima, las críticas que se le hacían por su protagonismo como ex gobernador.
Bibiano Moreno Montes de Oca tiene, en su haber, cuatro denuncias por calumnias y difamación; las cuatro, ciertamente, sin fundamento, como seguramente será esta que interpuso la que menos autoridad moral tiene para sentirse agraviada de lo que dijeran sobre su persona, cuando ella, durante el sexenio de Moreno Peña, hizo y deshizo a su antojo.
Resulta lamentable que una persona que se dice periodista interponga denuncias por difamación en contra de compañeros del gremio; en especial, cuando es en el Diario de Colima donde más se han rasgado las vestiduras por acciones penales que funcionarios del gobierno han intentado realizar en su contra por, esas sí, calumnias y difamaciones muy características en ellos.
Ahí está, para los anales de la historia, la que interpuso un empresario por involucrarlo en la letra de cambio de la Universidad de Colima: Héctor Sánchez, lo reveló uno de sus directores, se tuvo que exiliar para no ser detenido.
Ahora: mucho se ha cuestionado que el alcalde electo de Colima, José Ignacio Peralta Sánchez, se haya rodeado de gente perteneciente al grupo político de Fernando Moreno Peña; entre ellas, de Norma Gutiérrez Flores, que desea a como dé lugar regresar a la ubre presupuestal. Las aspiraciones del ex secretario de Fomento Económico son, como muchos lo han mencionado, suceder al gobernador electo; sin embargo, desde estos momentos se le augura un fracaso rotundo por relacionarse con las personas que cuestionaron con toda la saña del mundo a Mario Anguiano.
¿Cómo pretende, entonces, ganarse la venia bendita del mandatario si, como sucedió con Silverio Cavazos, los tiradores a la candidatura a gobernador se aliaron de último momento con el grupo que golpeó, desde que arribó al poder, a Cavazos Ceballos? Las consecuencias están a la vista: esos que se la jugaron con Fernando Moreno fueron repudiados por los colimenses; los que se alinearon, como Mario Anguiano, se beneficiaron de la decisión del primer priísta del Estado y, después, cuando se negoció la candidatura en México, del CEN del PRI.
José Ignacio Peralta, en este sentido, todavía está a tiempo de recapacitar sobre la conformación de su equipo de trabajo. Imponer a Norma Gutiérrez pensando en su futuro político equivale a hacerse el harakiri político: no tendría, de entrada, la aceptación del gobernador, pero mucho menos la de la sociedad colimense, que en estas elecciones puso en su lugar a los que pretendían regresar al poder a base de golpes bajos y una guerra de lodo.
La denuncia en contra de Bibiano Moreno es, por donde quiera que se le vea, un atentado a la libertad de expresión. Lo que se dijo en las columnas que presentó como pruebas del delito de difamación es algo que todo Colima sabe; sobre todo, los que estuvieron trabajando con ella y que, cuando salió de la administración, festejaron como si la Selección Mexicana hubiera ganado la Copa del Mundo.
Hilda Ceballos, cuando diputada local, leyó una columna de Concierto Político y su reacción, contrario a lo que se esperaba, fue de satisfacción. ¿Por qué será?
Y, por cierto, ¿dónde están las asociaciones de periodistas ante este atentado severo a la libertad de expresión?
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