Educar es el Camino

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    Como mi propósito de hoy no es, sin embargo, el de reseñar ese acto del que ya ampliamente se dio noticia el fin de semana, he de referirme al punto de que, con todo y las malas famas que a veces los profesores nos hemos conseguido, sobre todo en esas escenitas vergonzosas que durante los plantones y las huelgas son las que más resaltan los medios, resulta que siempre han existido profesores muy entregados a su labor, que con el tiempo se han ido ganando el reconocimiento y hasta el agradecimiento no sólo del gremio, sino del pueblo por su desempeño.

    Hablando es este estricto sentido, déjenme comentarles que, hace ya un poco más de dos años, la dirigencia nacional del SNTE decidió efectuar un reconocimiento (preferentemente en vida) a los profesores que más se hubiesen destacado en el ámbito de cada sección sindical. Reconocimiento que no implicaría la entrega de ningún dinero, de ninguna medalla, ni de ningún diploma que lo acreditara, sino la publicación de una breve reseña de su vida en un libro que se pensaba editar.

    Desconozco cuáles hayan sido las instrucciones específicas que se le dieron a cada dirigente seccional, pero supe con posterioridad que deberían éstos llevar a cabo una consulta o sondeo para seleccionar a los cinco profesores o profesoras que en la opinión de los encuestados pudiesen ser reconocidos como «maestros eméritos».

     
    Supe también después que tanto la Sección VI como la XXXIX (ambas de Colima) habían revisado dos largas listas y, tras depurarlas, seleccionado a diez profesores, de los que se mandaron al Comité Central convocante, sus biografías y sus fotografías.

    El 14 de mayo del 2008 se terminó de imprimir el primer tiraje de ese volumen, con apenas mil ejemplares para todo el país, y es por lo mismo no ha circulado, ni se ha hecho en Colima su presentación oficial. Pese a ello, porque lo conozco y porque me parece importante hablar también de las cosas buenas que realizan los profesores, hoy me le adelantaré el SNTE y, sin pedirle su consentimiento, me referiré a cuantos de esos profesores pueda en este espacio que tanto quiero:

    El libro en cuestión lleva el título con que coroné este trabajo: Educar es el camino. Es un volumen de 624 páginas de gran formato (30 X 30 cms.), bastante más pesado que La Biblia, editado a todo color en fino papel couché y fue prologado, evidentemente, por la Profra. Elba Esther Gordillo.

    Lo importante para nosotros, los colimenses, es que varios de los diez profesores cuyas reseñas de vida y obra ahí fueron incluidos, siguen afortunadamente vivos y tuvieron en consecuencia la oportunidad de recibir este reconocimiento antes de fallecer, como no pudo ocurrir con los profesores Juan Hernández Espinosa y Manuel Velasco Murguía; quienes se fueron antes.

     
    Comenzaré por mencionar, pues, a la única maestra que apareció en la lista. Se llama Rosa Lorenzano Gómez, una profesora muy entusiasta y alegre que ha sabido imprimir una impronta comprometida pero feliz a su labor.

    Rosita, como cariñosamente se le conoce en el gremio, quedó huérfana de padre desde muy chica y aunque tuvo que apoyar con la costura a su mamá para poder vivir, dice que siempre tuvo la meta de convertirse en maestra. Estudió la primaria en la Escuela Tipo República Argentina, en la capital del estado.

    Concurrió a la Secundaria Nocturna para Trabajadores y más tarde, como varios otros compañeros de su generación o anteriores, sacrificó sus fines de semana y sus vacaciones para estudiar en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio. Teniendo como primera plaza laboral en la entonces muy apartada comunidad de Platanarillos, municipio de Minatitlán, a donde tenía que ir realizando jornadas de traslado que casi se podrían decir heroicas.

    Después, uno no sabe si como premio o como castigo, dadas las dificultades que implicaba entonces llegar, trabajó en el montañoso Campo 4, municipio de Comala, y desde ahí, durante más de 30 años de labor, y sin perder jamás las características de alegría y entusiasmo que son su sello, ha sido directora, inspectora escolar y jefa de sector. Que es el grado escalafonario más alto al que pueden aspirar los profesores frente a grupo.

    Me refiero ahora al profesor Leopoldo Casarrubias Carmona, a quien con gran precisión podría describir como un gran orador; dueño de un amplio léxico y modos, expresiones y galanterías de caballero antiguo. Seguidor o admirador tal vez de Casanova. Uno de esos personajes que, en todo caso, hoy ya casi no se ven.

    El maestro Leopo, se inició en el magisterio como profesor rural en 1952, en el entonces también muy apartado ejido de El Chavarín; pero tras laborar 10 años frente a grupo, comenzó a participar en la vida sindical, donde, impulsado por la vena política que indudablemente tiene, logró ser elegido en dos períodos Secretario General de la Sección VI, convirtiéndose posteriormente en Inspector, hasta completar 46 años de entusiasta servicio.

     
    Destacado por su participación en las actividades educativa, periodística y política de la entidad ha sido, sin lugar a dudas, desde hace más de medio siglo ya, otro de los homenajeados en ese libro del SNTE. Me refiero al profesor y abogado Ismael Aguayo Figueroa, quien llenó con su figura multifacética toda una época de Colima.

    Aguayo nació en Jalisco pero llegó siendo niño a Colima. Se convirtió en profesor de primaria, dio clases en varias escuelas y fue director en otras; pero incansable o muy inquieto por el saber, ingresó asimismo a la Universidad de Colima, donde se tituló en Derecho, y a donde muy pronto se integró como catedrático.

    El profesor Aguayo es otro de los grandes oradores que ha tenido el magisterio local, y es además muy buen redactor. Publicó durante más de 25 años una columna que se titulaba En tres minutos. Donde diseccionaba con un bisturí muy afilado la vida, las realizaciones y los equívocos de los políticos del momento. Escribió, aparte, su famoso libro Anecdotario Político Colimense; una investigación sobre la Guerra de Reforma y las implicaciones que trajo a Colima, y un muy interesante poemario elaborado a base de muy bien construidos sonetos que se titula Retrato Nostálgico de una Ciudad. Libro en el que con amoroso cuidado describe singulares puntos, barrios y edificios de nuestra ciudad, de la que también fue cronista.

    Otro de los profesores ilustres cuya reseña de vida aparece plasmada en Educar para vivir, es nuestro muy querido colega Genaro Hernández Corona, nacido hace ochenta y tantos años ya.

    El maestro Genaro, reputado a la fecha como historiador y por haber integrado una de las bibliotecas y hemerotecas personales más grandes y mejor dotadas de todo Colima, comenzó también a trabajar desde muy joven, y pronto ascendió a director de plantel.

    Por una de esas cosas curiosas que en la vida a veces pasan, Hernández Corona fue director, durante más de 35 años, precisamente de la escuela primaria Gregorio Torres Quintero, y de la Normal dedicada también a ese gran educador colimense, autor del muy conocido Método Onomatopéyico para enseñar a leer y escribir. Ignoro qué tanto haya impactado en el profesor Genaro ese contacto inicialmente involuntario y circunstancial con la figura y el recuerdo del profesor Gregorio; pero lo que sí sé es que, producto de su indagación y estudio, el maestro Hernández Corona redactó y publicó en forma de libro, la biografía más completa que se haya publicado a la fecha del profesor Torres Quintero, y no conforme con eso, recopiló también y publicó en un segundo libro las Tesis Pedagógicas de aquél a quien se refiere como “insigne maestro”.

    El profesor Federico Rangel Fuentes nació en Colima en noviembre de 1923. Población en donde comenzó a estudiar, habiendo sido alumno de otros notables educadores como el eminente y culto facultativo, Dr. Miguel Galindo Velasco y el también profesor, periodista y amante de la arqueología, don Aniceto Castellanos.

    De carácter amable, el Profr. Federico Rangel impartió clases en diversas escuelas primarias y secundarias, lo mismo que en la Normal y en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio. En donde fungió, es exacto eso, “como maestro de maestros”.

    Muy joven aún, cuando apenas contaba con unos 22 años de edad, comenzó a trabajar también como secretario de la Dirección de Educación  Pública del gobierno del estado. Sitio en el que colaboró con todos los sucesivos directores que por allí pasaron, entre los que podríamos mencionar a los profesores José S. Benítez, Manuel Velasco Murguía, Lorenzo López Llerenas e Ismael Aguayo Figueroa.

    Como varios otros inquietos elementos de su generación, el profesor Federico Rangel Fuentes incursionó también en el periodismo. Habiendo sido uno de los fundadores de la Asociación Colimense de Periodistas y Escritores (ACPE), a la que llegó a presidir.

    Fue, durante la gubernatura del Lic. Arturo Noriega Pizano, Director de Educación Pública y presentó y llevó a cabo cantidad de buenos proyectos para mejorar tanto la calidad de la educación que impartían sus subordinados, como sus condiciones de vida y trabajo. Ejerció el magisterio durante 42 años en los que recibió varios premios o galardones. Fundó, puede decirse, una dinastía de profesores, en la que dos de sus nietos han llegado a ser líderes de la Sección XXXIX, y hoy son, si no me equivoco esta vez, candidatos a diputados locales por uno de los tres partidos más grandes

    El espacio no me deja, lamentablemente, reseñar las biografías de los profesores Vicente Oria Razo y Andrés Bejarano Fuentes, que también aparecieron en Educar es el camino, pero no cabe duda que cada uno tiene sus méritos, y fue por eso que quienes en ambas secciones sindicales tuvieron la responsabilidad de hacer la selección, los incluyeron en dicho libro. Del cual espero pronto se termine una segunda edición con mayor tiraje, y haya en Colima una próxima presentación.

     

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