Campesinas de Colima, en la Marcha Contra el TLCAN

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    ¡Sin maíz no hay país!, gritaron con más fuerza las mujeres indígenas, campesinas, trabajadoras de oficina, amas de casa, niñas, ancianas, jóvenes estudiantes, integradas en un largo, bullicioso y enérgico contingente por la soberanía alimentaria, los derechos humanos y la libertad democrática, convencidas todas de que el TLCAN afecta a la economía del hogar, en que no tienen para dar de comer a su familia, ni siquiera para mandar a las y los niños a la escuela.

    Rocío Montoya, representante de la Secretaría de Acción Femenil del municipio de Ixtlahuaca, Estado de México, ubicado en una zona mazahua, dijo que a las campesinas les afecta el TLCAN porque si ellas cultivan el maíz lo venden a sólo un peso y veinte centavos el cuartillo, mientras como trabajadoras del hogar les pagan treinta pesos. Como campesinas, “no nos sale ni lo que trabajamos en el día y el kilo de huevo está a 16 pesos, el azúcar a 12”.

    Por eso, María Ramos Cruz, compañera de Rocío, quiere que la producción de maíz, frijoles y trigo se compre a las y los campesinos a un precio justo.

    Las mujeres de Nueva Rosita, Coahuila, pertenecientes a la Confederación Nacional Campesina (CNC) se distinguieron por su playera verde con la leyenda acción femenil. Marcharon en protesta contra el TLC “porque su ejido está muy marginado”. Y su apuesta ante la crisis del campo es la capacitación y la educación de los campesinos, dijo a Cimacnoticias Lucy Ramírez. “Enseñar a hacer pan para levantar panaderías, y que las mujeres dejen de trabajar en las maquilas que han desintegrado a la familia”, señaló convencida.

    “Sin la mujer no hay este tipo de manifestaciones, porque somos las primeras en cualquier evento y no nos rajamos en nada”, aseguró Rita Ayala de la CNC Colima, quien denunció que desde que el PAN gobierna en su estado, los programas de alianza para el campo no abastecen a las mujeres, “nosotras también producimos, pero además esta es una lucha de todos”.

    En el contingente de la CNC iban las mujeres hombro con hombro con sus parejas, sus vecinas, todas de playera verde, organizadas por estado de la República: de Colima, Veracruz, Jalisco, San Luis Potosí y Guanajuato.

    AMBIENTALISTAS Y FEMINISTAS

    Brenda Rodríguez, de la Red de Género y Medio Ambiente, sin titubear declaró estar en unión contra el TLC, y a favor de que el  maíz salga del TLCAN. Y mencionó que el problema de origen para las mujeres con el tratado es la tenencia de la tierra, puesto que “ella tienen únicamente 15 por ciento de la tierra en el país”.

    Aseguró que, “si se sigue consumiendo transgénicos, las mujeres campesinas menos van a tener la oportunidad de ser reconocidas como trabajadoras del campo y usuarios del agua y de la tierra”.

    En la marcha, las organizaciones feministas tuvieron una presencia preponderante: una enorme manta blanca y morada anunciaba inminentemente su presencia, pancartas con bocas rojas  y el lema “Contra los fundamentalismos tu boca es fundamental”, y unas banderas rosas que decían “Todas por un país con maíz”, significaron la fusión de la lucha feminista con la lucha de las campesinas, su derecho a decidir y su derecho a una vida sin violencia.

    Aída Concha, de la Red Nacional de Género y Economía, y de la Marcha Mundial de las Mujeres, dijo que estaba ahí con mucho gusto. Mientras caminaba con un sombrero para el calor, habló a Cimacnoticias de la situación coyuntural en la vida del país ante el TLCAN, que ha provocado el aumento en un 50 por ciento de la migración de mujeres, quienes trabajan en el servicio doméstico, en el cuidado de personas mayores o, en el peor de los casos, la prostitución.

    “Queremos detener este proceso, para cambiarlo por un proyecto de nación donde se centre la humanidad y no el comercio, para que termine el empobrecimiento sistemático del pueblo mexicano y particularmente de las mujeres”, decía mientras unos tambores cargados por mujeres retumbaban a su paso.

    “¡Mujeres unidas, jamás serán vencidas!”, se oía como consigna y también “¡No más violencia en contra de las mujeres!”, gritaba Columba Quintero, jubilada de la UNAM e integrante de la Marcha Mundial de las Mujeres.

    Ella explicó que la pobreza provocada por el TLCAN afecta más a su género, pues éstas administran los recursos del hogar “no tenemos capacidad de alimentar a nuestros hijos, los salarios no están aumentando,  y entonces hay una pobreza que cada vez se está feminizando más”.

    Había también mujeres en zancos, con máscaras, que dominaban desde las alturas el alcance de la movilización, la primera de muchas que prometieron los organizadores para defender la soberanía alimentaria, el desfalleciente campo, la soberanía nacional.  

    MAÍZ Y MUJER

    El TLC era el tema, pero para las mujeres la marcha implicó también la defensa de su derecho a decidir, a no sufrir más violencia y exigir también la libertad de las presas políticas o su derecho a no ser despedidas injustificadamente, como las ocho mujeres del Sindicato independiente de los Trabajadores del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal por la Equidad y Justicia Laboral, presentes en la movilización.

    En una esquina de la calle Madero, por donde ingresó la mayor parte del enorme contingente, calculado en 130 mil personas, según los organizadores, una mujer-maíz, con falda de hoja de maíz, el torso descubierto y la cara pintada de negro y rojo, daba la bienvenida a todas y todos.

    Dio también la bienvenida al contingente de la Red de Mujeres Líderes del Distrito Federal, integrado por aproximadamente mil mujeres, de las delegaciones políticas de la ciudad. 

    De Xochimilco, Blanca Estrella Ramírez sostenía una manta y exigía con su voz el respeto a las mujeres, pues “ya no alcanza para la canasta básica, Felipe Calderón únicamente subió dos pesos el salario mínimo, que piensen también en las amas de casa”. Y lamentó que con 350 pesos a la semana tenga que comer una familia, Calderón “no come con ese dinero toda la semana”.

    Durante el mitin que duró dos horas en el Zócalo capitalino, el presidente del Comité Ejecutivo Nacional de la CNC, Cruz López Aguilar, exigió la renegociación del TLCAN, rechazando, así las propuestas del  titular de Agricultura, Alberto Cárdenas, que anunció la puesta en marcha de seis programas de apoyo a los productores.

    Con el TLCAN, firmado por Carlos Salinas de Gortari hace 14 años, el empleo en el campo se redujo a la mitad, dijo el líder desde el templete, donde ninguna mujer tomó la palabra. Y aunque este acuerdo internacional tiene como un de sus objetivos promover las condiciones para una competencia justa, al eliminar las barreras de comercio con Estado Unidos y Canadá, únicamente el 2 por ciento de los productores mexicanos cuenta con la capacidad para exportar, explicó Cruz.

    Campesinas, campesinos, estudiantes, amas de casa, ecologistas, trabajadores del Sindicato de la Compañía de Luz y Fuerza, integrantes de la Red Mexicana de Organizaciones Campesinas y Forestales… todas y todos defendieron cada una sus luchas desatadas por las consecuencias adversas que trajo el TLC.

    Desde diferentes trincheras, para defender al sector energético, al medio ambiente, al derecho a decidir de las mujeres, todas coincidieron, sin embargo, en la defensa del alimento sin cuya existencia no hay país: el maíz.

    Mil 500 elementos de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal se ocuparon de proteger el edificio Sheraton, acompañaron a los tractores que encabezaron la marcha, ante la admiración de las y los capitalinos, y se mantuvieron alerta ante cualquier eventualidad durante la marcha, que inició cuando el sol brillaba con intensidad y no se veía el fin de las y los manifestantes. Al anochecer, aún muchas personas caminaban hacia Zócalo todavía animado y lleno.

     

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