TAREA PÚBLICA

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¿ERES FRÍO O CALIENTE?

Por: Carlos Orozco Galeana

Es muy reconocida esa  parte de texto bíblico en el que se dice que el Señor vomita a los tibios.  En Apocalipsis 3:15-16, se dice: «Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.»

El Señor Jesucristo ha llegado a la conclusión que no es frío ni caliente. Frío es alguien que franca y abiertamente rechaza todo lo que tiene que ver con Cristo Jesús. Alguien que todavía no ha sido transformado por el poder de la palabra de Dios y el Espíritu Santo. Caliente es alguien que tiene un celo profundo por la persona de Cristo y lo manifiesta viviendo en santidad, tratando de mostrar a Cristo en palabra y obra.

Nos lo explica así el Papa Francisco: Cuando Jesucristo dice: ¡Ojalá fueses frío o caliente!, no está diciendo que él acepta al frío tanto como al caliente. Lo que está diciendo es que espiritualmente hablando es preferible que alguien sea frío, porque al menos está latente la esperanza de que algún día se caliente. Así como cuando en el plano físico, una persona que experimenta frío, instintivamente busca el calor, así también, una persona fría espiritualmente, es posible que reconozca su frialdad espiritual y busque la calidez de la salvación en Cristo. Lo ideal por supuesto, es que la persona sea caliente, que tenga vida espiritual y muestre a Cristo en su diario vivir. Esta es la voluntad de Dios para todo ser humano que es cristiano.

Pero  ¿quiénes son  los tibios? Son aquellos que dicen que son, pero en realidad no lo son. Son ese tipo de personas que de labios para afuera dicen que han recibido a Cristo como Salvador, pero sus vidas no muestran que Cristo esté en ellos. Viven para ellos mismos. Es el caso de muchos que aceptan ser católicos, pero que en esencia lo dicen de los labios hacia afuera. Por ejemplo, innumerables  políticos mexicanos se presentan como tales para de alguna manera ganar la confianza de la gente, dicen tener familias unidas en el amor para que se vea que son gente de  bien, confiables, solidarios,  pero en realidad son sepulcros blanqueados: bonitos por fuera, pero podridos por dentro.

“Seguir a Jesús desde el punto de vista humano no es un buen negocio: es servir”. El Señor dijo, recordó el Papa, que  si se quiere ser el primero  se debe comportar uno como el último. A la gente normalmente le gusta lucirse como poderosa, sábelo todo, capaz de cualquier acción o hazaña, con recursos de sobra;  su actitud prepotente no le permite mirar lo que pasa al prójimo, los demás ni existen, no los ve ni los oye. El dizque cristianismo que muchos procuran es el que puede seguir garantizando ganancia material, el buen vivir. Ese cristianismo supuesto está más cerca del mal que del  bien, es la tibieza misma.

Los que están calientes tienen el corazón en la mano, prestos para hacer lo que deben hacer en favor de una causa justa. Son los que jamás dicen no cuando se les pide un apoyo o un consentimiento que va en sentido de mejoría sobre algo en específico. El de corazón caliente es el buen padre, que no se esconde y tiene carácter para estar al frente de los suyos. Es el buen hermano y el buen amigo. Es el político que sí sirve a los demás y es congruente.

En cambio, el frío es el que, como dice el Papa, algún día se calentará, hay esperanza, no todo está perdido. Pero el tibio, aquel que  tiene la conciencia dormida, y le pide permiso a un pie para mover el otro, el que camina un paso para adelante y dos para atrás, el egoísta, el comodino, el Señor le dice: fuchi, vete para allá, insensato. Ni hueles, ni apestas, ni nada. No te decides. Estás como muerto.

Activémonos en las cosas de Dios con espíritu de servicio. Hay mucho qué hacer en la viña. Da más felicidad el dar que el recibir. Si estás frío, pues caliéntate! Si estás caliente, pues caliéntate más. Y si de plano eres tibio y jamás se te quitará, mejor quítate de mí vista, no sirves para nada, dirá el Señor.

En la vida hay que comprometernos siempre, no ser mediocres del montón,  sino rifárnosla  por la verdad, la justicia y la libertad.   Hay que luchar por un mundo mejor. El cambio empieza por  uno mismo.  Es triste pasar la vida como un tibio, de esos que vomita el Señor, a la espera de que todo se resuelva por obra de la divina providencia. Hay que perder miedos, hacer, proponer, motivar, apostar por lo bueno, unir, arriesgar a que tus ideas sean combatidas por  intolerantes, que ya recapacitarán. Hay que hacer camino al andar, como dice  el poeta.

¿Sigues igual de frío tras leer esto, o ya te calentaste un poco, o de plano eres tibio irredento?