Lealtad

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Por: Francisco Pérez Medina

Alguna vez escuché en una plática “debes tener cuidado en quién confías”. Es una frase demoledora, pero, muy cierta. La lealtad es uno de los valores más reconocidos y valorados, pero, también, escaso. Precisamente, por eso se atesora y se le otorga un grado superlativo que tiene su peso en oro.

Cuando existe la lealtad en la familia, los amigos, la pareja o en el equipo de futbol, trasciende más allá de lo imaginable; cuando se pierde, no hay mayor desencanto, decepción y frustración en el ser humano ni nada que lo pueda resarcir sin evitar perder la confianza. Ésta se gana en el día a día y cuesta años forjarla; sin embargo, se puede perder en un instante.

Bueno, es tanto el desencanto a la deslealtad que, muchas personas, prefieren otorgar esa confianza, cariño y apego por quienes la ofrecen sin restricciones: los canes.  La frase “entre más conozco a la gente, más quiero a mi perro” emitida por Diógenes hace más de 2,400 años sigue vigente hasta nuestros días.   

En nuestra época, ocurre demasiado, ya no hay esa fidelidad de antaño en la que, por ejemplo, los jugadores iniciaban una carrera en un equipo de futbol y en ése se retiraban. Ahora, son los intereses personales los que prevalecen; los colores del equipo no importan, interesa el negocio que pueda hacerse. Negocio es negocio. Aunque ello, irónicamente, termine con quienes le dan sentido a su existencia: los aficionados.

En la política, no puede ser la excepción, con la particularidad que, en ésta, se da de manera deliberada, dolosa y siempre priorizando el beneficio propio. Cuando fuiste favorecido, estuviste; cuando las circunstancias no lo fueron, te vas. Tal vez piensen que la población no se da cuenta o dejan pasar como si fuera algo normal y hasta necesario. Sin embargo, una vez que sucede la deslealtad, el engaño, no es un error, sino una elección.

 La lealtad es un regalo muy caro y muy fino que no se puede esperar de cualquiera. Por eso, cuando las personas son leales con sus ideales, con su familia, con sus convicciones, con su equipo de futbol, su religión, sus amigos y su partido político, puedes confiar en ellas. Atesóralas. La lealtad vale, por eso no cualquiera la puede ofrecer.

Salida

  1. El presidente tiene una enorme debilidad que no han podido mermar sus adversarios: las mujeres. La frase que emitió hace unos días cuando le preguntaron por su amigo y candidato a gobernador de Guerrero, le llevó a la exasperación respondiendo un “¡ya chole!”.  Sin temor a equivocarme, será una frase que siempre le será recordada y echada en cara pues nunca pudo comprender sus legitimas demandas.
  2. Este próximo lunes, con motivo del 8M, seguramente le emitirán la misma frase que marcará el punto de inflexión a su gobierno: ¡ya chole con su insolencia! Claro, si no las encapsulan por el “cuerpo de granaderos” que desapareció en este gobierno.
  3. El regidor ausente, que fue premiado como candidato federal y pluri al mismo tiempo por MC, fue finalmente bajado de las posiciones. Ni una, ni la otra.  Nadie en Colima podía comprender como se premiaba a quien no tuvo la decencia de presentarse a las sesiones de cabildo sin haber renunciado a la posición, como lo hizo con su partido. Ahora, será el coordinador de la campaña a gobernador de este partido. Solo así se entiende la omisión y negligencia con sus constantes faltas sin haber sido sancionado ni visto reducido su sueldo.
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