La Primera Dama

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    Sin embargo, siempre hay un “antes” y un “después” de una primera dama.

    Al paso del tiempo la vamos conociendo y se revela mucho de ella y de su carácter, no se diga de su personalidad.

    Entran desorientadas, puestas ahí a causa de los sueños de sus esposos, y comienzan a echar mano, lo mejor que pueden, de sus virtudes para desempeñar un papel demasiado público y demandante.

    Al no existir un manual para conducirse, las acciones de las esposas de los gobernadores se guían por las de quienes las precedieron y por su personalidad e intuición.

    Pronto, su función de figura pública se torna el centro de la vida, aunque así no lo quieran, porque de buenas a primeras, las personas comienzan a rodearla, a felicitarla, a pedirle.

    Se convierte en el blanco de miradas y muecas.

    Se dará cuenta que la escuchan cuando hable, le aplauden cuando haga y diga lo correcto, pero también, que la critican y la juzgan.

    Una primera dama no la tiene fácil, y de ninguna manera se acepta que carezca de liderazgo, menos ahora que ya no es como antes, que la función de las primeras damas consistía en mantener la estabilidad del hogar, en ser antes que nada esposas que cuidaban de sus hijos y marido; daban la imagen familiar, y por supuesto, también cumplían con las actividades al lado del gobernador: asistían a eventos oficiales, inauguraban obras, y se encargaban de recibir a los invitados al grito de Independencia, entre otros compromisos públicos.

    Ahora se les exige que sean parte activa del desarrollo del estado, que opinen, que sean factores de cambio desde el DIF Estatal, y que superen en todos los casos, el papel de sus antecesoras.

    Y no se diga que se les exige imponer moda, esmerarse en su cuidado personal y mostrar los mejores modales. ¡Ay de una primera dama si no las tiene todas consigo! Porque su papel se juzga por la historia, aunque así no debería de ser porque el que verdaderamente tiene el poder y la responsabilidad, es el esposo, el gobernador.

    Sin embargo, lo más noble de su acción es que pueden ganarse el corazón de la gente. Imprimir una huella como líder de las acciones del DIF.

    A nivel federal, nada menos, Eva Sámano de López Mateos, incluso por su liderazgo fue nombrada en 1964 “Madre Nacional” y “Gran protectora de la Infancia”.

    Nadie había logrado un trabajo social tan grande y efectivo. Lo que la llevó a la construcción de hospitales, centros de salud, escuelas y jardines de niños.

    Aquí mismo, se transforma la figura de la primera dama con Hilda Ceballos de Moreno, a quien la gente no ha desligado completamente de su papel de primera dama ni del DIF, y que la ha llevado, todavía hoy en día, a ser diputada federal.

    Aunque, realmente, la institución tomó mucha fuerza con Margarita Septién de Rangel, durante el periodo de Griselda Alvarez, quien como directora comenzó a reformar el papel de la asistencia social, creando en todo caso, proyectos de beneficio.

    Las esposas de Elías Zamora y Carlos de la Madrid, se apegaron a su papel tradicional, y en el caso de la última, fue demasiado discreta.

    En seguida de Hilda Ceballos, llegó Norma Galindo de Vázquez, a quien un año le bastó para distinguirse, y ganarse el cariño de la gente. También una mujer discreta, que le gustaba el segundo plano, pero que asumió con ímpetu su papel.

    A raíz de las circunstancias de la muerte del gobernador Gustavo Vázquez Montes, toma la batuta Idalia González, al asumir el gobierno Silverio Cavazos; no sé si Idalia se ganó el corazón o no de la gente, pero es más bien admirada por su visión para mejorar espacios. Tiene talento para la arquitectura; ella le decía a los constructores, a los ingenieros, donde y cómo quería las cosas. Remodeló Casa de Gobierno, su despacho en el DIF, el Parque Regional Metropolitano, y creó la Ecogranja.

    Ahora, llega Alma Delia, y ante ella se abre un mundo de posibilidades, pero la menos adecuada será la de tratar de pasar desapercibida, tomar la costumbre asignada de “una mujer de su casa”.

    Tiene ante ella el reto de asumir el liderazgo con verdadera convicción.

    Ya lo dijo su esposo, Mario Anguiano, que enfrentamos un mundo con enfermedades, con cambios climáticos, con crisis mundiales.

    En lo personal, quisiera ver a la primera dama entre los más desprotegidos, en la entrega de las despensas, en las zonas afectadas ya sea por lluvia o sismo, llevando la asistencia social a donde se demanda.

    Que se sienta en todo su papel la “primera dama”.

    De lo contrario, Alma Delia contrastaría lo hecho por las últimas esposas de los gobernadores en la vida pública del estado.

     

    *Columna publicada en el diario «El Noticiero»

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