La Mujer de los Tres Siglos Vive en Armería

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    Fue durante la “Cristiada” cuando perdió a su esposo y sin más, hubo que dejarlo allá en el cerro y dedicarse a trabajar duro en labores de casa para sostener el gasto y sacar adelante a sus hijos, siempre trabajo, así lo comenta su hija de 80 años, quien con una sonrisa en el rostro afirma que “nuestra vida fue humilde pero honrada”.

    La soledad nunca la venció, Doña Anita como de cariño se le conoce, es una mujer que supo enfrentarse a la vida y salir adelante en una época con un machismo muy remarcado y con pocas oportunidades para las mujeres.

    Platicando con ella por más de una hora, constatamos que aunque los años han pasado y sus órganos han sufrido desgastes naturales y disfunciones, su cerebro es lúcido y no padece ningún mal crónico, sólo los achaques propios de la edad, su estado de ánimo es realmente sorprendente, ya que cuenta anécdotas y hasta chistes de la vida cotidiana, indudablemente una historia de vida digna de admirar y aprender de su basta experiencia; anécdotas llenas de valores para ser recordadas y puestas en marcha por las generaciones actuales y venideras.

    En esta interesante visita, nos dio tres valiosos consejos, los cuales queremos compartir con ustedes para que, de ser posible, los apliquen en su vida; dijo que deben procurar: Tener algo que hacer, Alguien a quien amar y Algo que desear, Además de ser moderados en todo.

    Secretos valiosos que la han mantenido en su larga y apacible vida y que fueron transmitidos a su numerosa familia, razón por la cual se puede apreciar el amor, admiración y respeto que su nieta e hija con quienes vive, le demuestran cuidándola y atendiéndola en todo momento.

    Doña Anita, acepta su vejez con naturalidad, ella no considera su envejecimiento como una enfermedad, más bien, un don que Dios da. Nos dijo no temerle a la muerte porque su familia y Dios la acompañan y no la desamparan.

    Al preguntársele de las diferencias de antaño con la vida presente, nos dijo que, aunque no tuvo la dicha de ir a la escuela, reconoce que antes había más respeto hacia los adultos mayores, las mujeres y los niños, existía menos violencia y había más orden familiar y amor sincero.

    Nos recalcó en varias ocasiones de la importancia de vivir y transmitir a nuestros hijos y familias los valores como: el respeto, la paz, en armonía familiar y sin rencores.

    De seguro que doña Ana María sorteó grandes problemas, situaciones difíciles, carencias económicas, hechos positivos y días escabrosos que afrontó con actitud
    asombrosa, todo con honor, amor, fe y moral, legado que heredó a su familia y que sería como fuerte herencia a la juventud actual.

    Nos despedimos de esta amable familia que nos deja un claro amor a la vida y al viaje que todos hacemos en una misma nave la cual, dice doña Ana María debería ser de hermandad.

    Nota publicada en la gaceta «Palabras Mayores». Julio de 2007. Autorizada por quien la escribió.
    Consultar nota completa: http://www.iaap.col.gob.mx/gaceta_oct07/gaceta%20no%201.pdf

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