HUMANISMO EN POLÍTICA (MANDAR OBEDECIENDO, GRAN RETO)

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TAREA PÚBLICA

Por: Carlos Orozco Galeana.

En Chiapas, México, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), tras su levantamiento armado en 1994, presentó un modelo ético y de política denominado “mandar obedeciendo”, que implica un liderazgo particular  denominado “liderazgo mandar obedeciendo”. La autoridad “es elegida para ejercer delegadamente el poder de la comunidad; debe hacerlo en función de las exigencias, reivindicaciones y necesidades de la comunidad”. Por tanto, el líder no puede actuar como “fuente de soberanía y autoridad”, sino como delegado en favor de la comunidad.

“Mandar obedeciendo significa que quien “está arriba” no lo está en el sentido de ser el que manda, sino que es la cabeza visible que ejecuta el mandato de los demás. En otras palabras, tienen a una persona que parece que «manda», pero en realidad esa persona está obedeciendo y acatando las órdenes de las demás personas que trabajan con él/ella.”

Pues bien, la candidata ganadora de la gubernatura, Indira Vizcaíno, refirió recién que su credo será precisamente ese, el zapatista: mandar obedeciendo, una mística de servicio que se nutre del respeto entre los que comparten territorio, gobernantes y gobernados, una forma de ejercer el poder pensando en el beneficio social de  las comunidades, haciéndolo  en función de sus “exigencias, reivindicaciones y necesidades”.

Ese posicionamiento de Indira en favor del ejercicio democrático del poder no debe pasar inadvertido.  Se trata de un compromiso concreto, verídico,  que no ha de obedecer al calor de la victoria o la lógica de  los caprichos personales  sino tornarse, desde el principio, en una manera de actuación dedicada al servicio excelso del prójimo. 

Por su formación ideológica en la izquierda, Indira ha de resultar una gobernante humana, sensible, dispuesta a brindarse a los ciudadanos con toda su disposición. Tiene que dejar bien parada a la 4T que, en la segunda parte del régimen presidencial, quiere recuperar los votos perdidos en las elecciones pasadas.

Quien haya leído los evangelios, recordará cuando los discípulos le preguntan a Jesús quien era el mayor, el más importante de todos. Ocurrió en la última noche que él estuvo con ellos. La pregunta reflejaba la inclinación humana de estar por delante de todos, de ser el más querido o aceptado o el que puede mandar. Jesús les da una respuesta clara: el que se crea más importante que sea el servidor de todos.  Más bien, el que sea mayor entre ustedes, que se vuelva como el más joven,  y el que dirige, como el que sirve. Porque ¿quién es mayor? ¿El que come, o el que sirve? ¿Acaso no es el que come? Pero yo estoy entre ustedes como el que sirve. ( Lc. 22, 25-27).

Esa enseñanza de Jesús está vinculada con la cualidad de la obediencia, nutriente de la noción de servicio. Ignacio Larrañaga, comenta en su texto Sube Conmigo, pag. 84, que basta mirar la intimidad de Jesús para darnos cuenta que él no tenía una imagen inflada, no había en él adhesión a su “yo” porque no tenía yo. Y por eso se comportó con libertad, serenidad y grandeza. Porque era libre fue libertador.

Un gobernante aplicado en el servicio también deberá dejar de ser él, pertenecer a la comunidad, hacerse uno con ella, servirle con obediencia total porque el que sirve es  más grande en el Reino.  Como el pastor que no está feliz hasta no encontrar a la última oveja del rebaño, aunque ya tenga 99 y le falte la número 100.

Este apunte clarificador sobre la condición humana  vinculada al ejercicio del poder, conlleva  sabiduría. Entonces, quien se sienta el más grande, que sea el servidor de todos. No hay medias   tintas en esto, no hay lugar a la ficción ni al engaño. Mandar obedeciendo es situarse al frente de todos, pero obedeciendo a todos, renunciando al dictado de  los intereses  propios, a la dictadura del yo.

Ello equivaldría en el terreno de la realidad, en el caso de Indira, a guardar respeto absoluto a su  promesa. Implica un mensaje de fidelidad aunque esta cualidad es rara de ejercerse a plenitud porque la realidad  enseña que en la política es harto común que una cosa es lo que  se dice  y otra es la que  hace.

Dese  por hecho que el poder desfigura a los que se inclinan hacia él, y sucumben a su embrujo. Es triturador moral por excelencia. Desfigura  a los que se acercan a él con limpieza o curiosidad y los convierte, al poco tiempo, en personajes impuros. Es implacable, convierte del bien hacia el mal en un suspiro.  

El respeto se gana en los hechos. Marcos, independientemente de su rápido retiro, ganó la historia al declararse súbdito de todos, mandante de todos. No ha salido de la selva chiapaneca pero su voz resuena todos los días porque está impregnada de justicia por los pobres, a los que ama y obedece.  

Mandar obedeciendo es una gran fórmula. Adelante, Colima espera cambios y, sobre todo, una estructura de poder, de servicio, que no integre a personajes  con mala fama  del  régimen que ya fenece. .  y de anteriores.