Nueva Alianza aún no decide: ir con PAN o PRI en Colima

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    A partir de los resultados de las elecciones federales del 2 de julio de 2006, luego de haber obtenido su registro ante el Instituto Federal Electoral (IFE), el Panal se colocó como la cuarta fuerza política de México, al conseguir 4.68% de la votación total emitida, con un millón 883 mil 494 sufragios.

    La agenda electoral de 2009 incluye elecciones para gobernador en Campeche, Colima, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí y Sonora, donde también se renovarán congresos locales y alcaldías; todos ellos el 5 de julio, y en concurrencia con los comicios legislativos federales.

    El Panal tiene un senador, nueve diputados federales, 49 estatales y 17 alcaldías en el país, y ahora sus dirigentes negocian ir con el PAN por la gubernatura de Nuevo León; decidieron ir con el PRI en Sonora y Campeche, y aunque contenderá sólo en Querétaro, está por aceptar requiebros panistas en San Luis Potosí. En Colima aún no decide con quién participará.

    El líder del Panal en Nuevo León, José Isabel Meza Elizondo, dijo que “como piso de negociación” para una coalición con el PAN, su partido “cobrará” las posiciones ganadas en 2006, es decir, al menos dos diputaciones locales, una alcaldía, 23 regidurías y una sindicatura.

    “La coalición con Panal aún no está garantizada. Será el Consejo Estatal el que determine si acepta las exigencias”, comentó el líder estatal del PAN, Juan Carlos Ruiz, quien rechazó que se trate de un “caro amor”.
    En San Luis Potosí, el Panal no ha descartado ir del brazo con el PAN para buscar la gubernatura, a pesar de que no cumplió “a satisfacción” en 2006 de otorgarle los cargos en función a los votos aportados, según su presidente estatal, José Luis Briones.

    En esa ocasión, el Panal obtuvo sólo cuatro regidurías, pero su dirigente consideró que su partido se ha fortalecido y en esas condiciones ven posibilidades de repetir la asociación, aunque iguales posibilidades tiene de asociarse con el PRI.

    Solos y por todo en Querétaro

    El líder estatal neoaliancista, Alejandro Cayetano, dijo que están trabajando para ir solos y cubrir todas las candidaturas en juego, pero admite que “la puerta está abierta”.

    “No hay ningún problema de que vayamos solos, sin alianza; para eso nos estamos preparando”, coincidió el único diputado local panalista en Querétaro, Óscar Arturo Rodríguez. En 2006, este instituto político recibió 21 mil 403 votos, 3.31% del voto total en el Estado.

    El PRI y el PAN en Colima han manifestado sus intenciones de concretar una coalición con Nueva Alianza, pero según su presidente estatal, Esteban Meneses Torres, “aún no decidimos cómo será nuestra participación en la contienda por la gubernatura”.

    Al mejor postor

    “Te gusta ir con unos y con otros”, decía la canción de la banda Timbiriche allá por los 80; se refería, desde luego, a la veleidad de una chica adolescente. ¿Será voluntad antojadiza lo que hace al Partido Nueva Alianza establecer sus pactos electorales así, con tirios o troyanos? Más bien parece esa vieja actitud que consiste en aprovechar al máximo las circunstancias para obtener el mayor beneficio posible, sin tener en cuenta principios ni convicciones. Eso que en buen castellano se conoce llanamente como oportunismo.

    En Colima con el PRI, en Nuevo León con el PAN. Nada de proyecto propio y definido, sólo venta al mejor postor para obtener el máximo posible de posiciones. Y los partidos grandes dispuestos a conceder a cambio del apoyo de una organización capaz de movilizar el voto cautivo de una red corporativa que ha privatizado, a pesar del acuerdo pretendidamente liberador, la carrera de los maestros y controla sus ascensos y privilegios a cambio de su aquiescencia política.

    En los regímenes parlamentarios se habla de la existencia de partidos bisagra, aquellos que se aprovechan de los enfrentamientos entre las fuerzas políticas mayores y de la imposibilidad de éstas para formar mayorías. Entonces, grupos de principios laxos, pero con electorados significativos, se prestan al pacto que mayores beneficios les acarree. Sin embargo, esto se da una vez que han pasado las elecciones y se sabe cuál es la fuerza real con que cuenta cada quien. Y por cierto, suele implicar acuerdos programáticos concretos y con coherencia nacional. En el caso del Panal no hay nada de esto.

    Tampoco se trata de un partido pivote, que sobre la base de su propio programa y sus principios apoye las iniciativas coincidentes, sin importar si viene de un lado o de otro. Este tipo de partidos son más comunes en los regímenes presidenciales donde no se requiere de coaliciones estables para formar Gobierno, pero son necesarias las alianzas en el Congreso para sacar adelante proyectos legislativos. Un partido pivote negocia su programa de manera casuística, sin renunciar a su proyecto diferenciador. Tampoco parece el caso.
    Más bien estamos en medio de una subasta donde se ponen al mejor postor los recursos políticos de una red clientelista.

    No es nueva esta estrategia de supervivencia política en México, pero el caso del Panal tiene el agravante de la manipulación de un electorado cautivo, al que se le pueden exigir los votos personales y de sus familiares a cambio del avance en sus carreras profesionales. El Panal es la consecuencia política de la deformación en los incentivos del sistema educativo, pues lo que importa es hacer méritos de lealtad sindical y política, en lugar de que sean los alicientes académicos y de desempeño profesional. (26 de enero, 2009)

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