Ballet Folklórico, Heraldo de la Cultura Mexicana

0

Por: Amador Contreras Torres

El pasado 25 de julio, en ocasión del 30 aniversario de la primera presentación del Ballet Folklórico de la Universidad de Colima,  el Consejo Universitario y el rector José Eduardo Hernández Nava entregaron en sesión solemne la Medalla “Lázaro Cárdenas del Río”, a este conjunto artístico universitario, que dirige el maestro Rafael Zamarripa, por sus sólidas aportaciones a la cultura mexicana.

Un reconocimiento bien merecido que expresa la gratitud de la casa de estudios, de la comunidad universitaria y del pueblo de Colima a este Ballet  que es un embajador del país en el mundo, un heraldo de la cultura mexicana que mucho honra a Colima y a la visión que se tuvo hace tres décadas para fundar este grupo artístico que ha recorrido el mundo entero,  llevando las mejores manifestaciones estéticas, artísticas y culturales de esta región  y de México.

Zamarripa, como una evocación de los hombres de la antigüedad, que desarrollaban diversos talentos y oficios a un tiempo, es jalisciense, mexicano, universal; escultor, pintor, danzante, maestro, forjador de nuevos cuadros en la danza, creador y promotor cultural; su obra como escultor está en los campus universitarios y en plazas públicas; su quehacer como artista apunta a la excelencia y es una inspiración para la superación cotidiana en la búsqueda de la calidad y la mejora continua. Cuando se haga el recuento de los días y los años, se examine este tramo de la era moderna de la casa de estudios, cuando los historiadores indaguen sobre el pasado, y hagan el balance del itinerario de esta institución, verán que el Ballet Folklórico y  Zamarripa, coadyuvaron a fortalecer el prestigio, la calidad académica y la visión de futuro de esta universidad y de su pueblo.

Hace ya 30 años, siendo apenas un estudiante, fiel a mi origen popular, interesado por la cultura, el nacionalismo, el alma y el ser nacional, asistí emocionado, al Teatro de la Casa de la Cultura de Colima, a conocer de manera directa una de las primeras funciones de este grupo artístico universitario, liderado por el maestro Rafael Zamarripa, con el  apoyo  -en lo que se refiere al vestuario y escenografía- del  pintor Don Alejandro Rangel Hidalgo – entonces todavía entre nosotros-.

Una vez que lo vi y disfruté como espectador, la actuación del Ballet Folclórico de mi Alma Mater, me permití pergeñar unas notas y luego un texto que, muchos años después, resultó premonitorio del éxito y prestigio nacional e internacional de ese grupo de universitarios comandados por un artista excepcional como lo es Zamarripa.

Un texto alusivo a esa presentación fundacional de un Ballet que llegaría tan lejos como la fuerza poderosa de la creación estética y de la imaginación lo han hecho posible, hasta llegar a ser lo que es hoy : un magnífico y resplandeciente heraldo de la danza nacional, con destellos luminosos que reverberan con vigor y profesionalismo en todos los confines de la tierra, en todos los países, en todos los foros y las plazas públicas, dónde se presenta llevando el mensaje de aliento, la palabra, los sones, el folklore regional y nacional; los olores, la gastronomía, los colores y el alma de esta tierra nuestra, de este pequeño jirón de la patria, desde dónde el Ballet y su artífice, han conquistado a  todo el orbe.

A continuación, me permito ofrecer a nuestros lectores, el texto de referencia que escribí hace ya 30 años, los mismos que tiene este Ballet de los universitarios, este grupo emanado del pueblo de Colima y de México:

Tercera llamada, tercera… comenzamos…Usted está a punto de presenciar un espectáculo, bello, artístico, estético y con un nivel de calidad a la altura de los mejores en el ámbito nacional y, por qué no decirlo, en el plano internacional: El Ballet Folklórico de la Universidad de Colima.

Al observar este grupo de danza, aparte de pasar un rato agradable, placentero, se recorrerá, se viajará al pasado remoto de Colima, desde la era prehispánica con el cuadro “Perro de Fuego”, la época Colonial, la Reforma, la revolución mexicana… hasta llegar a nuestros tiempos, la edad contemporánea. Con ello, el Ballet se apronta al rescate de una tradición cultural e histórica muy importante,  para la región y para México.

Esta tradición nos permite ver la economía, la etnografía, el folklor de Colima: las relaciones de producción y su vinculación con el medio geográfico; los cultivos de café al norte de Comala, y las Salinas de Cuyutlán, cuyo producto es buscado como el mejor para la mesa,  en esta y otras latitudes.

En este espectáculo todo es magno: música, coreografía, escenografía, vestuarios, ropajes que nos transportan visualmente a diferentes períodos del hermoso y profundo pasado de nuestro país.

El Ballet tiene una característica toral, innegable: calidad, tanto en sus aspectos estrictamente técnicos –el zapateado, los ritmos, pausas, su realización- como en lo que toca a los  recursos escenográficos que con  grandes murales abarcan todo el fondo del foro, representando ora las salinas de Cuyutlán ora un ritual prehispánico o bien una plaza pública; los murales, por ejemplo, están diseñados para dar la impresión de que se está viviendo cerca de los pozos de donde se extrae la sal: el sentido de la perspectiva y de la  dimensión está absolutamente definido y magnificado en la escenografía de Alejandro Rangel Hidalgo,  un hombre que desde Nogueras, Comala,  maravilló al mundo con sus hermosas tarjetas sobre niños que tanto reconocimiento le valió por la Unicef.

También  hay calidad en  lo que se podría llamar “Mensaje”, lo que proyecta y hace captar en el ánimo de los espectadores, como en la carga erótica que tiene la representación que de la etapa Prehispánica, se hace en el momento en que la pareja se dispone a amar o en el hecho de observar la belleza altiva, segura y estética de la mujer colimota.

Existe también, el lenguaje corporal, gestual de sus bailadores; que por esa trasmisión semiótica, de  representaciones, a través del cuerpo y actitudes faciales, son al mismo tiempo actores, por cuanto actúan y viven  su personaje. Y entregan al público estampas de las diversas regiones, etnias y danzas de  Colima y de diversas entidades de la República.

Los integrantes alternan su participación en el Ballet con su asistencia a las aulas, son pues universitarios de tiempo completo, que con Rafael Zamarripa, su director, rescatan y hacen que nos recreemos con estampas regionales; hombres recios de las salinas de Cuyutlán, o bien el Baile de la Iguana de Tecomán, que requiere de gran esfuerzo físico-atlético por parte del ejecutante.

Pero… vale la pena preguntar:   ¿qué hay detrás de todo esto?

Dureza en la enseñanza, rigor profesional; ensayos diarios, y disciplina; la búsqueda permanente de la excelencia: esa es la clave de su éxito.

Este conjunto, durante el pasado Festival Internacional Cervantino, alternó con  otros grupos artísticos reconocidos: como el Ballet “Anajnu Veatem” de Israel;  los “Chalchareros” de Argentina; un grupo de España. Así como el Ballet de Danza L”Esquisse de Francia y estuvo a la altura de lo mejor del planeta.

Acaba de retornar de una triunfal gira por Puerto Rico y ha sido invitado a presentarse en Europa, luego de que regresen de Centroamérica.

Todo lo anterior amerita reflexionar: Sí es cierto: toda cultura tiene su respectiva carga política. En el caso que nos ocupa, esta  política no puede ser otra que un profundo nacionalismo, que rescata lo mejor de las expresiones culturales de la región y de la patria.

Sin duda alguna que, el desarrollo de este Ballet Folklórico y su éxito está inserto en el marco de esa política cultural nacionalista y revolucionaria vinculada con los mejores afanes, anhelos y aspiraciones del pueblo, como la que lleva a cabo, de forma cotidiana, la máxima casa de estudios, la Universidad de Colima.

Comentarios

Comentarios