Sólo Gritando se Puede Criticar la Realidad Desde la Novela: Guedea

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    “Soy claramente un escritor de vocación realista, y en ese sentido, aunque no me gusta usar el término, autobiográfico y biográfico. Tengo mucha cercanía con la idea del escritor comprometido con su realidad, no panfletario, que siente la necesidad de participar en el debate público y político”, dice en entrevista.

    Además de escritor, Guedea es abogado penalista, autor de columnas políticas en diarios de Colima y académico en una universidad de Nueva Zelanda, aunque pasa unos días en México para presentar 41 (Mondadori).

    Es autor de poemarios, como Mientras olvido, de libros de ensayo como Oficio: leer y de una primera novela, Conducir un tráiler, que ganó un premio en la Semana Negra de Gijón, España. Después planea publicar la novela El crimen de los Tepames, con la que completará una trilogía.

    Contra las pirotecnias verbales

    –¿Hay una nueva relación entre la literatura y la política, nuevos temas o maneras de abordarlos?

    –Siento que sí. Nuevas realidades exigen nuevas formas de expresión, decía Caballero Bonald. Mi propuesta estética, de fondo, que no se alcanza a notar, es volver a la realidad. Después del boom, del crack y de todo, hay que volver al compromiso con tu realidad. Una realidad en crisis exige una postura crítica también, es decir, abordarla de forma crítica. Y como en una novela eso no se puede hacer de otra forma más que gritándolo, poniéndolo sobre la mesa, es lo que hago.

    Para Guedea hoy predomina el deterioro del sistema político, que parece pender de un hilo. “El país requiere, por lo menos en las nuevas generaciones, un cambio de conciencia hacia un nivel de civilidad. Ello nos permitiría resolver realmente diversas problemáticas, de las cuales muchas veces sabemos que están ahí pero no hemos encontrado la forma de enfrentarlas ni de planear el futuro del país.”

    Aclara que esa vocación realista se complementa con un compromiso con el lenguaje, los personajes y la ficción. “No quiero hacer una novela experimental ni pirotecnias verbales ni apantallar al lector con malabares. Lo que me interesa es contar una historia y dialogar con el lector”.
    La infancia de El Chacal

    Hubo dos casos fundamentales que Guedea retomó de la realidad para crear su nueva novela: el de Succar Kuri, sobre pederastia y redes de pornografía infantil, y el del asesino serial El Chacal (quien en 41 es el personaje de El Japonés), quien mató a varios homosexuales en Colima entre 2000 y 2001.

    Fue un “escándalo terrible” cuando en mayo de 2001 mató al hermano de quien a partir de 2004 sería el gobernador de Colima: Gustavo Alberto Vázquez Montes, quien a su vez falleció en un avionazo un año después, en 2005.

    Guedea indagó sobre el caso con amigos suyos del Ministerio Público, conversó con el asesino y se enteró que de niño fue abusado sexualmente. Se informó sobre el mundo de las drogas, las adicciones y las maneras en que los pederastas se acercan a los niños, como en los centros de juegos electrónicos infantiles.

    “El Chacal me platicó su vida, sobre su infancia, su hermana, su madre, que fue golpeado y abusado sexualmente. Y a partir de eso comencé a construir el personaje. Me interesaba mucho saber cómo se fue construyendo esa mente criminal.”

    Logró charlar con una persona que estuvo en manos de El Chacal, pero por algún motivo no fue asesinada. “Las escenas más fuertes de la novela están disminuidas en comparación con el drama real que vivió ese muchacho”.

    Ambos casos estaban “siguiendo” al escritor para que los imbricara en una trama novelesca, que sería aderezada con los lenguajes utilizados en las averiguaciones previas y por sectores populares, y con humor negro y sarcasmo.

    “Hay homenajes a figuras de la cultura popular, como Rubén Olivares, Juan Gabriel o Rigo Tovar, con aquello de ‘perdóname mi amor por ser tan guapo’.”

    Guedea comenta sobre otros dos personajes, de igual modo retomados de la realidad: los judiciales Sabino y Román, que también aparecen en Conducir un tráiler. Antes eran personajes secundarios, dice, aunque con implicaciones importantes.

    “Y en 41 quería que la relación de Sabino y Román tomara fuerza. Hay un amor filial, de colegas, de amistad e inocencia, pese a todo el cochinero en el que andan.”

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