REZAGO EDUCATIVO, EL ENEMIGO

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TAREA PÚBLICA

Por: Carlos Orozco Galeana.

En memoria de Don Ramon de la Peña, exdirector del Tec de Monterrey y del INEA, talentoso innovador en tecnologías educativas, como las plazas comunitarias.

Recientemente se celebró el aniversario 100 de la creación de la SEP, lo que dio pauta para recordar la gesta educativa de José Vasconcelos, el intelectual mexicano que quiso cambiar al país mediante la promoción y difusión de lecturas a millones de mexicanos. Fue frenética su actividad que, incluso, le deparó burlas de sus adversarios pues decían que los marginados al no saber leer no podrían comprender lo que decían “los clásicos”. Desde luego, muchos le desearon un fracaso en esa tarea revolucionaria. Vasconcelos terminó, finalmente, decepcionado porque su gesta no resultó y porque fue vencido en elecciones presidenciales.

La lucha por la educación mexicana ha sido larga y comprendido numerosas reformas en todas las épocas, aunque persisten rezagos que nos tachan como país por no haber sido capaces de educar a millones de compatriotas. Hay 50 millones sin educación básica, nomás. Cierto, gran porcentaje de ellos no ha querido sobreponerse a su rezago por situaciones traumáticas, pero hasta en eso los gobiernos deben incidir para que el país supere anacronismos y se enfile al progreso como otros lo han hecho.

Han pasado por el INEA, institución alfabetizadora, varios directores, todos con la buena intención de dejar huella, pero los presupuestos dedicados a la educación de adultos no han sido espectaculares o los perfiles equívocos de algunos de ellos, como el de Dolores del Rio, sonorense, impidieron avances más notorios. Y cuando se anuncia que las tasas de rezago van a la baja, es porque ha aumentado la población. Los sin educación, sigue ahí, incrementándose en número.

«Es necesario cambiar”, reconoció su nueva directora, Teresa Guadalupe Reyes Sahagún; “no podemos esperar sentados a que los sectores desatendidos o atrasados nos digan que los apoyemos, porque es deber del Estado invertir, atender y ofrecer alternativas”.

Durante varios años, el Inea ha luchado contra grandes obstáculos con autoridades estatales apáticas y sin visión que han adjudicado siempre al nivel central la obligación de educar a los rezagados como si estos fueran fantasmas y no estuvieran en su territorio.  Con mayor o menor fortuna, algunos gobernadores han tenido la sensibilidad de apoyar la causa educativa, aunque posteriormente, al llegar las alternancias políticas, incluso a nivel municipal, todo se viene abajo y no hay continuidad en los esfuerzos.

Y créame usted que por establecer convenios para abatir el rezago no se ha parado, se han suscrito como 595, 349, (solo por decir que son muchísimos), que plantean colaboraciones institucionales con entes privados e instituciones educativas, solo que, reitero, no ha habido consistencia y sí notable escepticismo.

Y para colmo, llegó la pandemia, una gran pesadilla. Ha causado la interrupción más catastrófica de la educación en la historia mundial. Solo un dato: el número de personas de 16 a 21 años que dejaron de asistir a la escuela en 2020 ascendió a casi medio millón, lo que contribuyó para el que porcentaje de la población con rezago educativo llegara al 19 por ciento según Coneval.

En esto de la educación no se vale bromear, hacer como que algo se hace y no se hace, como que se conviene y no se conviene. El descalabro educativo es tremendo hoy. Nos hemos retrasado más; si estábamos mal, ahora estamos peor. Y como nos interesa nuestro terruño en lo particular, esperamos que con el nuevo gobierno se activen las inversiones educativas, tal cual se ha ofrecido en campaña electoral.

El lector ha de recordar que la gobernadora electa Indira Vizcaíno ofreció, en efecto, mejorar la educación mediante la construcción de un modelo que comprendería   la incorporación de educación financiera en el nivel primario, mejoría de infraestructura y aumento de espacios; el establecimiento, como principio, de pilares, de “una escuela para todos”, una educación para la justicia,   convertir los espacios educativos en lugares inclusivos para todos aquellos que quieran aprender y “encontrar respuestas a sus preguntas, preocupaciones y necesidades”. Una educación para la reconstitución de la memoria y la identidad, el fortalecimiento de nuestra “ historia, la geografía, la filosofía y el conocimiento de nuestra sociedad para aprender de “nuestra experiencia como colectividades, reconociendo nuestras necesidades y formulando propuestas de presente y futuro”.

Y como  “medidas urgentes, la 4T propuso a) la erradicación del analfabetismo, b) generalizar la gratuidad en todos los niveles educativos, c) otorgar becas de transporte y manutención a alumnos en comunidades de alta y muy alta marginación, d) establecimiento de comedores y albergues escolares, e) dar útiles, uniformes y materiales a los alumnos de educación básica, f) crear un programa de estímulos laborales a mayores de 15 años sin educación básica, g) construir infraestructura educativa en comunidades marginadas de acuerdo con sus necesidades, h) fortalecer la secundaria y el bachillerato, i) dar acceso a educación superior a quienes aspiren y estén en capacidad de hacerlo, j) crear un programa de prevención y erradicación de riesgos y de violencia en las escuelas, y k) establecer internados para quienes enfrenten violencia o desintegración familiar.

O sea, todo un reto en educación es el que existe en Colima. Ambiciosos son sin duda esos propósitos sexenales. Ya tiene que decirse: manos a la obra! Manos a la obra porque los problemas nos afectan mucho. Hay que atacarlos con dedicación y sentido de responsabilidad, con educación de calidad. ¡No hay tiempo que perder!