En memoria de Juan Manuel Covarrubias Leyva

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    Muy respetable concurrencia.

    Al agradecer al Sr. Presidente Municipal el uso de la voz, en su persona, con la venía de los amigos de la familia Covarrubias Leyva, expresamos nuestra gratitud a la benevolencia del honorable Cabildo por la iniciativa de organizar esta ceremonia.

    De igual manera, con nuestra solidaridad y afecto, testimónianos a las familias Covarrubias Leyva y Covarrubias Méndez su amable aquiescencia, para honrar, con este merecido homenaje, la vida y obra, de nuestro común amigo Juan Manuel Covarrubias Leyva.

    Familiares y amigos todos.

    Aceptar, perder la vida, en plena edad productiva, no es fácil. Interrogantes sobre este particular, muchas veces, dificultan las respuestas, aun cuando, la misma cotidianeidad nos enseña que nuestro paso por esta tierra, es de ciclos, y que debemos acostumbrarnos a que la vida terrenal es tan solo un regalo pasajero, en el que solo tenemos una oportunidad para trascender a través nuestras obras.

    En esta tesitura, para el de la voz, por la mayúscula estimación y solidario afecto, que en vida, que me unieron con Juan Manuel, además de doloroso, es profundamente difícil ordenar mis ideas para expresar con sensatez mis sentimientos y con ello, honrar la vida y obra de nuestro apreciado y siempre bien recordado amigo Juan Manuel Covarrubias Leyva.

    Por la cercanía con su familia, hace muchos años, conocí a Juan Manuel siendo un niño, inquieto, juguetón, respetuoso, pero siempre reservado en el trato, particularidad que lo identificó toda su vida. En su juventud, formó parte, de la selecciones de volibol y basquetbol que representaron dignamente a nuestro pueblo en competencias estatales y nacionales.

    Su vida y su obra, fueron producto de la cultura del esfuerzo. En efecto, al concluir su educación secundaria tuvo que salir del pueblo para estudiar en la Escuela Normal de Ciudad Guzmán. Al culminar su carrera profesional, fue comisionado, para cumplir con su labor docente, en el Municipio de Tomatlán, Jalisco. De regreso a su amada tierra, y en respuesta a su permanente deseo de superación, concluyó la carrera de derecho en la Universidad de Colima.

    En vida, Juan Manuel Covarrubias Leyva, además de incondicional, sincero y leal con sus amigos, fue maestro por vocación, abogado por formación, deportista de por vida y servidor público por convicción. No fumaba, no tomaba, no se desvelaba y fue muy exigente en sus hábitos alimenticios. Por ello, no me explico, porque, se nos adelanta en el camino, para rendir tributo a la tierra en la que nació y a la que sirvió con pasión.

    En este orden de ideas, convencido estoy, que la vida es un torbellino tan impredecible como inimaginable que en ocasiones nos lleva por senderos excepcionales y, cierto estoy, que lo único que no cambia, es el pasado, en donde no existe el hubiera. Por ello, hasta cierto punto, me siento culpable, de las angustias que en su vida pública tuvo que enfrentar Juan Manuel y su familia.

    Sí amigos míos.

    Con la certeza de no separarme un ápice de la encomienda recibida, consiéntaseme hablar en primera persona.

    Cuando el pueblo me otorgó su confianza para coordinar sus esfuerzos, por su perfil prudente, reservado, discreto y conciliador, le pedí a Juan Manuel me ayudará en la Dirección de Seguridad Pública y palabras más, palabras menos, recuerdo que me dijo “Jefe, yo soy maestro y a mí, la política no se me da”. (En su trato cotidiano, así me decía: “Jefe”).  Luego entonces, tuve que recurrir a los buenos oficios del Profesor Rubén Tinoco y su compañero de estudios, y amigo de toda la vida, mi compadre Rubén Vélez para convencerlo y cierto estoy, como a todos consta, que fue un buen Director de Seguridad Pública.

    Así, con la luz y la experiencia de los maestros Rubén Tinoco Acantar y Druso Alfonso Escalante Petra, más, la voluntariosa y juiciosa contribución de los entonces jóvenes Rubén Vélez, Rosita Pérez, Carlos Cruz, Delia Gómez, J. Jesús Pérez, Luis Manuel Jaramillo y Ricardo Gil Trujillo, con la intención de trabajar por Armería, integramos un gran equipo, repito un gran equipo de trabajo, en donde la edad promedio fue de 26 años. Y a todos nos quedó bien claro, que este equipo concluyó su gestión el 31 de diciembre de 1991.

    Acuciosos de sus tiempos y circunstancias, por su perseverancia y trabajo, con luz propia, la mayoría de estos jóvenes, han ocupado el más honroso de los cargos a que puede aspirar un ciudadano armeritense y el de la voz, respetuoso de esos tiempos y circunstancias, siempre, sin perder la amistad, con discreción, por Armería, me he mantenido a prudente distancia.

    En este contexto, Juan Manuel, como el resto de los jóvenes en comento, cumplieron con su deber. En efecto, con humildad se ganó el respeto de los guardianes del orden y la confianza de la sociedad en general, lo que le permitió repetir en el cargo en administraciones posteriores.

    En el Instituto Político de sus más cercanas amistades, mi Partido, encabezó el Comité Municipal en donde amplio su círculo de amigos hasta llegar a la Presidencia Municipal, en donde también, con creces, le cumplió a su pueblo. En todas las colonias y comunidades, aunque pequeñas, hay obras que perpetúan su memoria.

    Por tan solo citar un ejemplo, reparó el drenaje de la zona centro, que no había recibido mantenimiento desde su construcción durante la administración de Rosa María Espíritu Macías. En el jardín principal, construyó rampas para sus amigos los minusválidos, con lo que se inicia una nueva cultura de respeto para nuestros hermanos con capacidades diferentes. Como buen deportista, rehabilitó la Unidad Deportiva, colocó techos y pisos en el Auditorio Profesor Rubén Tinoco Alcántar y edificó, para orgullo de Armería, la Casa de la Cultura.

    En su aspiración de proyectar turísticamente a nuestros balnearios, en Cuyutlán, gestionó con el entonces Gobernador Silverio Cavazos la pavimentación de la calle principal, la construcción de los kioscos y la remodelación de su malecón, que hoy, proyectan una nueva fisonomía urbana del centro turístico de mayor tradición en el occidente de la República.

    En la pasada campaña política, me consta, que le solicitó al entonces candidato a Gobernador Mario Anguiano Moreno que incluyera en el programa de las cien obras, los portales del balneario el paraíso y la rehabilitación de la carretera nacional en el tramo de las avenidas Netzahualcóyotl y Cuauhtémoc. Así cómo, la restauración de los camellones centrales de la Avenida Manuel Álvarez de esta ciudad. Para su satisfacción, con prudencia, desde el interior de su domicilio, en su intimidad, se regocijó, de la inauguración de estas importantes obras.

    En este marco de remembranzas, quienes tuvimos la fortuna de compartir afectos, amistades y experiencias, conocimos de cercas las agrandes angustias que Juan Manuel tenía, primordialmente, cuando los recursos municipales no alcanzaban para dar puntual respuestas a la justos reclamos de la sociedad. Tensiones y preocupaciones que en más de una ocasión quebrantaron su salud.

    En este orden de ideas, sintetizo, Juan Manuel Covarrubias Leyva, incomprendido para pocos y ponderado por muchos, fue un ser humano excepcional, honesto en el servicio público, talentoso en su vida cotidiana, trabajador en sus responsabilidades, en suma, fue un hombre de gran valía.

    En Armería, con virtudes y defectos, todos nos conocemos, nadie puede engañar a nadie. Por consiguiente, al pueblo le consta, que Juan Manuel nunca se enriqueció al amparo del servicio público. Consecuentemente, su vida y su obra, en estos momentos de dolor, deben servirnos de fortaleza y ejemplo. Su legado, es muy superior a quienes, lo denostaron.

    Sí amigos míos, en estos momentos de dolor, debemos hacer un alto en el camino para reflexionar en la importancia de la unidad, cómo única estrategia viable, para trabajar por la grandeza de Armería. En más de una ocasión, lo he dicho, y hoy, nuevamente lo reitero, en Armería, con diferentes nombres y diversos apellidos, somos una gran familia. Cuando no hay lazos de sangre; o bien somos padrinos, o somos ahijados o somos compadres, en fin, todos somos una gran familia. Por ello, insisto, es tiempo de eliminar enconos, es tiempo de bajar blasones, del color que sean, y solo mantener enhiesta el único pendón que nos une, la bandera de Armería.

    Por ello, en reconocimiento a su incansable trabajo, a la tenacidad de su esfuerzo, a la luminosidad de su inteligencia, a la perseverancia de sus aspiraciones y al valor moral de sus acciones; aquí y ahora, al compartir con su familia este merecido homenaje, asumimos el público compromiso de continuar su acreditado ejemplo.

    Antes de concluir, expresamos nuestra gratitud a las muestras de solidaridad de nuestros coterráneos que militan en otros partidos diferentes al de Juan Manuel, que con mucho respeto, nos acompañan en nuestro dolor.

    Por todo lo anterior, en la vertiente de esta significación, con la honrosa representación del Honorable Ayuntamiento Constitucional de Armería, de los compañeros ex Presidentes Municipales y amigos de Juan Manuel, con respeto a su esposa Martha, a sus hijos, a su tía, (a quien siempre respetó como su segunda madre); a sus hermanos y hermanas, a sus cuñadas y cuñados, sobrinos y demás familiares, aquí y ahora, les refrendamos nuestra mayor solidaridad y puntual amistad.

    Familiares de Juan Manuel Covarrubias Leyva, siéntanse profundamente orgullosos de la vida y obra de su esposo, padre y hermano. Orgullo, que también nosotros compartimos.

    Descanse en paz nuestro compañero y amigo Juan Manuel Covarrubias Leyva.

    Hasta pronto amigo mío.

    Armería, Col. Septiembre 18 de 2010.

     

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