El gabinete de Indira Vizcaíno, ahora sí

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PARACAÍDAS

Por: Rogelio Guedea.

La aún gobernadora electa Indira Vizcaíno dio a conocer, en días pasados, el tan esperado nombre de los elegidos para conformar su gabinete. Los rostros causaron, por supuesto, todo tipo de filias y fobias, pero no hay cosa más cierta que lo que se ve: que para elegir a su gabinete, la próxima gobernadora se decantó, entre las posibilidades que tenía entre manos, por un tipo de elección en la que privó, desafortunadamente, el nepotismo y el paternalismo, lo que no indica ningún avance significativo en la nueva impronta política con la que el nuevo régimen quiere imponerse en el imaginario colectivo, pues esta forma de nombrar un gabinete es más de lo que ya hemos visto en otros regímenes y no es parte de una verdadera transformación, como se nos ha venido insistiendo. Por lo demás, quizá habría sido una atenuante el hecho de que entre esos familiares y cercanos que conformarán el gabinete (sobre todo en los puestos de mayor relevancia) se hubiera tomado en cuenta no sólo un perfil idóneo sino, además, una trayectoria probada en el mismo, pero por lo visto esto tampoco fue para la gobernadora electa un imperativo, pues también vemos que habrá muchos miembros de su gabinete en cargos para los cuales no cuentan con el mínimo perfil para desempeñarlo. El caso más paradigmático es el de la diputada federal Rosi Bayardo, quien, siendo una psicóloga de profesión, ocupará la Secretaría de Desarrollo Económico, hoy por hoy uno de los ámbitos en los que nuestra entidad necesitará un impulso sin precedentes para poder sobreponerse a la crisis económica por la que atraviesa nuestro estado. O como en el caso de su prima María del Rosario Silva Verduzco, profesora de secundaria que ocupará la Secretaría de Inclusión y Bienestar Social. O el de la exdiputada Blanca Livier Rodríguez, psicóloga que ahora estará a cargo de la Subsecretaría de Movilidad, pudiendo haber elegido para esta cartera de una gran lista de expertos colimenses en esta materia. El nombramiento de Javier Pinto, por ejemplo, en la Subsecretaría del Trabajo causa también la misma extrañeza, siendo que habría sido mejor haberlo ubicado en la de Educación. Quizá están, pues, los que deben estar, su gente cercana y de mayor confianza, sus familiares y los familiares de sus familiares, pero no están donde deben de estar, y esto es un riesgo gravísimo ya que las grandes batallas (sacar a Colima de las varias crisis profundas por las que atraviesa en materia de seguridad, finanzas, salud, desarrollo económico, educación, tejido social) no se ganan con desarmados soldados (esto es con servidores públicos sin experiencia ni conocimiento en el ámbito de sus funciones). Si bien la gobernadora electa se cuidó muy bien de no incluir en la primera línea de fuerza de su gestión a personajes cuestionados, socialmente controversiales y controvertidos y políticamente polémicos (lo fue el caso de la propia Gisela Méndez en su paso por la Secretaría de Movilidad o el de Vladimir Parra en la pasada legislatura), lo cierto es que por cuidar este detalle (de suyo, sin duda, importante), descuidó el compromiso de presentar un gabinete de los mejores en todos los rubros de la gobernanza, para así poder asegurarnos que la cuarta transformación está más allá de ser un mero slogan. Puede ser temerario afirmar que este gabinete no cumplirá con las expectativas de la ciudadanía (en virtud de que ni siquiera ha empezado), pero el sentido común y la lógica más elemental nos dice que si yo no tengo experiencia en pilotear aviones ni tampoco he estudiado para ello, lo más seguro es que ni siquiera vaya a ser capaz de lograr levantar el armatoste del suelo. Esperemos que este no sea el caso. De cualquier modo, el único consuelo que nos quedaría es que la gobernadora electa tiene la facultad de cambiar a los miembros de su gabinete cuantas veces sea necesario, todo ello con el único objetivo de que la cuarta transformación que ha prometido para Colima cristalice por fin en el próximo sexenio.    

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