Por José Díaz Madrigal
Asistiendo de invitado como representante de Hogar San Juan Pablo II, al segundo informe de gobierno de la presidenta Sheimbaum, mismo que se desarrolló en las instalaciones de la Unidad Deportiva Morelos de esta ciudad de Colima; el día 5 de los corrientes. Tuve la oportunidad de observar el evento de primera mano.
Aunque empezó más tarde de lo programado. De los tres módulos techados que se montaron en el campo de futbol, sólo el del centro se llenó, los otros dos laterales tenían lugares vacíos.
Para el módulo central, que era donde estaba el escenario público en que se iba a acomodar a la presidenta y sus acompañantes, sólo dejaban entrar a invitados especiales y a miembros de sindicatos. Todos los demás nos tuvimos que ir a las secciones de los costados.
Una vez que llegó la jefa del ejecutivo nacional y su comitiva, la primera que tomó el micrófono para dirigir un mensaje de bienvenida, fue la gobernadora del estado. Lo hizo tal como es el estilo de ella: fresca, sonriente, alivianada y al mismo tiempo agradeciendo a la presidenta las nueve veces que ha venido a Colima en lo que va de su mandato.
Durante su intervención fue interrumpida por gritos de los salineros. Éstos inconformes por el motivo de que no están de acuerdo con la instalación del nuevo puerto en la Laguna de Cuyutlán, que es su fuente de trabajo. Indira, cautelosa; con destreza, amabilidad y sin perder la sonrisa, logró calmar los ánimos de los disidentes y puso punto final a su participación.
El mítin se calentó cuando le tocó el turno a la presidenta, pero ella tuvo la culpa de la calentada. Agarró el micrófono, con cara de pocos amigos, así con la mirada de perdonavidas. A los salineros con esa actitud, parece que los cucaron, que les dieron cuerda. Éstos que eran numerosos, volvieron a la carga con más ganas en protestar. La presidenta después de estar en el podium sin hablar, contemplando la multitud, muy seria, dijo a los borloteros que se callaran, que bajaran las pancartas y las grandes mantas que traían diversas leyendas como: “Salvemos la Laguna de Cuyutlán” u otras que decían “No queremos Puerto en la Laguna”.
Además de los salineros, también estaba situada más o menos a la mitad del módulo central, una solitaria y conocida activista social de origen villalvarense, que con altavoz en mano hacia mucho ruido expresando distintas demandas. Se pudo observar que trataban de callarla, sin embargo se plantó bien parada, sin dejarse quitar el aparato y no le daba tregua a la Sheimbaum con sus gritos.
El disgusto en la cara de la presidenta se le veía de lejos. Sin poder lograr controlar a los manifestantes, cosa que con tacto si pudo hacerlo Indira. Éstos de inmediato le tomaron la medida a la jefa nacional, tal parecía que entre más disgustada la notaban, más arreciaban los abucheos.
Esa situación la sacó de sus casillas, parecía una de las hermanas caradura que la hizo hablar improperios; casi como cantando la del encabronado, de Los Originales. Arrancó con una serie de insultos, tales como: irrespetuosos, infiltrados prianistas y a partir de ese momento en adelante, se le soltó la lengua despotricando contra la oposición.
Pa’acabarla de amolar, tuvo la descortesía y pésima ocurrencia de hablar mal del único presidente de la República oriundo de Colima, de Miguel de la Madrid. Que éste haya hecho un papel bueno o malo en su administración, depende del punto de vista con que se le juzgue. A pesar de eso era hijo de estas tierras colimotas y vino a denostarlo en su casa de origen. De plano regando el tepache.
En su disgusto que le nubló la mente, le faltó grandeza de corazón, le faltó la generosidad propia de los buenos políticos. Nomás para quedar bien con los de Colima, pudo haber sacado a flote las cosas buenas que hizo aquel presidente colimote; que claro que si las tuvo, como el asunto de la inseguridad, que la mantuvo a raya, nunca se le salió de control. Ahora, ahora es el mayor problema de todos los mexicanos.
Parafraseando a un clásico: “como quiera que me la pongan” en ese evento de La Morelos, fue por mucho, más pieza la mandataria local. Tuvimos mejor gobernadora que presidenta.






