Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
Los liderazgos no se inventan ni se decretan; se construyen a partir de aptitudes y de la habilidad para responder con pertinencia ante los desafíos. Eso diferencia a un líder de quienes mantienen un comportamiento gregario, acostumbrados a esperar las indicaciones de alguien más.
Por eso una imposición anula la esencia misma del liderazgo. Si alguien verdaderamente fuera líder, no necesitaría que lo impusieran. La imposición ocurre porque se pretende otorgar desde arriba una condición que, por sentido común, tendría que conquistarse desde abajo.
Pongo un ejemplo que me tocó vivir. De niño pertenecí a un equipo de futbol. El papá de uno de mis compañeros era nuestro benefactor: pagaba uniformes, entrenador y cancha. Como financiaba al equipo, decidió colocar a su hijo como capitán y delantero, aunque carecía del talento para jugar ahí y para liderarnos. ¿El resultado? Nunca ganamos un partido, mientras quienes sí tenían capacidad fueron relegados. Con el tiempo se fueron a otros equipos, donde sí dieron resultados.
Ahí entendí algo que también ocurre en política: el nombramiento puede imponerse; el liderazgo, no. El liderazgo surge desde abajo y se confirma con acciones, resultados y trayectoria, hasta llevar a una persona a la cima.
Con los impuestos ocurre lo contrario: llegan primero a la posición y después pretenden construir las cualidades que supuestamente justificaron que estuvieran ahí. Por eso pierden por partida doble: carecen de liderazgo propio y enfrentan un problema permanente de legitimidad frente a quienes saben que su posición no fue conquistada, sino concedida.
Esto aplica en cualquier ámbito, pero resulta particularmente evidente en política. Existen políticos que construyen su propia carrera a partir de su inteligencia, trabajo y capacidad de liderazgo; y otros que son producto de una coyuntura o de grupos de poder, cuya existencia política depende de que esos grupos sigan sosteniéndolos.
Los primeros pueden sobrevivir políticamente a quienes los impulsaron, porque construyeron una identidad propia. Los segundos necesitan permanentemente del poder que los creó. Por eso considero positivo que, hasta ahora, en los partidos de oposición al régimen no se advierta una imposición semejante rumbo a 2027.
Mely Romero Celis, en el PRI, y Riult Rivera Gutiérrez, en el PAN, son los perfiles con mayores posibilidades de convertirse en candidatos precisamente porque cuentan con trayectorias propias, construidas durante años mediante trabajo político, elecciones, aciertos y derrotas.
Podrá discutirse quién tiene mejores números o mayores posibilidades electorales; eso tendrá que determinarse llegado el momento mediante encuestas serias. Pero ninguno de los dos apareció de la noche a la mañana porque alguien desde arriba decidió convertirlo en líder. Y sólo por esa condición ya tienen una enorme ventaja frente a quien fue impuesto y llegó hasta donde está gracias a amiguismos y obsecuencias.
Porque en política, como en aquel equipo de futbol, se puede imponer al capitán. Lo que no se puede imponer es el talento para ganar.
Dos puntos
Como lo adelantamos aquí, la presidenta minimizó los malos resultados educativos de niñas, niños y adolescentes en la prueba PISA, la cual acreditó retrocesos en matemáticas, comprensión lectora y ciencias. Lo peor es que no se cambiará nada, sino que se persistirá en un sistema educativo que privilegia contenidos ideológicos mientras relega herramientas fundamentales como las matemáticas y el pensamiento crítico. Ahí está lo más perverso del régimen: se descalifica el aspiracionismo mientras se debilitan precisamente las herramientas educativas que permiten a niñas, niños y jóvenes aspirar a una vida mejor.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.






