Como ella, en esta institución hay 30 ancianos mayores de 60 años y según el administrador, Adrián Ortiz García, se gastan 55mil pesos en toda la manutención de este sitio al mes.
A Doña Elena la visita su nuera en promedio una vez a la semana, desde que llegó, solo duerme una hora al día, en las noches prefiere charlar o rezar.
“Prácticamente te mueres de hambre, sirven algo que parece alimento para cerdos” declaró. “Surten la despensa con tantas cosas, a nosotros nos dan 2 tortillas frías por persona con jugo de frijoles. Para cenar tomamos agua y un cuarto pedazo de bolillo, la fruta, la carne y las cosas con sabor, son para la cocinera, las que limpian y el administrador”.
Doña Elena fue traída aquí porque su hijo enfermó de diabetes y no quería ser una carga para él y su familia, en la entrevista comentó que había muchas anomalías en ese sitio, robos, maltrato y faltas de respeto de los empleados a los ancianos que habitan el asilo.
“Ya nos hemos quejado con el administrador, pero con media hora que se encierre en la oficina con la muchachas, se le olvidan las quejas” contó en forma de queja y con recelo.
“El otro día le pedimos a la cocinera que nos diera la comida caliente, y a mi compañera de cuarto le contesto “-¿Algo más patrona?- dejando de lado que somos personas que merecemos respeto y un trato digno”, relató.
La señora Elena también comentó que cuando ella llegó su hijo le había dado $400 pesos, los cuales, desaparecieron de sus cosas a las horas de que había llegado; También nos contó que una pareja recién llegada traía $1000 pesos, y que les fueron robados. Ellos se la pasan llorando constantemente y nunca se separan.
La señora Elena Gutiérrez es una persona paciente y casi no le gusta quejarse, ella cuenta que no puede evitar sentirse impotente al trato que se les da en el asilo porque le hubiera gustado pasar sus últimos días felices.
“El otro día trajeron unas cajas con ropa, era mucha, pero tuvo que pasar primero por el administrador y las muchachas, ellas se llevaron la mayoría, y a nosotros nos tocó solo lo que ellos no quisieron”, lamenta.
Elena Gutiérrez, reza todos los días para volver a su pueblo en Jalisco, saludar a su gente y pasar los días cerca del sitio donde la respeten y no se sienta como una carga. “No, pero ya a estas alturas, ni siquiera me puedo subir al camión, y para salir de aquí no tengo nada, apenas rezando con mucha, mucha fe”.
Como doña Elena, 30 ancianos más, están inconformes del trato, la alimentación y la vida que se les da en el asilo de ancianos de Manzanillo I.A.P. Ellos temen que sus quejas no sean escuchadas, y que mueran sintiéndose enojados con la vida.
“Y porque lo ven ya mayor a uno, que no se defiende y que con trabajos puede moverse, la vida es muy corta y no sabe uno como le puede ir al día de mañana” concluyó.
* Estudiante de periodismo de la Universidad Vizcaya de las Américas





