Por: Gustavo L. Solórzano.
El difícil arte de ser amable:
Algunas personas piensan que quienes no son como ellas, no sirven. Entonces suelen ser inquisitivas, hostigadoras y en consecuencia intolerantes y groseras. Si a eso le agregamos un poco o mucho de poder económico o laboral, pues estamos casi perdidos ante ellas. Sin duda, “los dichos de los viejitos son evangelios chiquitos”, decía don Pretérito, interpretado por Luis Valenzuela, director de teatro. “Si quieres conocer a Andrés, vive con el un mes”, “si quieres conocer a Juana, vive con ella una semana”, solían decir nuestras madres y abuelas.
En contraparte con el discurso que muchos aspirantes a un cargo popular manejan, está la sombra del triunfo. Es decir, muchos de ellos cuando llegan, pierden literalmente el piso y dando traspiés, van sacudiéndose el polvo de sus aspavientos. Es necesario tener presente que en “la forma de pedir está el dar”, y que a veces la ciudadanía espera mucho de sus autoridades. Cierto, sin embargo, humanos como todos, muchos elegidos se vuelven ciegos y sordos sociales. Dicho de otra manera, no ven ni escuchan las necesidades de sus representados o patrones. De manera natural y es entendible, cuando alguien llega a ocupar un puestecito, lo hace ignorando, desconocedor de leyes y procesos, lo peor es que muchos de ellos, además de ignorantes, no se dejan ayudar y quieren a toda costa imponer su testaruda y errada actitud.
Naturalmente esto no es valido ni tolerable, porque si no sabe, es necesario que se asesore por alguien que si sepa y no por alguien que le lleve por pasos perdidos. Lamentablemente el ego, nacido de la inseguridad suele hacer de las suyas y por unos pierden todos. Incluyendo claro a los “funcionarios”, como pomposamente les llaman, de primer nivel. Los tiempos modernos requieren de servidores públicos, no funcionarios y si funcionales, modernos, flexibles y sobre todos abiertos al aprendizaje que les permita ser mejores consigo mismos y por ende, con la sociedad a la cual se deben.
En un gobierno moderno no debe existir cabida para revanchismos ni actitudes intolerantes, que den al trasto con la calidad y calidez en el servicio. Si un servidor publico te da su número de teléfono está obligado a responder una llamada de un ciudadano, y si no puede en ese momento, regresarla posteriormente. El servidor público está obligado a darnos la mejor atención en su oficina o en donde ande, desempeñan su cargo las veinticuatro horas y así se les paga. Amable, sonriente, de manera expedita y sin arrugar la cara, así lo requiere su responsabilidad.
Es inadmisible que la presidenta municipal de tal o cual lugar, deje con la palabra en la boca a sus conciudadanos. Peor aún, sin resolver sus planteamientos, ¿Me explico? Para eso fueron elegidos, para SERVIR y no para servirse, menos para ignorar lo que por mandato les corresponde. Nada es para siempre, la vida nos ofrece muchas oportunidades todos los días, úsenlas para bien señoras y señores servidores, sean amables y cumplan. Luego hablaré de los que verdemente se comprometen y no cumplen.
ABUELITAS:
Aunado a la basura acumulada, muchas calles de la ciudad se encuentran olvidadas por la mano de obra municipal. Naturalmente que los ciudadanos somos corresponsables en la limpieza y mantenimiento de nuestro hermoso Colima. Sin embargo, no sucede así, la gente viaja en sus vehículos y de pronto cual si fuera un proyectil, sale de su interior un bote o un papel de envoltura, etc. Las cámaras son de lujo y de nada sirven, dicen, entonces caemos en el descuido, en el abandono y hemos perdido años ha, el título de la ciudad limpia que pregonamos. Ojalá que los colimenses nos unamos y recuperemos por salud, más que por imagen, la cara del Colima de ayer. Es cuánto.

