TAREA PÚBLICA

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IAF: EL EDUCADOR, EL PERIODISTA, EL POLÍTICO

Por: Carlos Orozco Galeana

Tuve la grata experiencia,  allá por 1973, de encontrarme en la plantilla de la Escuela de Derecho de la Universidad de Colima con el maestro Ismael Aguayo Figueroa, quien impartía materias diversas y lo hacía con un alto nivel profesional.

Después, conviví  con él como compañero de página editorial de Diario de Colima donde escribió por muchos años su columna En Tres Minutos y cubrió dos veces a la semana, si mal no recuerdo, el espacio del editor. Su pensamiento fue coherente,  su pluma fue precisa. Como en sus actividades docentes, en el periodismo el maestro Ismael fue un colaborador puntual de aquel Diario.

Luego, fue mi colega en la Asociación Colimense de Periodistas y Escritores, de la que fue presidente. Manifestó respeto hacia los asociados y ejerció una presidencia muy productiva al alentar  publicaciones y actividades que proyectaron a la institución.

Grande fue su contribución al análisis político y a la historia regional y concretamente al partido en el que militó toda su vida. Como político cumplió su deber y jamás se  supo que hubiese cometido abusos valiéndose del poder.

En aquel tiempo, se hablaba  que el maestro Ismael también podía ser gobernador del estado, pero si no lo fue porque  le faltaron “amarres” a nivel central, donde todo se decidía… como hoy.  Poseía una inteligencia innata que lo convirtió en un político formal y en un docente respetable como ya lo escribí,  además de una agudeza para ver donde otros no podían hacerlo por carecer de conocimientos y sensibilidad. Sencillo, de buen trato y con un pensamiento siempre en acción, dejó honda huella en quienes lo tratamos. Jamás faltó a sus clases, las cuales a todas luces preparaba para llegar con sus alumnos  con una buena carga de  discernimientos.

En un ambiente educativo, político e intelectual de Colima,  donde  había  personajes de dudosa sapiencia, él brillaba con luz propia. Habiendo nacido para ser maestro y escritor, fue una persona propositiva, constante en el ejercicio docente y periodístico, reitero, por lo cual se ganó el reconocimiento de muchos colimenses que vieron en él a una persona de bien, que amaba su terruño y que por ello daba lo mejor de sí en la tribuna legislativa, en el periodismo, en la educación, tanto en el nivel básico como en el superior.

Colima pierde con el maestro Ismael a un hombre de bien, esforzado como pocos, a un historiador que registró en su anecdotario la vida y la obra de muchos que contribuyeron  a forjar el Colima de hoy. Formó equipo con   colimenses dedicados que se le adelantaron en el viaje eterno, como  Juan Oceguera Velázquez, Genaro Hernández Corona, Ricardo Guzmán Nava, Roberto Cárdenas Merín, Roberto Pizano Saucedo y otros más, con los cuales compartió sueños y realizaciones.

Quienes lo conocimos y lo tratamos, pues,  sabemos muy bien que su generosidad ilimitada como maestro influyó en muchos de nosotros para que, siguiendo su ejemplo, fuésemos gente de bien, comprometida, útil. Gracias, maestro, por todo lo que nos dio a tantos alumnos suyos.

Ojalá el Gobierno del Estado o las autoridades municipales honren su trayectoria y resalten su gran contribución, tema en el que no ha de ser óbice su filiación ideológica. Hombre juicioso como ha demostrado ser, le toca al alcalde de nuestra capital, Héctor Insúa interesarse en este asunto y reconocer a este personaje destacado en la historia de Colima, ejemplo para las nuevas generaciones.

Como colimenses aptos para fraguar una vida buena, tenemos que recuperar la esencia de los que, como el Maestros Ismael, fue una persona entregada al servicio público con entrega y honradez. Descanse en paz, Maestro Ismael.