Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
El gobierno de López Obrador en su momento, y ahora el de Sheinbaum, defienden un modelo educativo que excluye la evaluación como proceso de mejora del aprendizaje y se centra, principalmente, en la entrega de dinero en efectivo mediante becas. De ahí que quedáramos en penúltimo lugar en la evaluación de Pisa dentro de 39 países evaluados.
Por eso el régimen desapareció al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) en 2019 y, de acuerdo con un reporte publicado hoy por El Universal, México dejó de participar a escala nacional en siete pruebas que medían aprendizajes en primaria, formación ciudadana en secundaria y condiciones de enseñanza de los maestros: entre ellas ICCS, TALIS y ERCE a nivel internacional, y EXCALE, ENLACE, PLANEA y las evaluaciones diagnósticas de Mejoredu a nivel nacional.
Dejar de evaluar significa, en los hechos, dejar de mejorar. De ahí los malos resultados en la prueba PISA 2025, sobre todo si se contrastan con los de 2015 y 2018, cuando aún existía el INEE y la reforma educativa de Enrique Peña Nieto estaba vigente, con la evaluación docente como requisito para dar clase frente al aula.
Entre 2015 y 2018, el desempeño de México en PISA fue el mejor de la década: en Matemáticas pasó de 408 a 409 puntos; en Comprensión Lectora osciló entre 420 y 423; y en Ciencias subió de 416 a 419, su nivel más alto en toda la serie histórica. Ese equilibrio se rompió en 2022, cuando las tres materias cayeron de forma simultánea, y se profundizó en 2025: Matemáticas llegó a 388 puntos, su nivel más bajo en 20 años; Comprensión Lectora descendió a 408; y sólo Ciencias repuntó ligeramente, a 414, sin recuperar el nivel de 2018.
Lo ideal sería que el gobierno de Sheinbaum, con esta información, rectificara y revisara qué falla en los procesos de enseñanza. Pero si algo ha demostrado este gobierno y la propia presidenta es que rechazan la crítica; no les gusta que les señalen sus errores. Y si no se identifican los errores, es imposible corregirlos.
Por eso el régimen no ve a la educación como motor de transformación social del individuo, sino como instrumento de gobierno para el adoctrinamiento y el control clientelar. De ahí que no tenga escrúpulos en gastar 178 mil millones de pesos en becas, mientras en las aulas del país niñas, niños y adolescentes no adquieren las habilidades básicas que les permitirán ser competitivos en el futuro.
Lo verdaderamente importante debería ser el acceso gratuito —sin necesidad de becas— a una educación de calidad, como buscaba la reforma de 2013, que ponía al centro de la mejora educativa al docente. Pero el régimen ya dio la prueba más contundente de que no le interesa la calidad educativa: desapareció al INEE y dejó de medir lo que los estudiantes realmente aprenden.
Un régimen que no evalúa no busca mejorar la educación; busca controlarla con un enfoque partidista y propagandístico. Y los números son la evidencia: de acuerdo con datos de PISA 2025, sólo 3 de cada mil estudiantes mexicanos son capaces de distinguir un hecho de una consigna. Precisamente, el tipo de ciudadano que busca fomentar el régimen.
Dos puntos
El discurso de primero los pobres que tanto enarboló AMLO se cae con los hechos: al disminuir la calidad de la educación y niveles de aprendizaje se le quita a las niñas, niños y jóvenes la oportunidad de superarse socialmente. Eso sí, las hijas e hijos de los políticos de Morena estudian en colegios con jornadas completas, buenos materiales y docentes libres del control sindical. ¿Dónde quedó el llamado humanismo mexicano cuando se priva de una educación de calidad a quienes son el presente y futuro de México, en especial a quienes son los más pobres y vulnerables?
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.






