El / o los propósitos expuestos son indudablemente positivos, pero lo lamentable es que también por cuarta ocasión sus organizadores se mantengan, pese a informes oportunos que se les hicieron llegar a los que la promovieron originalmente, necios en repetir un error histórico y una ruta equívoca, contrariando, ya no creo que “de buena fe”, la verdad del acontecimiento que pretenden conmemorar.
En primer término está la diferencia de las fechas, porque el recorrido de la comitiva juarista desde Colima hacia Manzanillo no fue en noviembre, sino en abril de 1858, y en segundo, el hecho incontrovertido de que el presidente Juárez, los miembros de su gabinete y su reducida escolta tampoco emprendieron la marcha por donde ahora van a volver a ir alrededor de 500 entusiastas y presuntamente patrióticos jinetes, quienes se pasarán por Lo de Villa y Coquimatlán, hasta Pueblo Juárez, donde dormirán y dejarán descansar sus cabalgaduras; para seguir, temprano el día 28, por una terracería que pasa al pie del cerro de la Media Luna, cruzando terrenos de Armería, por La Fundición y La Atravezada, hasta llegar, nuevamente a pernoctar, en Venustiano Carranza o Coalata. De donde saldrán el domingo, temprano también, para Manzanillo, siguiendo la ruta de la carretera libre.
Pero lo que me extraña no es que sean los charros y los aficionados a las cabalgatas quienes cometan multiplicadamente ese error, sino los ya dichos organizadores y algunos de los dirigentes del Centro Cultural Colimense (los de la logia masónica, pues), quienes se dicen ser fervientes y apasionados juaristas.
Diversos testimonios históricos, totalmente fidedignos prueban que la ruta seguida por Juárez fue, desde Colima por el Camino Real con dirección a Cuyutlán, y luego después desde allí a Manzanillo, siguiendo un camino arenoso que había, y yo todavía conocí, entre los médanos de la playa y los manglares de la laguna del mismo nombre.
Para documentar lo anterior existen varios documentos, algunos de primera mano, de los que me permitiré citar uno solo por su carácter testimonial e irrefutable, al deberse, nada más y nada menos, que al entonces muy joven e inteligente oaxqueño, Matías Romero, quien iba precisamente en la comitiva republicana, fungiendo como redactor del ministerio encabezado por don Melchor Ocampo, y como valet ocasional incluso de don Benito en persona, y que anotó en su diario lo siguiente:
“Día 7 (de abril de 1858, estando en Colima).- A las 7 (de la tarde) comimos y cuando acabamos me llamó Juárez a su recámara… Me encargó que le compusiera yo su equipaje y así lo hice mientras él se fue a una visita. Fui a pagar a la casa de Oetling un pico que quedé debiendo ayer… Y a las 10 ½ me acosté.
Día 8.- A las 3 nos despertó Ocampo, me levanté, tomé chocolate y me dispuse para salir. A las 5 lo verificamos. Nos vinieron a dejar a cosa de dos leguas el Gobernador, Degollado, Iniestra y varias personas. A las 10 llegamos a Tecolapa, en donde almorzamos y descansamos mientras pasaba la fuerza del sol…. A las 3 (de la tarde) seguimos nuestra marcha… Anduvimos sin cesar hasta las 8 (de la noche) que llegamos muy estropeados a Cuyutlán… Cenamos pescado fresco y nos acostamos en un corredor. Me dormí al son de la vihuela que tocaba Rayo.
Día 9.- A las 4 nos levantamos, con trabajo nos desayunamos y a las 5 salimos para el Manzanillo. En todo el camino oímos más o menos de cerca el ruido de las olas; pero como a las 8 me aproximé a ver el mar y me quedé extasiado contemplando aquel sublime espectáculo… A las 10 ½ llegamos al Manzanillo y paramos en la aduana”.
Y no digo más porque lo citado basta y sobra para demostrar que nuestros históricos personajes jamás pasaron ni por Coquimatlán, ni por Pueblo Juárez, ni por La Fundición, ni por Coalata. A ver que dicen ahora, para justificarse, los organizadores de la Cuarta Cabalgata Estatal “Ruta de Juárez”.
