El pasado 15 de diciembre, en ocasión de su informe rectoral, Ramón Arturo Cedillo Nakay reflexionaba en que la casa de estudios está comprometida con la transparencia y la rendición de cuentas; ponderó el ambicioso programa de becas y el hecho de que la institución logró la aprobación de 105 proyectos científicos, con financiamiento externo, por un total de 29 millones de pesos.
Asimismo bordó sobre el proceso de internacionalización de la casa de estudios, los 12 programas de doble grado que se tienen con universidades de 8 países y la intensidad movilidad académica.
En su mensaje, el gobernador Mario Anguiano expresó que la transparencia, honestidad, estabilidad y unidad en el trabajo en equipo, son producto de una conducción atinada y un liderazgo fortalecido.
La institución se enfila ya a su aniversario número 73, coincidiendo con un nuevo relevo rectoral, con la asunción de Eduardo Hernández Nava, el próximo primero de febrero, en cumplimiento del mandato emanado del Consejo Universitario y de la Ley Orgánica.
La Universidad de Colima es una institución que ha crecido con el estado y con el desarrollo del país, y que está atenta a los imperativos que plantea la globalización, la revolución del conocimiento y los nuevos escenarios y desafíos que se presentan para la educación superior, como son el financiamiento, la cobertura, la internalización, la homologación, la calidad, la movilidad y el intercambio académico.
LOS RETOS DE LA GLOBALIDAD Y LAS NUEVAS DEMANDAS DE LA SOCIEDAD
Pasado, historia, tradición, lealtad al origen popular, pero también visión de futuro, con mucha atención a los retos de globalidad y las nuevas demandas que se expresan en el seno de la sociedad.
Como por ejemplo, la necesidad de tener un medio ambiente más saludable, reforestar el entorno, e impulsar acciones locales que incidan a nivel global. Cada año, en el Rancho “El Peregrino”, la casa de estudios produce miles de plantas para reforestar el estado de Colima.
Asimismo explora nuevas vías de financiamiento, a efecto de fortalecer los programas de becas; que la trasmisión del conocimiento se oriente a la excelencia, que la indagación en la ciencia tienda al conocimiento de frontera, del genoma humano, la robótica, la biotecnología, todo lo que está surgiendo en los contextos mundiales, pero sin descuidar las necesidades que demanda el entorno local, ya en las ciencias biomédicas ya en las biológicas y agropecuarias; atendiendo las necesidades concretas de la industria o de los campesinos.
La Universidad no es una ínsula disociada de su entorno. Lo que es importante para el pueblo es importante para la Universidad. Se hace política, que es la que tiene como razón de ser, el servicio a la sociedad.
En el claustro universitario, hay siempre el llamado para actualizar la educación, los instrumentos y los fines de la misma, como parte de la incesante renovación de los contenidos pedagógicos, la urgencia de responder a las demandas del entorno social y los desafíos inaplazables del cambio y de la modernización.
MOMENTO CRUCIAL
EL 16 de Septiembre de 1940 se da cima a un proyecto de educación al servicio del pueblo, con el ideario del Presidente de la República Lázaro Cárdenas del Río de que la educación, la ciencia, la técnica y la cultura deberían estar al servicio del pueblo, todo ello en el contexto de su programa de la educación socialista desde el nivel básico y la creación de esa institución toral para México, que fue la creación del Instituto Politécnico Nacional.
Es en ese marco, que surge la posibilidad de replicar ese esquema de educación en las entidades federativas y se funda la Universidad Popular de Colima, con la excelente visión del entonces gobernador Pedro Torres Ortiz y el proyecto técnico a cargo de Rubén Vizcarra.
Con la representación presidencial, el oficial mayor de la SEP, Arnulfo Pérez, pronunció estas elocuentes palabras: “El gobierno les entrega esta universidad que se ha erigido con el sudor del pueblo, para que la ciencia que van a recibir la pongan después al servicio del propio pueblo. Tal es el espíritu de la educación socialista y tal es la enseñanza de la revolución. En nombre del general Lázaro Cárdenas, declaro solemnemente inaugurada la Universidad Popular de Colima, hoy 16 de septiembre de 1940”. Por su parte, el gobernador Pedro Torres Ortiz reveló la histórica placa, en el edificio que fue la sede primigenia, en la casona de 20 de Noviembre y Revolución, al sur de la ciudad, en donde hoy funciona el Archivo Histórico y la Hemeroteca de la U de C.
Existían fuertes intereses creados. Apenas hacía unos cuantos años que se había acabado el estruendo de los combates de la revolución mexicana y todavía persistían en el alma colectiva, resonancias del pensamiento conservador del antiguo régimen, del porfiriato. Una de esas ideas, prevalecientes en la sociedad conservadora de la época, era de que no había mucha necesidad de que las clases populares se educaran, se capacitaran.
Había que luchar contra todo eso. Vencer inercias, ir contra el status quo, que aconsejaba el inmovilismo. La educación fue un formidable instrumento de cambio social. Por eso es más luminosa la visión del cardenismo para crear esta casa de estudios.
No fue la primera vez que hubo que luchar contra la corriente en este magno proyecto de muchas generaciones de colimenses. En 1976, el entonces rector Alberto Herrera Carrillo hubo de vencer muchas resistencias locales, en diversos gremios de profesionales, en un entorno político muy conservador, para hacer posible la creación de la Facultad de Medicina. En esa tarea, lo apoyaron en forma operativa, sus colaboradores más cercanos del licenciado Herrera: Humberto Silva Ochoa, Juan José Farías Flores, Arnoldo Ochoa González, Arturo Figueroa Cárdenas, Fernando Moreno Peña, Arturo Aguilera Cossío, Jesús Zepeda Álvarez, entre otros.
Lo acertado de este proyecto, es que hoy en día, esta facultad tiene un gran prestigio en el contexto de la educación superior del país y sus postgrados son considerados, de calidad en los parámetros de la SEP y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.
LOS PRIMEROS AÑOS
Los primeros años fueron de crecientes dificultades financieras. No fue fácil consolidar este proyecto. Los primero planteles fueron una escuela secundaria, la Normal, Química y Farmacia; Enfermería y Obstetricia, educadoras para jardines de niños, apicultura, sericultura y economía doméstica. Este fue el modesto punto de partida, pero el proyecto estaba fraguando hasta llegar a ser lo que es hoy.
La primera escuela de educación superior que se funda es la de Derecho, en 1958. En la primera generación egresan apenas 12 abogados. Pero, la semilla de la educación superior con calidad, ya estaba sembrada. En 1962, el entonces gobernador Francisco Velasco Curiel otorga la autonomía universitaria, que es la base para el autogobierno, la libertad de cátedra, la autogestión universitaria, pero con transparencia y rendición de cuentas. Cada rector ha enfrentado sus propias encrucijadas y le ha abonado a este proyecto colectivo que pertenece al pueblo de Colima.
Considero que La modernización de la casa de estudios, nace en tiempos del presidente Luis Echeverría Álvarez, siendo gobernador don Pablo Silva García, tras el éxito del movimiento por la paridad en el seno del Consejo Universitario y la inusitada fuerza y protagonismo que cobró la FEC, Federación de Estudiantes Colimenses, en el seno de la casa de estudios.
Después tuvo un importante momento con Humberto Silva Ochoa, un esfuerzo que ha sido preservado y fortalecido por los siguientes rectores: Fernando Moreno Peña, Carlos Salazar Silva, Miguel Ángel Aguayo López, Ramón Arturo Cedillo Nakay, quienes consolidaron la calidad académica y el proceso de internacionalización de la casa de estudios.
Hoy, a 73 años de su fundación, la universidad de Colima es de clase mundial, vanguardia de la educación superior nacional, cumple a plenitud sus tareas sustantivas en la docencia, en la investigación científica y en la extensión universitaria, es una institución muy compleja, con egresados de primer nivel, abierta a la dinámica del intercambio académico y de la movilidad internacional.
Para decirlo en palabras de Fernando Savater: “ Necesitamos de una educación en la democracia, pues, sí una democracia quiere sobrevivir, ser de todos y para todos, necesita de la educación”.
La casa de estudios es una propuesta permanente de transformación que mantiene intactos los principios que le dieron origen, con una esencia cardenista y revolucionaria; un proyecto que protege sus fortalezas y saberes acumulados; un proyecto con viabilidad en el tiempo que se actualiza todos los días. Este es el motor de la ingente transformación que ahora mismo vive la máxima casa de estudios, al servicio de las mejores causas de Colima y de México.
