TRECE DÍAS

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Para Elías Winter. . .
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Por José Díaz Madrigal

Fue por este mismo tiempo en el año de 1962, en que los seres humanos estuvimos a un punto de perecer calcinados por armas atómicas. Esos momentos de mucha incertidumbre, fueron llevados al cine con el título de «Trece días»; en alusión al número de días que duró este suceso.  Que oficialmente se le conoce como: La crisis de los misiles.

Sucedió entre el 15 y 28 de Octubre del año referido al inicio de la columna, dentro del período conocido como La guerra fría; que se dió entre las dos potencias militares de esa época: Estados Unidos y La Unión Soviética.

La guerra fría, duró desde finales de la segunda guerra mundial en 1945, hasta la caída del bloque socialista de La Unión Soviética en 1989. Durante esos 44 años, aquellos 13 días de 1962, fueron los momentos más cercanos que se estuvo de una devastación nuclear.

El trance de máxima alerta de las fuerzas armadas norteamericanas, inicia desde que un avión espía de la marina de los Estados Unidos; descubrió la instalación de bases para lanzar misiles atómicos en territorio cubano, el día 15 de Octubre, hasta el día 28 de ese mismo mes.

Cuba gobernada por el mayor tirano de su historia, Fidel Castro, se iba a convertir en un país con bombas atómicas en la misma cara de Norteamérica.

Los días más álgidos en esta crisis, empiezan cuando el presidente Kennedy de los Estados Unidos, ordenó un bloqueo marítimo completo de Cuba. El gran mérito de Kennedy es haber resistido la presión de sus belicosos generales, que le aconsejaban un ataque a gran escala de la isla. Aún así, se hicieron todos los preparativos para la invasión. Mientras tanto La Unión Soviética hacía lo mismo, previniendo para el combate a la totalidad de su ejército.

El apogeo de la crisis fue el día 27 de Octubre, cuando los soviéticos derribaron un avión norteamericano, falleciendo el piloto. Con aquel episodio, muchos pensaron que era el primer disparo de la última guerra. Kennedy hace esfuerzos extraordinarios, para contener a su estado mayor, que exijian reparar la ofensa, atacando masivamente.

La guerra parecía inminente, pero ninguna de las dos partes estaba dispuesta a tomar la responsabilidad de destrucción del mundo. La potencia en bombas atómicas de los dos países, era suficiente para destruir varias veces el tamaño de la tierra.

Por otro lado, el despreciable multihomicida Fidel Castro; se comunicó con Kruschev para que ordenara un ataque atómico contra todo los Estados Unidos y, llevar ventaja atacando primero. Por fortuna Kruschev ignoró por completo, la estúpida sugerencia de Castro.

El día 28, sin tomar en cuenta a Fidel para nada y, después de un ambiente de nerviosismo entre rusos y americanos; las dos potencias lograron un acuerdo. Los países del mundo libre, dieron la bienvenida a la decisión del Premier soviético; de retirar las 45 bombas atómicas que ya tenían en Cuba y, retornar a Rusia más de 50 bombas que venían en camino a la isla.

Aquellos 13 días en que verdaderamente se enfrentaba al peligro de una guerra nuclear, con catastróficas consecuencias para el mundo. En la URSS, era el mandamás; el chaparro, gordito, vacilador, imprevisible, gruñón y temible Nikita S. Kruschev. Este dirigente, por debajo del agua, sentía una gran fascinación por los Estados Unidos; prueba de ello, es que a pesar de que todavía no se estilaba por esos tiempos los frecuentes viajes a otros países; él visitó varias veces a este país.

En tanto en los Estados Unidos, era presidente uno de los más populares líderes que ha tenido esa nación; John F. Kennedy, tenía todo para ser admirado por su pueblo; ha sido el presidente más joven que han tenido en toda su historia, también ha sido el único presidente católico en llegar a la Casa Blanca. De carismática personalidad a simple vista, complexión delgada, bien parecido, que donde quiera que se presentaba, era ovacionado; de fácil palabra y sonrisa fresca, de tal modo que era asediado por bellas mujeres y él, discretamente se dejaba querer; llegando a ser casi, como decimos en México: maldito para el amor.

Sin embargo, su juventud y sin duda el entorno de adulación en que vivía; no lo hicieron perder piso. Y, ha pasado a la historia como un hombre equilibrado y prudente, que no se dejó llevar por la cúpula militar que le reprochaba el orgullo nacional herido, cuando les tumbaron el avión en Cuba.

A la memoria de dos genuinos mandatarios, Kruschev y Kennedy; que actuaron con auténtica sensatez, hace 58 años y; salvaron a la humanidad de su extinción. . . Van dirgidas estas líneas.

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