TAREA PÚBLICA

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LOS MEDIOS

Por: Carlos Orozco Galeana

Nada mejor al comenzar el año que poner la mirada en el mundo de los medios y comentar su tan influyente presencia. Los impresos, los radiofónicos, los televisivos y los electrónicos ocupan una parte vital en el contexto de las relaciones sociales, y gracias a ellos hay una sociedad más crítica e informada y una expansión de las actividades humanas.

La pregunta es de si esas entidades de servicio público están a la altura de las exigencias sociales o   están impedidas de cumplir con las expectativas que se esperan respecto a lo que sus obligaciones principales les marcan: informar con veracidad, oportunidad y responsabilidad para que los ciudadanos tengan una referencia cabal de lo que ocurre.

Esos instrumentos tienen una gran responsabilidad en la transformación social; si tienen voluntad y cooperan, los cambios se producen a mayor velocidad, pero si  renuncian a sus deberes y ceden su protagonismo a determinados intereses, las cosas no avanzarán y prevalecerá el status quo. Y lo más grave: todo continuará igual, las mismas lacras, las mismas corrupciones, la complicidad de y entre los poderes, la sordera y el desorden de las burocracias, la pobreza, la violencia, la desunión, etc.

Los medios han de tener vocación de servicio, mirar hacia donde están los problemas y analizarlos con ánimo de  cooperar en su resolución, ser parte de lo que pasa  y adquirir compromisos. No hacerle al avestruz. Porque algunos  se contentan con referir fríamente situaciones de gravedad sin que respecto a ellas  tomen iniciativas transformadoras. Y los que llegan a negociar  contratos con los gobiernos, solo difunden parte de lo que acontece  o si les parece mejor, porque así conviene, ocultan lo que puede molestar a los del poder. En Colima, por ejemplo, respecto a la sucesión gubernamental, se ve claramente una línea discriminatoria  contra candidatos “indeseables” que no forman parte de los más fuertes grupos de interés.

Hace poco tiempo,  estuvo en la Universidad de Colima el investigador Salvador de León Vázquez, de su similar de Aguascalientes, quien les dijo a estudiantes que el periodismo es un proceso social complejo  que forma parte de la sociedad y que junto a ella se transforma. Habló que el poder y los  gobiernos son entidades caciquiles que se adueñan de los espacios locales mientras que las voces opositoras son  desplazadas de los contenidos periodísticos; además,  se limita el desarrollo de competencias profesionales y los comunicadores tienen que batallar en una lógica de bajo perfil y de aceptación de condiciones desfavorables para el ejercicio de la ética y la neutralidad en su trabajo.

En ambientes muy cerrados, ciertamente, hay la constante de que el poder acalla  voces críticas, aunque se da el caso que  los propios dueños, si no tienen penetración social o prestigio que cuidar, son los que se ponen a sí mismos la mordaza de la censura porque no quieren molestar a sus patrocinadores.

Por otra parte,  en los medios electrónicos se disfruta el oxígeno del respeto y la solidaridad hacia el pensamiento libre y pienso que la sociedad saca muchas cosas buenas de ahí. Cada quien abre o se tapa la boca según decida y calla o dice  lo que quiere decir. Las redes son una atmósfera de compromiso social. A  veces, a muchos se les va la lengua, pero en esencia fluyen opiniones valiosas y es por ello que  en algunos países comienzan a regular las redes porque se han constituido en un instrumento muy crítico a los gobiernos, como en Rusia.    Es deseable que sus usuarios asuman comportamientos éticos y  conduzcan sus intereses por la vía del respeto, la tolerancia y la buena educación en general.

Las redes seguirán en evolución perpetua. Hay que aprovecharlas con sentido responsable en la promoción de la verdad y la justicia, ámbitos en donde tenemos un déficit grandísimo. Cada quien, desde su espacio, puede contribuir a que las cosas se muevan en la orientación correcta. Los medios tienen todo el poder para  trazar rumbos nuevos, ir al lado de las comunidades, tan necesitadas  de interpretar la realidad cual debe ser.  Es su deber  estimular la percepción ciudadana para asegurar una vida  armónica y   ajustada al derecho, con apego a los valores inherentes al buen periodismo.