TAREA PÚBLICA

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LATINOBAROMETRO

Por: Carlos Orozco Galeana

Encontré en el último informe de Latino barómetro 2013 un dato que me pareció preocupante: los mexicanos creemos cada vez menos en la democracia, pues el 54 por ciento la respaldaba al inicio del régimen calderonista y en su final solo un 40 por ciento. Es una pérdida de 14 puntos. ¿Qué ocurrió para que hubiera tal descalificación y desánimo hacia un componente vital de nuestro sistema de organización social?

Los mexicanos estamos insatisfechos en esencia porque a pesar de que se practica una democracia electoral las cosas no mejoran para varios sectores que permanecen en crisis. Nomás no se ve claro. Muchos creen que eligiendo a ciertos representantes las cosas se arreglarán, modificarse para bien, pero eso no ocurre ni ha pasado. En las comunidades, se elige en comisarías u otras representaciones a la gente que estás más identificada con ellas, a personas que cooperan de buena voluntad, pero las gestiones hacia arriba no prosperan rápido y se tardan los servicios que sí se gozan en el medio urbano.

Gran parte de esa sociedad que se expresa cuando la encuestan, está insatisfecha del funcionamiento de instituciones y de la capacidad de quienes gobiernan en general, de ahí que incluso haya una corriente importante de ciudadanos que prefieran una mano dura en los gobiernos a una democracia más amplia. Así lo revela Latino barómetro 2013.

México vive problemas irresueltos: en lo educativo, en la generación de empleo, en materia de deuda, en inseguridad, violencia, y criminalidad, en la productividad del campo, en el aspecto migratorio, en el avance científico, entre otros. La gente votó por una mejoría a raíz del cambio representado por el presidente Enrique Peña Nieto, pero lo que se desperdició obliga a esperar más tiempo para recuperar lo perdido en ese lapso de 12 años.

El Latino barómetro refleja, pues, un malestar de muchos mexicanos que desean una mejoría en su dieta alimenticia, en las oportunidades para los hijos que estudian, en la seguridad de los suyos, en pagar precios justos por los servicios de acuerdo a los ingresos que se tengan. Y, cómo no, desean también seguridad personal y en sus patrimonios, buenos gobernantes, representantes honestos que los representen en las cámaras, que vean por sus intereses   y no por los del partido que los patrocina.

Por eso los ciudadanos deben conocer a quienes eligen para que la democracia se fortalezca. Ha de generarse una cultura distinta para ver lo que conviene. Que no nos den gato por liebre. Hemos de tener información fehaciente para saber quiénes ya desde el gobierno tendrán más capacidad para impulsar la economía, garantizar una buena vida comunitaria, promover la educación a mejores niveles, combatir la corrupción y el crimen, mejorar la productividad. Es decir, no elegir por elegir.

Se requieren gobernantes comprometidos con la ley y la mejoría social, con un desarrollo equilibrado y la justicia como norma en su actuación, la promoción de una mejor condición humana.   Las diferencias sociales y la forma como está organizada la participación del capital, obstruyen coyunturas y generan la violencia que se condena. Los que mandan en el país, han de saber que muchos brotes de intimidación surgen porque las élites se siguen despachando con la cuchara grande y los pobres, aun trabajando toda la vida, no ganan más que para sobrevivir.   Y luego hay que contar entre los males a servidores públicos que no hacen bien su trabajo y son depredadores.

La gente demanda mejoría respecto de su actual condición, pero los tiempos se han venido encima. Las Cámaras, que procesan los cambios, trabajan como caminan las tortugas, a paso lento. Persiste la división y la falta de amor por el país en los espacios donde se decide su destino. México pierde tiempo en procesar las diferencias entre el gobierno y los grupos de interés que se resisten a perder privilegios. Los poderosos siguen amparándose y ganando la mayoría de las veces,  no acatan disposiciones constitucionales.

Tengo confianza de que las cosas cambiarán, pero no ahora mismo. Tiene que consolidarse la buena política, la que responde al interés general, y hacerse transformaciones profundas. Ha de procurarse el diálogo para lograr avances y sentar bases para continuar por esta vía. Tiene que haber consenso de que si no nos ponemos de acuerdo iremos a la zaga como país y eso equivale al rezago en las aspiraciones de todos. Siempre está abierta la oportunidad de trascender, toca aprovecharla.