LOS SACERDOTES
Por: Carlos Orozco Galeana
El Papa Francisco describió en noviembre pasado algunas características de “un buen sacerdote”, en lo que es un aporte crítico a uno de los pilares de la iglesia católica como son estos servidores de Cristo. En estos tiempos en que menudea la descalificación de ellos, conviene reiterar su misión trascendente.
Un buen sacerdote, dijo, “es ante todo un hombre con su propia humanidad, que conoce su propia historia, con sus riquezas y sus heridas, y que ha aprendido a hacer las paces con ella, llegando a la serenidad de fondo, propia de un discípulo del Señor”, de ahí que la formación humana sea una necesidad para los sacerdotes, para que aprendan a no dejarse dominar por sus límites, sino a aprovechar sus talentos”.
Explicó que “el sacerdote es un hombre nacido en un determinado contexto humano. Allí comienza a aprender sus primeros valores, absorbe la espiritualidad del pueblo, se acostumbra a las relaciones”. Tienen una historia: no son ‘setas’ que brotan repentinamente en la catedral el día de su ordenación.
La humanidad de los sacerdotes, indicó el Papa, “es la ‘vasija de barro’ en la que guardamos el tesoro de Dios, un recipiente del que debemos cuidar para transmitir así su precioso contenido’ Ellos no pueden perder sus raíces, dijo, pues “sigue siendo un hombre del pueblo y de la cultura que lo han generado.Nos hacemos sacerdotes para estar entre la gente”.
Magistral esta definición papal de lo que es un sacerdote. Son ellos, evidentemente, servidores de Dios entre los hombres, a quien entregan su vida de servicio hasta el límite de sus fuerzas. Cierto, algunos se pierden en el camino, son humanos, pero son minoría. La inmensa mayoría hace más bella la vida de las comunidades. Las parroquias están generalmente vivas, actuantes, unidas por cada sacerdote que las coordina.
En cada parroquia del país, hay un líder en la persona del sacerdote, que forma a los jóvenes, que orienta a matrimonios, que acompaña al dolor de los sufrientes, que aconseja a los adultos mayores, que organiza a la gente para que vivan su fe con responsabilidad, que da abrigo y alimento a necesitados como lo hacía el Señor Jesús. Todas estas acciones fortalecen a las comunidades
Por la parroquia a la que pertenezco, que todos reconocen como Guadalajarita, han pasado servidores excelsos, recuerdo a los Padres Antonio Zamora, y a Armando Carrillo, al ahora obispo auxiliar de la ciudad de México, el Padre Crispín, y actualmente el Padre Javier Armando y otros sacerdotes más que transitan por esta demarcación religiosa – algunos, por cierto, pocos meses – dejando una huella imborrable a su paso. Es decir, somos consentidos de esta Diócesis al ponernos en contacto y recibir el beneficio evangelizador de esos servidores tan instruidos y comprometidos.
Y como dice el papa, los sacerdotes no son setas que brotan así nomás, hay un proceso de formación permanente; esa formación no se acaba en el seminario y ya; un sacerdote guía a su comunidad pero también está atento al aprendizaje que la propia comunidad le regala. Una parroquia es, entonces, una suma de voluntades, es compromiso con el bien, es como una orquesta con un director – el párroco – que organiza, planea, atiende y resuelve una multiplicidad de asuntos que uno no imagina. Habría que estar en su pellejo, la verdad. Los sacerdotes escuchan porque su vocación es la de ser servidores. Un buen año a todos ellos.

