Se Imponen las Jefas de Familia

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    Según la nota del diario El Universal, especialista asegura que deben ser consideradas y apoyadas adicionalmente por las instancias de gobierno y empresarios para aportarles mejores prestaciones y opciones que les beneficien directamente

    Datos del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) reflejan que a diferencia del año 2000, en el que de 22 millones de hogares, 79.4 % tenían al frente a un hombre, y 20.6 % a una mujer; en 2005, la cifra se incrementó a 23.1 % de hogares con una jefa de familia.

    La investigadora de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), Delia Esperanza García Vences, explicó que el modelo nuclear (papá, mamá y los hijos), se está alejando del que se tenía en México en la década de los 50 a 70.

    Actualmente, dijo, las mujeres son las que en general se hacen cargo de la manutención de los hijos, de la toma de decisiones, “la familia cambia y la jefatura familiar femenina crece”, por lo que al incorporarse la mujer a la actividad económica, le da la posibilidad de tener acceso al ámbito público, contar con sus propios ingresos y esto a su vez le permite tomar decisiones.

    En 1970, sólo 17.6 % de las mujeres participaban en el mercado laboral, en cambio el 70% eran hombres; en 1991, aumentó a 32 %, contra 77.7 %, respectivamente; y en 2004, de cada 100 mujeres, 38 ya participaban en el mercado laboral.

    García Vences manifestó que aún cuando en la jefatura de hogares, la mujer es la que toma las decisiones al interior, también es la proveedora económica, tiene que cumplir con ciertos roles como el de madre de familia, estar al cuidado de los hijos y además, cubrir el trabajo doméstico y el extra doméstico.

    La académica expuso que si bien, “ya existe una falta de equidad del empleo y del mercado de trabajo con respecto a los varones, a esto hay que agregarle ese segmento de la población que son mujeres jefas del hogar y que padecen situaciones como el del salario más bajo que el que perciben los hombres, menores condiciones al interior de los lugares de trabajo”.

    Por ello, dijo, se debe considerar el hecho de que cuando una mujer toma la decisión de estar al frente del hogar, debe ser considerada y apoyada adicionalmente por las instancias de gobierno y empresarios para aportarles mejores prestaciones y opciones que les beneficien directamente, puesto que es una carga muy fuerte, responder a este papel de proveedoras que socialmente no les correspondía.

    “Si bien ya no tiene o nunca han tenido el sostén de la pareja, se convierten en proveedoras, cuidadoras, educadoras, formadoras de los hijos, además de cumplir con una jornada laboral”.

    La investigadora de la UAEM propuso a los gobiernos estatales que deben llevar a cabo programas que incluyan alguna capacitación para que ellas mismas generen sus propios recursos a través de proyectos bien estructurados que les permita atender a sus hijos, pero al mismo tiempo generar recursos.

    Aseguró que el hecho de que la mujer se incorpore al mercado laboral repercute también en su persona, en el cansancio físico y psicológico -no sólo en la parte económica-, porque el trabajo doméstico implica: lavar platos, asear ropa, ir de compras, planchar, el cuidado de los hijos, comida, baño, vestido, aseo, llevarlos a la escuela, ayudarlos en tareas, reuniones de padres, quedarse en el hogar cuando ellos se enferman, y a todo eso se le agrega cumplir con una jornada laboral que le permite subsistir económicamente.

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