REY DE CHOCOLATE

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Por: José Díaz Madrigal

Allá en la lejana infancia, había un programa de radio que se llamaba la hora de los niños, donde se escuchaban serie de cuentos, historietas y, canciones infantiles; que a los chiquillos de aquel tiempo nos brillaban los ojos, con las interesantes narraciones cargadas de emoción y suspenso; canciones llenas de alegría y su contenido nos hacía volar la imaginación.

De los que fuimos niños en aquellos ayeres, como no recordar temas como: El Chivo Ciclista, Caminito de la Escuela, El Ratón Vaquero, Los Tres Cochinitos; o el de esta última que inspiró el título de estas líneas «Rey de Chocolate». Todas las canciones antes mencionadas fueron compuestas, por uno de los más prolíficos autores mexicanos, Francisco Gabilondo Soler; apodado El Grillo Cantor.

Este personaje oriundo de Orizaba Veracruz, se especializó en creaciones para ser escuchadas en la radio; todas sus letras con motivos infantiles. Cultivó la fábula, la ficción y la fantasía.

A propósito del Rey de Chocolate, hay un estribillo que dice: Era el Rey de Chocolate
Con naríz de cacahuate
Y a pesar de ser tan dulce
Tenía amargo el corazón. . .

La aparente dulzura exterior del presidente López Obrador, es solo eso, apariencia; pero detrás de esa careta, viene a salir a flote el sabor amargo de su corazón.

Los síntomas lo dicen, los hechos lo denuncian; a pesar de llevar más de año y medio gobernando, no deja de tirar dardos amargosos, envenenados; a las administraciones pasadas y, a quién se le pone por enfrente que no piensa como él.

La sintomatología es evidente, se puede identificar de modo preciso a una persona amargada o resentida con la vida; esto debido a que su tormentoso pasado no lo deja estar en paz.

Aunque esté en el puesto cumbre de su existir, que dicho sea de paso, presume la investidura como un trofeo propio; que según él varias veces injustamente se lo arrebataron.

Pues bien, esta psicológica sintomatología tales como: Una persona amargada siempre está criticando, sin ofrecer soluciones razonables; se quejan constantemente del pasado, argumentando que casi todo lo que se hizo en el pasado, no sirve; son ofensivos y les gusta hacer sentir mal a los demás. La amargura refleja un carácter negativo, duro, inflexible; donde nomás él tiene la razón, siendo el rencor y el odio sus constantes aliados.

La amargura consciente o inconsciente de López Obrador es un reflejo íntimo de su personalidad, la cuál, la ha moldeado a lo largo de su vida con eventos extremosos; que lo han marcado desde su niñez en su natal Tabasco. Investigando en distintos medios informativos, refieren desde antes que fuera presidente, que este no sabiendo perder después de un juego de béisbol, mató con una dura pelota de las que se utilizan en esa clase de juegos a un jugador rival, lanzándole un certero pelotazo en la cabeza; más tarde siendo un joven de 16 años, accidentalmente mató de un tiro de pistola a su hermano Ramón. Estos datos se pueden corroborar cuando menos en tres medios informativos distintos, consultados en internet. Se ponen sobre la mesa, solo para documentar los antecedentes de un presunto y muy probable diagnóstico de un trastorno de personalidad que padece López Obrador: La amargura

Con esto historial clínico, que sin duda es la base de su obsesiva terquedad, se apoyan muchas de sus decisiones ya como gobernante en funciones. En algún momento, es sensato dar a conocer a quien quiera saber esta parte, que de un modo ha permanecido oculto, en la vida del presidente.

Es posible que en su resentimiento, soberbia y amargura, no se da cuenta de el daño que está causando al pueblo; desconectandose de la lógica y de la razón, de violar con soberbia y arrogancia la Constitución; dando como resultado que sin ningún escrúpulo de conciencia, tenga algo de remordimiento por tirar a la basura, miles de millones de pesos en proyectos cancelados o en proyectos poco útiles para los mexicanos.

Como epílogo de esta columna les comparto la siguiente cita:

La amargura, el odio y la soberbia; ensucian la vida propia y la de los demás. . . Papa Francisco.

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