Así las cosas, el Presidente Clinton – inteligente y visionario- decía que era necesario reinventar el gobierno, para hacerlo más eficiente y para tener mayor capacidad de respuesta a las crecientes demandas sociales. En ese vasto proceso, la tecnología, el diseño y la innovación, fueron los elementos centrales de la puesta al día en el servicio público.
La reforma Clinton fue un gran paso en la historia y en el funcionamiento de los resortes internos, de los mecanismos y del personal que opera los instrumentos fundamentales del gobierno- no sólo para la transformación de la administración pública, a partir del uso creciente de la tecnología en la gobernanza-, sino para fortalecer la democracia y el binomio sociedad y gobierno. En esa perspectiva, de forma creciente se incorporó el ingrediente social en el diseño, formulación, ejecución y seguimiento de las políticas públicas, de las obras y acciones de gobierno. La participación social fue el prodigioso sedimento que cambió, de una vez y para siempre, el oficio de gobernar, lo cual fue un salto cualitativo, ya que la modernización, por definición, se opone a los fueros y los privilegios.

En nuestro país, El Estado mexicano surgido de la revolución, luego de los decisivos sexenios de Lázaro Cárdenas y de Miguel Alemán, para modernizar el país y transitar de la sociedad rural a la industrialización y la sociedad urbana, el presidente que tuvo la visión para transformar la gestión pública y para impulsar la descentralización y el desarrollo regional, fue Luis Echeverría Álvarez, con un fuerte ingrediente de participación popular en las políticas públicas, a efecto de desatar toda la energía de la sociedad. Fue una etapa de todo el poder al pueblo y de alianza histórica con los obreros y los campesinos. Después, con sus respectivos matices, y el viraje a la derecha, tanto José López Portillo, como Carlos Salinas perseveraron en la actualización y eficiencia de la administración pública.
Muchos años después, a nivel local, se iniciaron acciones de innovación de la gestión pública, con el Plan Colima, en los sexenios de Griselda Álvarez, Elías Zamora y en los tiempos de Fernando Moreno Peña, con la operación sectorial de Victórico Rodríguez, como secretario de Administración.
Ahora, con Mario Anguiano se ha impulsado un formidable proceso para reinventar el gobierno; se ha generado una importante etapa de reforma administrativa acaso sin precedentes, que pasa por la actualización profesional de los servidores públicos; la eficiencia gubernamental, mismas que se caracterizan por la cultura de la calidad y la mejora continua y que tienen como fin último hacer más eficiente al gobierno para servir a la sociedad. Sin duda, este elemento, junto con la participación social, es el ingrediente democrático que le confiere fortaleza y sentido a las políticas públicas.
Por ello, a escasos meses de tomar posesión, el gobernador Mario Anguiano, suscribió la firma del Código de Ética y la entrega de los certificados de la norma ISO 9001-2008, que acreditan la certificación de 99 procesos en 12 dependencias mismas que ya operan con sistemas óptimos de calidad.
En lo personal, como un simple ciudadano, servidor público y hombre ligado a los medios de comunicación, acudí recientemente a la Dirección del Transporte y de la Seguridad Vial, a cargo de mi amigo Armando González Manzo y constaté la agilidad, la eficiencia y una nueva actitud en los servidores públicos. Hoy, en esa área, como en otros sectores de la gestión pública estatal, hay calidad, calidez eficiencia y resultados al servicio de la población. Las largas filas son cosa del pasado. Este esfuerzo de modernización lo impulsó el gobernador, en una primera etapa con Oscar Zurroza Barrera y ahora, con Jesús Orozco Alfaro.
Hace miles de años, en la Grecia clásica, Aristóteles reflexionaba sobre la importancia de la calidad en lo que era ya la visión de lo deseable en términos de la calidad total y la mejora continua. Él decía:”Somos lo que hacemos todos los dí¬as. Por tanto, la excelencia no es un acto, es un hábito”. Es decir, no basta con un acto aislado, hay que hacer las cosas bien todos los días, como una cultura y como un estilo de vida.
He tenido la ocasión de constatar esa nueva actitud proactiva de los funcionarios y trabajadores de gobierno, convencidos de sumarse a la gran tarea a la que ha convocado el mandatario, con la mira puesta en hacer del de Colima, el gobierno más eficiente del país. Se dice fácil, pero es una meta que ya se ha iniciado con sólidos pasos y con una misión y una visión de eficiencia al servicio de la gente. Esto último es muy valioso, ya que ningún progreso tiene sentido, sino está al servicio de la gente.
El gobernador Mario Anguiano tiene la certeza de que la modernización de la administración pública es ya una tarea impostergable para entregarle buenas cuentas al pueblo de Colima; a través de la tecnología y la democracia se ha fortalecido la gobernanza. En sus palabras: “las instituciones públicas mejor organizadas, son menos vulnerables ante las adversidades, y son más eficaces aún en entornos complicados como los que actualmente vive nuestro país; por ello, apostar a la calidad y la mejora de procesos ha sido una constante en el ejercicio público de este gobierno, que ha rendido frutos y este trabajo se complementa con el esfuerzo de profesionalización y de capacitación de los servidores públicos”. Precisamente, en el rubro de la capacitación del personal, Jesús Orozco Alfaro, tiene un formidable apoyo y operador, en el director general de Recursos Humanos, J. Reyes Rosas Barajas.
No omito señalar que, de forma cotidiana, se trabaja en la construcción de un sistema estatal de la calidad y en una agenda para la competitividad y el desarrollo, con la aplicación de vanguardistas tecnologías de información, buscando que las mejoras en el aparato gubernamental se traduzcan en beneficios sociales. Este quehacer ha merecido el reconocimiento nacional e internacional al gobierno local, de parte de instancias como la OCDE, la Secretaría de Economía, gobiernos estatales e importantes actores políticos y sociales, como José Ángel Gurría, Bruno Ferrari, entre otros.
Sin duda, estos logros son apenas el prólogo del porvenir. La batalla de la modernización y de la eficiencia es larga, pero ya se transita en el camino correcto. Esta cultura de la calidad y la mejora continua ya ha estado sedimentando, paulatinamente, sin prisa pero sin pausa, en la sociedad colimense.
Hay instituciones académicas públicas y privadas que han privilegiado la calidad en sus procesos y servicios, como por ejemplo, la Universidad de Colima, el Tecnológico de Monterrey, Apasco y Coca Cola Colima. En este sentido, observamos que la cultura de la calidad empieza a ser un incentivo valioso, un referente de cambio y de actualización en el sector empresarial de Colima y en las instituciones de educación superior y esto es una buena noticia que vale la pena celebrar.
Mención especial merece la Universidad de Colima. En un ambiente de libertad, de pluralidad y de respeto, se ha operado exitosamente el relevo rectoral. Tras la brillante gestión de Miguel Ángel Aguayo, los universitarios estamos muy contentos, dado que ya tenemos rector electo con el maestro en Administración, Eduardo Hernández Nava, para el periodo 1 de febrero de 2013- 31 de enero de 2017, y hay un breve “ periodo de transición”, con el rector sustituto Ramón Cedillo Nakay y con Christian Torres Ortíz, como secretario general, quienes, ya visitaron al gobernador, en Casa de Gobierno, para reafirmar la alianza estratégica entre gobierno y universidad.
Para decirlo sumariamente, estamos en la ruta correcta y los ciudadanos somos los protagonistas de este cambio alentador en la tarea colectiva de tener un mejor estado y un paí¬s fuerte y vigoroso, con oportunidades para todos, con la divisa de que con el pueblo todo es posible y de que el saber, la inteligencia y el conocimiento, es la fuente más democrática y más revolucionaria de poder.
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