Organización Ciudadana Contra Partidocracia

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VENTANA POLÍTICA

Por: Guillermo Montelón Nava

Los resultados alcanzados el pasado 2 de junio por la oposición, independientemente de haber enfrentado un proceso electoral manipulado con todo el poder del estado, imponen una profunda reflexión con una sincera y muy rígida autocrítica. Y es que no solo se trata de los errores en el diseño de una campaña ciertamente muy limitada en recursos, sino en muchas cuestiones de fondo que atañen directamente a los partidos políticos que conformaron la alianza. Se deben reconocer los pesados lastres que arrastran los partidos, sus estructuras debilitadas, los vicios en el control que ejercen sus dirigentes, especialmente en el caso del PRI y del PAN, así como por su tibia actuación para enfrentar la intromisión del presidente López para exigir, tanto al INE como al Tribunal Electoral, que fueran más allá de amonestaciones y llamadas de atención que le hicieron al ejecutivo.

Si la propia militancia y los dirigentes no comienzan por revisar su actuación, donde lo mínimo elemental es que los presidentes del PAN y el PRI renuncien a sus cargos para dar lugar a una jornada de reorganización, reestructuración y para proponer incluso una refundación, veo difícil que puedan sobrevivir con la fuerza necesaria para ser competitivos, por mucho que puedan postular buenos candidatos. Lo que urge es que los partidos convoquen a la militancia y a la sociedad en general para escuchar inquietudes, críticas propuestas y la nueva visión de los ciudadanos sobre la política, sobre los partidos y el actuar de los gobiernos; deberán modificar estatutos, plataformas y documentos básicos para incluir las principales demandas y el sentir de los ciudadanos conforme los nuevos tiempos, que requiere con urgencia hacer adecuaciones jurídicas a las normas fundamentales que rigen la vida democrática y la vida cotidiana.

Requerimos partidos más abiertos, más democráticos en lo interno, con direcciones no autócratas, donde se trabaje mucho en la formación, proyección de nuevos cuadros y liderazgos, así como programas de acción permanente de cercanía con la sociedad, sin descuidar el papel elemental de ser oposición crítica con inteligencia y estrategias adecuadas que incluyan el ser propositivos, pues la oposición por sistema ya no funciona. Lo que urge es lo novedoso, lo que atañe directamente a la gente y lo que le puede generar beneficios inmediatos, sin dejar de lado la promoción de un proyecto de nación con visión de futuro, con militantes más activos, participativos, más conscientes de su papel y de su corresponsabilidad a partir del fortalecimiento de la cultura cívico política que todos han dejado de lado.

Los tiempos pasan muy de prisa y si los partidos políticos no se renuevan completamente tan pronto termine el proceso electoral que aún tiene impugnaciones pendientes, la sociedad organizada que ya expresó su fuerza en la llamada marea rosa, debe tomar la delantera para conformar una fuerza civil que no solo esté dispuesta a la resistencia para enfrentar al estado y sus amenazas, sino para conformar una fuerza política que aglutine el sentir de las minorías y de las diversas organizaciones, pero también para mover a esa gran masa de abstencionistas conformada por al menos 40 millones de mexicanos. Se trata de más 56 millones de ciudadanos, incluyendo los que sí votaron, que bien pueden hacer la diferencia y pueden ser un verdadero contrapeso para un estado que insiste en el establecimiento de una dictadura con tintes socialistas y comunistas.

Si como ya hay algunas inquietudes y propuestas para que la fuerza de la sociedad civil organizada le pueda dar continuidad a un plan de resistencia y de verdadera oposición en defensa de la democracia, de las instituciones, de los organismos autónomos, así como de una verdadera división de poderes con contrapesos y respeto al marco constitucional, la posibilidad de que se pueda construir un México fuerte, unido y democrático tendrá más posibilidades de éxito. La primera lucha ya está en puerta y es la exigencia de que tengamos un poder legislativo dispuesto a escuchar a los ciudadanos en un parlamento abierto, que deje de estar sometido a las intereses de una sola persona y que ponga el interés superior de México por encima de las ambiciones políticas de partido.

Frente a la propuesta de una reforma profunda al poder judicial que ciertamente es necesaria, lo que debe imperar es la razón, la inteligencia y el sentido común y no las ambiciones políticas que buscar tener control absoluto de los tres poderes con todos los riesgos que ello implica. Si se pierde la oportunidad de conformar un poder judicial autónomo, con nuevas formas para la designación de jueces, magistrados y ministros, no por elección popular, sino por capacidad, trayectoria, experiencia y probada reputación a propuesta de sus pares, colegios y barras de abogados, instituciones académicas y de investigaciones jurídicas, entre otras, el establecimiento de una dictadura será el principio del caos.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles CN COLIMANOTICIAS.