Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
Habría que preguntarse qué entiende el oficialismo y la presidenta por pueblo. ¿El pueblo es aquel que simpatiza con Morena y se ciñe, incondicionalmente, a las prescripciones y mandatos de este partido y de quienes lo representan? ¿O el pueblo somos todos, independientemente de nuestras inclinaciones partidistas y políticas?
Porque cuando la presidenta Sheinbaum habla del pueblo pareciera referirse sólo a un sector de la población, particularmente aquel que simpatiza con Morena y no critica al régimen. Por lo menos eso se vio y se vivió el pasado fin de semana en el evento que realizó la presidenta en la Unidad Deportiva Morelos, aquí en Colima, donde un grupo de personas se manifestó y rompió con el orden protocolario del evento oficial.
Eso provocó que la presidenta perdiera los estribos y los increpara, llamándoles irrespetuosos y acusándolos de ser unos prianistas, lo cual el régimen y el oficialismo consideran el peor insulto que se le puede conferir a una persona. En ese sentido, no eran el pueblo “bueno y sabio” que tanto ponderó López Obrador en el discurso.
Los manifestantes en cuestión eran pescadores, ecologistas y defensores de derechos humanos que se oponen a la ampliación portuaria en la laguna de Cuyutlán, un proyecto que consideran una amenaza directa para ese vaso lacustre y su biodiversidad. Grupos como éstos siempre han concurrido, desde los tiempos del PAN y el PRI, a esta clase de eventos para visibilizar sus luchas, legítimas o no, ante el poder político.
Sin embargo, lo más anecdótico de la manifestación no fue la estridencia de los reclamos, sino la reacción que provocó en la presidenta, quien los instaba durante sus intervenciones a que bajaran las mantas y se callaran. Quizá por eso los reclamos se soliviantaron al punto de que hubo un forcejeo con un funcionario y una mujer que cargaba un altavoz, momento ríspido que fue documentado en video por asistentes y difundido en redes.
Aunado a esto, el despliegue mediático oficialista para desmentir un supuesto abucheo hacia la presidenta terminó por darle más notoriedad a los reclamos de los manifestantes que al mensaje de la presidenta, que terminó difuminado ante estos incidentes.
Ahora bien, ¿qué busca el régimen con esta clase de eventos y giras de la presidenta? ¿Qué quiere demostrar? Porque informar se supone que ya lo hizo en el informe que mandata la Constitución, además de que se cuenta con los portales de transparencia para dejar constancia de indicadores de resultados y se tiene la Mañanera del Pueblo.
Pareciera que lo que busca realmente el régimen es mandar el mensaje de que la presidenta tiene una aprobación unánime, cuando es sabido que en estos eventos concurren funcionarios y padrones de beneficiarios de programas sociales. E incluso así, ya se vio en parte que siempre habrá sectores que no están a favor de una política o acción de gobierno.
Y eso, de fondo, no es el asunto realmente; es la forma como se reacciona ante las desavenencias y la falta de tolerancia, pues es muy fácil descalificar y estigmatizar a alguien por no coincidir. Pero lo verdaderamente preocupante es la incapacidad de establecer un diálogo y resolver, conjuntamente, los problemas. Porque descalificar a quien disiente como “prianista” es, en el fondo, la respuesta a la pregunta que abre esta columna: para el régimen, el pueblo es sólo aquel que no lo cuestiona.
Dos puntos
Ojalá se escuchen los planteamientos y críticas de ecologistas, activistas y pescadores que se manifestaron contra la ampliación portuaria en la laguna de Cuyutlán durante el evento de la presidenta. Lo ideal es que el gobierno informara del seguimiento a estas inquietudes y se garantizara el respeto a la naturaleza de ese importante vaso lacustre para la biodiversidad del país y el continente.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

