LECTURAS POLÍTICA A LA MEXICANA (I)

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    Todas las actividades humanas, se orientan por valores y contravalores; pero también por apariencias y realidades; fines y medios el fin justifica los medios; buenas maneras e intenciones reales. Así­, para justificar una actitud represiva se habla de mano de hierro en guante de seda o, A contrario sensu, una conducta facciosa suele disfrazarse de ejercicio libre y democrático; siempre y cuando, se cumpla con la sentencia de Gonzalo N. Santos, el Alazán tostado: Dele forma, licenciado, dele forma. Al afirmar, Jesús Reyes Heroles que, en polí­tica la forma es fondo, obedecí­a al imperativo de su entorno autoritario, de manera similar a otras joyas de la grilla polí­tica a la mexicana: el que se mueve no sale en la foto, vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error, Gobernador no come Gobernador o aquella de que el Presidente o Gobernador- saliente tiene el derecho de escoger a su verdugo.

    Formalismo y pragmatismo en la lucha por el poder, están en constante pugna al mismo tiempo que marchan juntos. La fuerza de las ideologí­as casi siempre se doblega ante exigencias legí­timas o no (Calumnia, que algo queda) de quienes aspiran a ejercer el privilegio de mandar, haiga sido como haiga sido.

    Antes de participar en una contienda electoral, todos los organismos polí­ticos participantes tienen que asumir la difí­cil tarea de seleccionar al mejor de sus cuadros. Esta etapa puede definir el éxito o el fracaso al final. Es posible que, en apariencia, en forma, en papel existan cinco o diez aspirantes aunque, a juicio de quien, o quienes toman la decisión, la lista real se limite a uno, mas los emergentes para el caso de tener que recurrir a un plan B e incluso C., No se deben poner todos los huevos en una sola canasta. Siempre existirán opciones reales, formales e inesperadas, como pueden ser el Tapado, el Delfí­n o, en contraparte, el caballo negro.

     

    La opinión pública, no siempre coincide con la privada. Ví­ctimas de su vanidad, la mayorí­a de las y los aspirantes y sus seguidores suelen ser ví­ctimas de las ganas de creer. Todos sienten ser los mejores: populares, aceptados, reconocidos, inteligentes, guapos (as), baste recordar a Alfonso Dorantes (cinco veces presidente municipal de quien sabe dónde) quien contestaba a la pregunta de los jerarcas de su partido acerca del que pudiera ser el mejor candidato. La respuesta, plena de convicción, brotaba espontánea: de no ser yo ¿quién?. Continúa.