Todas las actividades humanas, se orientan por valores y contravalores; pero también por apariencias y realidades; fines y medios el fin justifica los medios; buenas maneras e intenciones reales. Así, para justificar una actitud represiva se habla de mano de hierro en guante de seda o, A contrario sensu, una conducta facciosa suele disfrazarse de ejercicio libre y democrático; siempre y cuando, se cumpla con la sentencia de Gonzalo N. Santos, el Alazán tostado: Dele forma, licenciado, dele forma. Al afirmar, Jesús Reyes Heroles que, en política la forma es fondo, obedecía al imperativo de su entorno autoritario, de manera similar a otras joyas de la grilla política a la mexicana: el que se mueve no sale en la foto, vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error, Gobernador no come Gobernador o aquella de que el Presidente o Gobernador- saliente tiene el derecho de escoger a su verdugo.
Formalismo y pragmatismo en la lucha por el poder, están en constante pugna al mismo tiempo que marchan juntos. La fuerza de las ideologías casi siempre se doblega ante exigencias legítimas o no (Calumnia, que algo queda) de quienes aspiran a ejercer el privilegio de mandar, haiga sido como haiga sido.
Antes de participar en una contienda electoral, todos los organismos políticos participantes tienen que asumir la difícil tarea de seleccionar al mejor de sus cuadros. Esta etapa puede definir el éxito o el fracaso al final. Es posible que, en apariencia, en forma, en papel existan cinco o diez aspirantes aunque, a juicio de quien, o quienes toman la decisión, la lista real se limite a uno, mas los emergentes para el caso de tener que recurrir a un plan B e incluso C., No se deben poner todos los huevos en una sola canasta. Siempre existirán opciones reales, formales e inesperadas, como pueden ser el Tapado, el Delfín o, en contraparte, el caballo negro.
La opinión pública, no siempre coincide con la privada. Víctimas de su vanidad, la mayoría de las y los aspirantes y sus seguidores suelen ser víctimas de las ganas de creer. Todos sienten ser los mejores: populares, aceptados, reconocidos, inteligentes, guapos (as), baste recordar a Alfonso Dorantes (cinco veces presidente municipal de quien sabe dónde) quien contestaba a la pregunta de los jerarcas de su partido acerca del que pudiera ser el mejor candidato. La respuesta, plena de convicción, brotaba espontánea: de no ser yo ¿quién?. Continúa.





