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FRIVOLIZACIÓN INSTITUCIONAL 

Por: Noé Guerra Pimentel

EL ANIMAL DEL CONGRESO. Cuando vi la bochornosa y vergonzante imagen del perro sentado al lado de su sonriente dueño, el diputado plurinominal Humberto Ladino, circulando por las redes y publicada en algunos medios tanto impresos como electrónicos, lo primero que vino a mi mente fue incitatus, aquel caballo del que el autócrata, ignorante y pervertido Calígula se enamorara, a grado tal que durmiera con él, le construyera su palacio y no solo eso, en el límite de sus delirios lo hiciera senador de Roma. Estampa que luego confirmé con la defensa que según hizo en tribuna y la posterior declaración que con sus acostumbrados galimatías trató de justificar su desbarre el plurinominal.

No hay justificación posible para lo que hizo el también coordinador de la fracción del PAN en el Congreso local, de haber llevado, metido y sentado en una curul (sillón para uso exclusivo de legisladores) a su perro durante el desarrollo de la sesión ordinaria -iniciada la tarde del martes (29) y continuada hasta la madrugada del miércoles (30),- acto que aparte de la reacción del presidente de la mesa directiva del legislativo, Javier Ceballos (que ante la evidente desfachatez le solicitó sacarlo), implica sentar un precedente con una sanción ejemplar, de otra manera al rato hasta caballos, burros o vaya usted a saber qué, otro cualquiera se atreverá a meter a un espacio que, por si no lo sabe, no lo entiende o no le importa a este extraviado personaje, es el símbolo y sede de la máxima representación republicana y soberana del pueblo de Colima y, por tanto, merece la más alta dignidad y el más solemne respeto.

DE OTROS ANIMALES. Pasa mucho entre quienes en su inmadurez, complejo de clase o pretensión personal, irrespetuosos y majaderos buscan igualarse y no pueden o no saben discernir lo que significa confianza y amistad, no las diferencian, las confunden. Ocurrió en un pueblo cuando un individuo de esos buenos para nada y metiches en todo, cada vez que pasaba frente al edificio de la presidencia a viva voz y por su nombre le mentaba la madre a quien en esa época era el alcalde, así lo hizo innumerables ocasiones gritándole hasta de lo que se iba a morir, incluso en cuanto acto público lo encontraba, pero siempre por el nombre sin tener respuesta, hasta que una vez se le ocurrió repetir lo mismo pero agregándole el cargo, llamándole presidente al aludido, a lo que éste sin más dio la orden para que detuvieran al grosero y vulgar sujeto y lo encerraran hasta que pagara la multa correspondiente.

Ante el hecho no faltó el oficioso que se inconformó y hasta acusó de autoritario y de violar la libertad de expresión de un ciudadano al presidente y hasta hizo camino para exigir una explicación, a lo que el mismo alcalde le dio respuesta de la siguiente manera: Sí, efectivamente, el señor es mi amigo, vecino, excompañero de escuela y quizá hasta votó para que yo fuera presidente; él, como mi amigo me puede decir personalmente lo que guste hasta que yo lo permita, pero como autoridad, no. La amistad a nadie le da derecho de insultar a nadie y menos a la autoridad, porque con esta represento a todos y que por todos debo hacer valer, ese es un principio de autoridad y a todos corresponde proteger.

LOS ANIMALES EN EL CORRAL. De un tiempo acá en todos los ámbitos observamos un relajamiento en las relaciones, un rompimiento de las estructuras que soportan el entramado social como lo son la familia, la escuela, las instituciones de representación, las gubernativas, etc., ahora es cada vez más común ver cómo algunos hijos les gritan y hasta les pegan a sus padres, a la hija golpeando a su madre como si fuera la peor enemiga; a chiquillos que se les van a los golpes a sus profesores; a policías que son impunemente agredidos por cualquier cretino que luego llorará rogando por sus derechos, alegando abuso; vemos a sujetos encapuchados vandalizando edificios y bienes públicos y de particulares y nadie les dice ni les hace nada; a individuos que justa o injustamente son vejados y públicamente humillados, linchados sin mediar proceso, sin la aplicación de la ley, impunemente, haciendo prevalecer la ley de la selva, la de los animales.

Lo anterior es preocupante y nos debe ocupar, es sintomático y no lo debemos tolerar, si lo seguimos permitiendo estaremos caminando precipitados al despeñadero y al rato a ver quién lo contiene. La ley es la ley debe hacerse valer, para eso está.

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