Entre Libros y Café
Por: José Luis Cobián León
Se dice que las ciudades son los corazones palpitantes de la civilización, donde las personas se unen, nacen las ideas y el progreso se desarrolla, sin embargo, estas abrigan en sus corazones a los centros históricos cuya importancia estriba en la posibilidad de preservar y potenciar la memoria, así como, generar sentidos de identidad y pertenencia, por ello, los edificios históricos, como el H. Ayuntamiento de Manzanillo, sirven como vínculos tangibles con el pasado, ofreciendo una sensación de arraigo y continuidad, y más allá, como es el caso del centro que carece de actividades, representa la única posibilidad constante de oxigenar la economía de los comerciantes, que por muchos años, se han quedado en intentos de ser reconocidos, algo tan esencial como expresaba la filósofa francesa, Simón Weil: el sentido de pertenencia tal vez sea la necesidad más importante y menos reconocida del ser humano.
Y no se trata de demeritar el trabajo de las autoridades y mucho menos poner al frente la crítica que no sirven más que para aturdir y aglutinar rabia; sino de voltear la mirada de todos, autoridades y sociedad, no podemos seguir ignorándolo, y aunque soy consciente que no conozco ningún modo de obligar a un hombre a creer en lo que no quiere creer, sin embargo, espero que comprendan su deber con el Centro Histórico, que ya no puede ocultar sus grietas, donde los comerciantes siguen gritando su ausencia, su presencia, su nombre, su abandono, a lo que se han enfrentado por muchos años, esas voces con rostro y sin rostro, de amigos y desconocidos, que expresan que la falta del personal del ayuntamiento y de la gente que acudía a realizar sus trámites, han generado bajas en sus ventas y ese viento de la decadencia que planea en el ambiente.
De seguir con esta indiferencia nos puede llevar a lo que escribió el psicoanalista Stephen Grosz en su libro “La mujer que no quería amar”, ahí narra la experiencia de un médico que, trabajando en una leprosería, descubrió que las deformaciones de los leprosos no eran consecuencia propia de la enfermedad, sino el resultado de no sentir, al ser insensibles al dolor en las heridas, los pacientes podían dejar que se infectaran y se les cayera la piel en pedazos y es aquí donde hace una contundente reflexión: “Cuando conseguimos no sentir nada, perdemos el único medio que tenemos de averiguar qué nos hiere y por qué”. Ése es el trágico episodio de la leprosería.
De mis lecturas, puedo deducir que cada comerciante debe entender que, aunque luchar solo no es fácil, es necesario cuando no tienes a nadie que te respalde, cuando no hay nadie empujándote, es cuando descubres de qué estás hecho realmente, que como bien decía Víctor Frankl, cuando ya no podemos cambiar una situación, estamos desafiados a cambiarnos a nosotros mismos. Es momento de cambiar a la unidad entre ustedes con la colaboración conjunta que los lleve a la resolución de problemas, pero sobre todo desde su iniciativa, proponer ideas e impulsar eventos con la intención de promover sus productos, servicios y prácticas, como ejemplo, un mercado alternativo o eventos gastronómicos donde participen.
No obstante, mi versión no es literal, pero es digna de fe. ¡Hagamos una marca del centro! Colima ya lo está haciendo. En Manzanillo lo fuimos como la Capital del Pez Vela, y seguimos como puerto comercial. Esto lo digo tomando un análisis en el que hablaban que muchas ciudades se han concentrado en buscar soluciones rápidas a las consecuencias del crecimiento demográfico pero han olvidado proteger y aprovechar el legado, revitalizar los centros históricos tiene sentido mucho más allá de su valor simbólico, no solo como evidencia de nuestros antepasados, sino que pueden convertirse en auténticos nodos de actividad económica creando oportunidades para pequeños y medianos comerciantes, convirtiéndolos en verdaderos laboratorios de innovación urbana, además de hacer espacios para el arte, la cultura, el comercio y el turismo.
En este sentido, dicen, que los centros históricos nos ofrecen la oportunidad de crear nuevas formas de participación ciudadana, así los centros revitalizados pueden mejorar la vida de los residentes y contribuir a un mejor desarrollo de las ciudades donde se encuentran y hacer una zona viva, con cultura para toda la ciudad generando esa vitalidad que atrae a visitantes de muchas regiones, por lo que nuestra ciudad tiene oportunidad de revitalizar su centro y crear nuevas oportunidades de desarrollo. Sin perder de vista el involucramiento social, que es donde a las autoridades les ha faltado apretar tuercas, un ejemplo, cuando han traído eventos de diversos productos o gastronómicos de otras regiones, por lo general la gente del centro no es incluida.
A la luz de tales afirmaciones, nosotros merecemos una marca, nuestros empresarios, nuestros inversionistas, nuestros hijos, nuestros políticos, merecen crecer en una ciudad que tenga su marca y que cohesione la amplitud que representa uno de los Puertos más importantes de Latinoamérica y el Caribe en términos de movimiento de contenedores, no perdamos esta oportunidad de decir ¡Viva el centro! para evitar decir, no tengo memoria de este lugar tengo cicatrices. A las autoridades, no le quiten su valor al tiempo, hay algo milagroso en la supervivencia de esta ciudad. A la sociedad, el Centro Histórico no es de los que viven en él, es de todos, por ello, escuchemos a la voz del inquilino que habita en nosotros, para subirnos a esta historia como cada mañana nos subimos a nuestro auto o al colectivo para dirigirnos a nuestras actividades.
A los comerciantes decirles que “la mayor oscuridad siempre es la que precede al alba”, pero no pierdan de vista las palabras de Albert Einstein, si buscamos resultados distintos, no hagamos siempre lo mismo. Pero no se compliquen en organizar un evento extraordinario porque como explicaba Mario Alonso Puig, la verdadera sabiduría reside en la simplicidad. Por tanto, la adversidad es muchas veces el mejor maestro que podemos tener, porque es cuando desarrollamos la resiliencia, que no es otra cosa, que tener esa capacidad de afrontar, sobreponerse y seguir adelante. Finalmente, todas las grandes verdades son simples, por ello, nunca olvidemos que: El honor y la palabra de un hombre son lo único que puede llevarse de este mundo. Para que no quede nada en el tintero: [email protected]
P.D. Saludos a todos nuestros amigos del centro, en especial a Abraham González, quien en “La Taquería” ubicada por el callejón del Arte, con su vitamina T, Tortas y Tacos, uno encuentra a México en cada mordida. Visita, Facebook: Gaceta del Marqués, Gestión Integral Ambiental, Colima Noticias, Camotlán Acampa, y Seminario de Cultura Mexicana Corresponsalía Manzanillo.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

