Las tradicionales audioguías del recinto, por ejemplo, se transformaron hace unas semanas, con la llegada de las consolas Nintendo 3DS, las cuales ofrecerán sonido e imágenes para ayudar a los visitantes a conocer más sobre las piezas de arte expuestas, al tiempo de ofrecer un mapa interactivo del edificio para que los visitantes puedan saber dónde se encuentran.
Para la difusión del patrimonio cultural, en diversas partes del mundo se ofrecen recorridos virtuales completos, con lo que se permite conocer a detalle las piezas que integran su acervo. ¿Qué sucede en México? ¿Qué tan atrasados están los recintos en la difusión a partir de las nuevas tecnologías?
El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) impulsa el programa Cerebros Digitales, el cual surge como parte de la responsabilidad de preservar el pasado y proyectarlo al futuro, bajo la supervisión de la Coordinación Nacional de Innovación, donde se han digitalizado documentos que están o estarán en los servidores de la Fonoteca Nacional, la Biblioteca Vasconcelos y la Cineteca Nacional, donde lo mismo se guardará música y los archivos sonoros, libros, mapas y documentos, amén de películas, fotografías, carteles y videos.
Otro de los proyectos digitales del Conaculta son las aplicaciones para iPad, concretado con dos poemas importantes de la literatura mexicana, Blanco, de Octavio Paz, y Muerte sin fin, de José Gorostiza, los cuales se encuentran disponibles para descarga gratuita en iTunes, donde la funcionalidad de Apple opera muy bien para los poemas al ser visuales y rítmicos.
De acuerdo con Idalia García, investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, son grandes las posibilidades que ofrece la digitalización para la difusión del conocimiento, siempre y cuando se aprovechen las herramientas con todas sus opciones, pues muchas veces las instituciones se quedan a medias en sus esfuerzos.
“La responsabilidad institucional todavía deja mucho que desear. A la fecha no contamos con la consolidación de una política digital para las instituciones patrimoniales, que genere una relación distinta con la sociedad.”
Como un ejemplo de la difusión cultural, en la mayor parte de los casos la imagen digital se toma como una forma de conservar en una colección pública o privada, por tanto se trata de un objeto diferente, construido con finalidades concretas, tales como la sustitución del soporte o para mejorar las condiciones de acceso sin deteriorar más el original, por lo que “tener una imagen digital, con información y contexto, no basta para cumplir con la función institucional”, reconoce la investigadora.
Desde la perspectiva de Pedro Ángeles, también investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas, las tecnologías de la información pueden llegar a ser una herramienta inmejorable para la difusión del conocimiento, por lo que debieran ser una prioridad en términos de una buena y deseable visibilidad institucional.
Sin embargo, por más que existan esfuerzos y proyectos encomiables, no siempre responden a una política como tal, sino provienen de esfuerzos particulares de cada institución, “sin haberse generado bajo el paraguas de políticas nacionales, que les brinden cobijo frente a la resolución de desarrollo de tecnologías que aspiren a comparar nuestros esfuerzos a ejemplos de otras partes del mundo”
En ese sentido mencionó páginas electrónicas como PARES (http://pares.mcu.es/), EUROPEANA (http://www.europeana.eu/portal/) o la Biblioteca del Congreso de los EU (http://www.loc.gov/library/libarch-digital.html).
“En México, aun cuando contamos con trabajos que ya son apreciables en todos sentidos, están atomizados y sin formar parte de una política cultural que tenga claras directrices respecto al universo de los proyectos digitales que se realizan en todo el entramado de las instituciones mexicanas”, en palabras de quien en la actualidad forma parte del Archivo Fotográfico Manuel Toussaint del mismo instituto.
El INAH ante las novedades
Una de las dependencias más interesadas por aprovechar las diferentes herramientas tecnológicas es el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), aun cuando al mismo tiempo se critica que muchos de los trabajos estén desarrollados en colaboración con empresas privadas, como Google.
Así, ofrecen desde Atlas interactivos, colecciones especiales street view, modelos en 3D, videos para YouTube, una mediateca, paseos virtuales, interactivos en línea y un sitio web, mediante los cuales se busca dar conocer y difundir zonas arqueológicas, escuelas y museos más destacados de México.
El Atlas interactivo disponible en Google Earth ofrece al cibernauta la georreferenciación en 3D de 416 sitios: 182 zonas arqueológicas, 116 museos, 83 modelos en3D, 32 sitios patrimonio mundial y las cuatro escuelas del INAH.
Otro producto son las colecciones especiales street view, que presentan en 360 grados 52 sitios fotografiados de las zonas arqueológicas y museos considerados los más representativos en cada uno de los estados de la República Mexicana.
Fuente: MILENIO





