Por José Díaz Madrigal
El Monte Calvario es una colina ubicada fuera de las murallas de lo que es el casco antiguo de Jerusalén, donde Nuestro Señor Jesucristo fue crucificado. Es ésta una pequeña loma de roca caliza, elevada apenas unos metros del terreno que la rodea. Una vieja tradición judía, explica que el nombre de aquel lugar se debe a que se había hallado el cráneo de Adán, el primer hombre sobre la tierra, enterrado ahí. Sin embargo San Jerónimo -traductor de la Vulgata- dice que el nombre Calvario o Calavera, deriva de los cráneos encontrados en el monte y que pertenecían a quienes habían sido ejecutados en ese lugar.
Jesús es llevado a la crucifixión por soldados romanos. Al llegar al Calvario, fue clavado en una Cruz y luego colocado junto a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a la izquierda.
Lucas 23,39-43 refiere; Uno de los malhechores crucificado lo insultaba diciendo: ¿No eres Tú el Mesías? Sálvate a Ti y a nosotros. Según una narrativa de los apócrifos, el nombre del ladrón situado a la izquierda del Señor, era Gestas -desde entonces no cabe duda, que casi todo lo que se posiciona a la izquierda, es pendenciero, pillo y problemático- en cambio Dimas, el nombre del buen ladrón; colocado a la derecha de Nuestro Señor, imploró a Jesús: Acuérdate de mi cuando llegues a Tu Reino, a lo que El Señor contestó: Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.
Dimas el ladrón arrepentido, es amparado por Jesús y le promete la compañía en su Reino, en el Paraíso. De los tres crucificados aquel día, Nuestro Señor fue el primero en morir; para cerciorarse de la muerte, un soldado le atravesó el costado con una lanza. De este modo fue el arrepentimiento y la conversión de Dimas, el primer fruto de la muerte de Jesús.
Después de que pasaron exactamente ocho días del robo de los Cálices Sagrados y el Evangeliario, en el Santuario de San Juan Pablo II, éstos fueron regresados tal como se los llevaron, de madrugada. Los dejaron dentro de una mochila, de esas que se cuelgan en la espalda. Los arrojaron a un pasillo que conduce al criptario subterráneo.
Hugo Ávila que es el velador del Templo, fue el primero que vió la bolsa. Dijo, pensé que era una mochila olvidada por alguno de los alumnos de los que vienen a clases de música o al catecismo.
Como quiera que sea, cuando se dió a conocer ese hecho, se sintió un alivio en la comunidad del Santuario. El párroco Eduardo de la Mora, rápido emitió un comunicado oficial, informando de lo ocurrido y expresando también un agradecimiento con los ladrones arrepentidos; que lo mismo que a Dimas el antiguo colega Bíblico, el remordimiento de conciencia no los dejó estar en paz. Recapacitaron y eligieron devolver los objetos robados. Bravo por estas personas.
Sólo para reflexionar ¿Cuántos Dimas o Gestas habrá entre la sociedad mexicana? En la grabación del hurto, se nota a un tipo modesto, tirando a desarrapado. Sin embargo tuvo la valentía de regresar lo robado. Éste es un claro ejemplo de Dimas, el ladrón arrepentido que fue acogido por El Salvador.
Por otro lado, en noticias recientes, dan cuenta de ciertos personajes del mundo político, que habiendo robado el erario público cantidades de cientos de millones de pesos. Que en lugar de regresar lo robado, son señalados por ladrones o de plano van a la cárcel por ratones. Pero no muestran ningún arrepentimiento ni escrúpulos de conciencia. Estos tipejos son el clásico ejemplo de Gestas, el ladrón sinvergüenza y bribón, aparte de majadero que insultó a Nuestro Señor en el Monte Calvario.
Tal vez entre Dimas y Gestas, existe una relación de uno entre mil.

