El verdadero éxito

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Por: Jonás Larios Deniz*

Ser aplicados en la escuela ha pasado de moda. La idea de éxito como producto del esfuerzo fue desplazada por la mercadotecnica actual que promueve la comodidad y la buena vida antes que la disciplina o el trabajo. Son muchas las formas en que la vida moderna transformó los hábitos de las familias en el mundo, haciendo todo más fácil pero generando zonas de confort que impactaron los estilos de vida saludables. Algunos ejemplos de esto son el internet, el control remoto, la comida rápida, las tarjetas de crédito y los teléfonos celulares. No propongo renunciar a estas formas de modernidad, pero si sería conveniente identificar que la sola adquisición de estos instrumentos no es un logro trascendental. Con tristeza veo que muchos adultos vivimos la adquisición de bienes materiales como única forma de éxito. Hemos sustituido muchos hábitos de la vida buena por el de comprar. Comprar en abonos chiquitos; a seis, doce y hasta dieciocho meses sin intereses; en venta nocturna; en la barata; por catálogo y cada vez con mayor frecuencia por internet.

Tendríamos que recuperar el discurso del esfuerzo personal, de querer ser alguien en la vida. Cuando era niño, aprendí en la escuela la lección de Benito Juárez, el pastorcito de San Pablo Guelatao. Mi maestra de segundo año nos la contó y yo la guardé en mi mente como una fórmula valiosa para llegar a ser alguien en la vida. Mi mamá recuerda que yo siempre quería contarle esta historia mientras caminábamos del pueblo al rancho a llevar la comida a los trabajadores. Le contaba detalles de cómo Benito Juárez había ido del campo a la ciudad y como a través de mucho estudio y esfuerzo había sido Presidente de la República. Yo en verdad lo creía en ese entonces y aún lo creo.

Hace apenas unos días fueron seleccionados catorce niñas y niños para realizar un viaje cultural a la Ciudad de México donde saludarán al Presidente de la República, según explicó el Mtro. Guillermo Rangel, Secretario de Educación en Colima: “viajando en avión y con todos los gastos pagados, experiencia única que guardarán para el resto de sus vidas”. La selección se hizo a través del concurso estatal Olimpiada del Conocimiento Infantil.

Cuánto me gustaría que los medios de comunicación locales contaran las historias de esfuerzo de estos catorce niñas y niños colimenses destacados, y de todo lo que sus padres, madres y profesores hicieron para que pudieran llegar a ese momento de significativo logro. Los periódicos tienen mucho que contar a la sociedad colimense con esta noticia y la sociedad colimense necesita saber que cuenta con una generación de niñas y niños destacados. Celebremos este gran logro, enhorabuena para ellos y sus familias, también para sus maestras y maestros; sin lugar a dudas son motivo de orgullo. Son un ejemplo del esfuerzo que rinde frutos. Ahora bien, para los adultos de mi generación, son un recordatorio permanente de lo que es el verdadero éxito.

Dejemos el escarnio político que hoy abunda para despreciarse unos a otros en afán de protagonizar y ganar elecciones. Las niñas y niños nos ven y nos escuchan. En mi opinión, la visita de niñas y niños aplicados a un Presidente de la República es un símbolo de ejemplo para que vivan vidas buenas.

 

* Profesor-investigador de la Universidad de Colima