EL FIN DEL MUNDO, UNA VERDADERA INDUSTRIA

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    Con una perspectiva amplia, Ignacio Padilla se propuso hacer una reflexión sobre el asunto en el libro La industria del fin del mundo (Taurus, 2012), en el que ofrece una revisión de algunos de los principales profetas del apocalipsis, especuladores de la creatividad y la imaginación humana.

    “Lo incierto suele y tiene que generar especulación; una narrativa y la incertidumbre de la conclusión de lo humano o de lo físico, lo material, ha permitido una cantidad de especulaciones y narrativas extraordinarias, que con mucha frecuencia han sido dañinas y, en ciertas ocasiones, han sido positivas”, dice el escritor.

    El miedo ha sido usado en la historia de la humanidad para amedrentar, para vencer al enemigo, para someter al súbdito, como una variante del pánico, que es el combustible apocalíptico: la idea del fin del mundo ha sido utilizada.

    “Cuántos juicios finales no hemos visto; cuántos jinetes del apocalipsis no han sido ilustrados con enorme éxito desde el primer momento, o cuántas películas sobre el fin del mundo y sobre el mundo después del fin del mundo no han existido.

    “Si a eso añadimos la manera en que la política, desde el principio mismo del cristianismo y aun antes, ha usado la idea del fin del mundo para capitalizar el poder, podemos descubrir cómo el miedo, en general, produce dinero y poder, el poder que siempre acarrea el dinero.”

    Sin embargo, Padilla está convencido de que el miedo puede transformarse en una emoción profundamente humana y positiva para la supervivencia, porque a final de cuentas la conciencia de la muerte es la que nos hace existir e impulsarnos, y también explica por qué el individuo tiene tanto un temor explicable hacia lo desconocido como una atracción.

    “La idea de que toda civilización, como todo ser humano, se tiene que extinguir, resulta escandalosamente atractiva por incierta y escandalosamente temible.”