Por: Ángel Durán
La toga entre otras concepciones y a la que me quiero referir, tiene un simbolismo muy especial para el sistema de justicia, pues no es otra cosa más que, la vestimenta que utilizan los y las juzgadores en el momento de estar en el Pleno, discutiendo y resolviendo un tema de naturaleza legal, principalmente con valores y principios para llegar a la justicia.

Esta simple vestimenta que se ha utilizado durante siglos, entre ellos por los y las juzgadoras, representa: poder, sensibilidad, conocimiento, ética, compromiso nacional, la búsqueda de la verdad, en fin, todo enfocado para que, el que usa la toga tiene el compromiso de ser una persona íntegra y hacer justicia.
Pero esta prenda, que de color negro es utilizado por las y los jueces, no siempre ha representado un simbolismo de buena fama por el que surgió; si no que habido épocas turbulentas que ensucian su verdadero simbolismo.
En Colombia, surgió una circunstancia negativa que impactó el pensamiento judicial, recientemente y estamos hablando del año 2017, donde varios juzgadores del más alto nivel, se vieron envueltos en investigaciones por alterar, desaparecer, desviar o dilatar procesos judiciales, además de utilizar información privilegiada, como decía, esto se dio, en los niveles más altos del sistema de justicia en aquel entonces -la Corte Suprema de Justicia colombiana-. A este antecedente se denominó “El cartel de la Toga” y que todavía es muy señalado por la sociedad colombiana y el mundo jurídico internacional.
La toga, si bien es cierto, es una vestimenta que trasmite la confianza de quien la porta y de ser un juzgador recto y comprometido con la justicia, conocedor del derecho, y actualmente por el dominio de los tratados internacionales de derechos humanos, de la jurisprudencia de los propios tribunales de su país y de la que emitan los tribunales internacionales que tienen competencia en su propia nación y además dispuestos para discutir y resolver todos los casos judiciales bajo el principio de verdad, garantizando autonomía e independencia.
Detrás de la toga ,se deben estar conjugando las mejores intenciones individuales y colectivas del cuerpo de juzgadores y juzgadoras, para resolver todos los problemas complejos de un país y garantizar su paz social, además, deberán de guardar equilibrio e incidir en ser verdaderos integrantes de la división de poderes, siendo compatibles con el resto de la administración pública y de un buen gobierno, así como estar conscientes de garantizar un sistema judicial eficiente, tanto a nivel nacional como de sensibilidad internacional.
La toga cuya prenda simboliza justicia, debe estar impregnada del conocimiento para el bien de la humanidad y que quien la porte, pues hoy día, todo juzgador, debe de hacer honor a ella y que ésta sea vista por la sociedad, como el símbolo de que, quien la usa, sea una persona: proba, justa, con vocación de servicio en el sistema de justicia, pero sobre todo, que la misma sociedad le tenga confianza, en especial, por la rectitud que representa su portador en cada una de las sentencias que emita.

