DE ORGULLO DE MI NEPOTISMO A ORGULLO DE MI CINISMO

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Por José Díaz Madrigal

El vestido de la novia, correcto y elegante; le acomodaba en su hermosa silueta como guante hecho a la medida. La música suena. La pareja de recién casados se desliza en cadentes movimientos sobre la pista de baile, con finura y distinción. Ella es la atractiva hija del embajador de México en Austria, él es el hijo del presidente de la República. El lugar de tan encopetada fiesta es la casa presidencial de Los Pinos, donde se dieron cita familias acaudaladas y selectos políticos de alcurnia de todo el país. La fecha 29 de Marzo de 1980 y el anfitrión es José López PortilloHan pasado casi 42 años de la boda de José Ramón, el hijo favorito del presidente mexicano. Por ese tiempo, el preferido de López Portillo rondaba los 25 años de edad y ostentaba un alto puesto público en la administración de su papá. Era el segundo de a bordo de la importante Secretaría de Programación y Presupuesto, cuya titularidad tenía el paisano Miguel de la Madrid. El junior con ese puestazo y encima de eso hijo del mero mero, donde su jefe lo dejaba hacer y decidir asuntos de trascendencia para la vida nacional; seguramente no tocaba piso, pasaba mareado por las adulaciones, por el poder y la fama.Se fue de luna de miel a Hawaii, en avión especial de los muchos que tenía a su disposición, propios del gobierno. Las crónicas de la época, no refieren cuanto tiempo estuvieron en aquella isla del Océano Pacífico; lo que si cuentan es que pasados varios días, a la bella esposa de José Ramón se le antojaron unos crujientes cueros de chicharrón dorado, que suculentamente preparaban en un restaurante de la capital mexicana. No lo dijo dos veces, porque el complaciente joven marido, mandó el avión que los había transportado de regreso hasta la ciudad de México a más de tres mil kilómetros, para cumplir el capricho de la dama y pudiera saborear los tronadores chicharrones al morderlos, tal vez haciéndolos más deliciosos, aderezandolos con juguito de limón y salsa Valentina.De ese tamaño son las prepotencias y fanfarronadas de los hijos de los presidentes mexicanos. Poco antes de que se casara José Ramón, en rueda de prensa un reportero se animó a preguntar al ejecutivo: señor presidente ¿no considera usted el nombramiento de su hijo José Ramón subsecretario de Programación y Presupuesto como un acto de nepotismo?. Con respuesta rápida, sin ofenderse ni alterarse y sin sacarle cañas al tercio, López Portillo contestó: mi hijo José Ramón es «el orgullo de mi nepotismo».De ese pelo han sido las arrogantes conductas de hijos de los presidentes. El sucesor de López Portillo, en menor medida no estuvo exento de tales males. Pero en atención del paisano, el comportamiento de sus hijos es peccata minuta en comparación con otros juniors presidenciales. Uno de los hijos de Salinas de Gortari también fue motivo de atención en los noticieros, cuando el mayor, Emiliano se confirmó como miembro activo de una secta sexual llamada Nxium; en que el líder de tal secta está preso por abuso en Estados Unidos.En el caso de los hijos de Zedillo, siendo éste presidente, sus vástagos protagonizaron una batalla en un concierto del grupo irlandés U2. Además a Ernesto Zedillo Jr. se le ha cuestionado por dar a la venta carísimos inmuebles en Miami y Nueva York. ¿de dónde salió la fierrada para comprar dichas propiedades?.Vicente Fox nunca pudo echar abajo la fama de trinqueteros que tenían los hijos de Martha su esposa, hacían múltiples negocios a la sombra de su poderoso padrastro. Así del mismo modo, ni los hijos de Calderón ni los de Peña se salvan de escándalos mediáticos. La diferencia con estos es que sus padres ya no eran presidentes.En la actualidad como mala jugada del destino de México, aparece otro José Ramón, ya no es el López Portillo, sino López Beltrán, el primogénito del presidente López Obrador y tal parece que es copia chafa de su tocayo de hace 40 años; solo que el nuevo es más desvergonzado, se le nota en el aspecto y en la risilla burlona que tiene.En estos días que le sacaron los trapitos al sol, su papá se puso como un endemoniado, echando pestes contra el periodista que dió a conocer la información. El que se enoja pierde. Ni López Portillo que era temperamental, se salió de sus cabales cuando le preguntaron acerca de su hijo, es mas, lo aceptó. Sin embargo López Obrador estalló diciendo su clásica perorata de que no somos iguales y bla bla bla, argumentando sin sustento. Lo que si es verdad y que quede claro, es como dijo mi tío Valerio: «son pior». Lopez Portillo tenía al país en el puño, controlado; mínimos eran los problemas de inseguridad. En cambio con Obrador, como nunca en la historia del México moderno, habíamos padecido de tanta delincuencia e incapacidad para combatirla.Bastante bien le queda decir: «He ahí, el orgullo de mi cinismo»