(UNA APARIENCIA LUNAR DE LAS VIALIDADES DE COLIMA Y DE MÉXICO)
Por: Jaime E. Medina
Si hay algo que caracteriza a la luna, son sus enormes cráteres que tiene dentro de toda la superficie lunar, ocasionados por el gran impacto de meteoritos, asteroides y cometas, daño realizado de forma natural, por todo el universo que lo rodea.
En nuestro estado y en todo México, tenemos nuestras propias semejanzas lunares, sí, pero estas, ocasionan daño a nuestros bolsillos y a nuestros vehículos de transportes, y hablo, de todos los baches que tenemos en calles y avenidas donde transitamos a diario.
Todos los días al momento de subirnos a nuestras unidades vehiculares, entramos a un videojuego parecido al de Mario Kart, pero apegado a la realidad, en donde tratas de evitar obstáculos de un lado para otro, porque sabes bien, que, si caes dentro de esos obstáculos, va a tener un costo muy caro como rotulas, amortiguadores, bujes, soportes de motor o de amortiguador, entre otros, o ya si no, un pequeño susto o una mentada de madre. Y hablando de gastos, una reparación vehicular en el área de suspensión causado por algún bache, oscila entre 5 mil a 10 mil pesos.
En la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU 2026) que aplica el INEGI, en el apartado de Problemas Importantes en la Ciudad, como primer lugar, se encuentra la situación de baches en calles y avenidas, resultado que demuestra la crisis vial en la que atraviesa todo México y la poca eficiencia e inversión en la reparación de esta problemática que año tras años cobra altos costos monetarios ante los daños automotrices y en algunas ocasiones, hasta vidas humanas.
Salir a carretera, se ha convertido también un riesgo latente, en donde en varias ocasiones han ocasionado infinidad de accidentes desde carros de particulares hasta camiones de cargas y autobuses. Y es que utilizar los famosos parches para cubrir un enorme pozo que se haya hecho en la carpeta asfáltica no soluciona y ni da garantía de un tránsito vehicular confiable, ya que hay tramos en donde de plano ya se ocupa un reencarpetamiento total, y lo único que hacen, es rellenar los hoyos, que ocasionan un terreno irregular, poniendo en riesgo la integridad de las personas de muchas maneras, desde desequilibrio en el volante o desajuste de piezas indispensables en la estabilidad del vehículo. 
Luis Méndez Jaled, presidente nacional de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), comentó que la situación del estado de las carreteras en México, es grave, debido a que estos últimos sexenios hubo muy poca inversión en la reparación de las carreteras federales y estatales, aunque este último, el estatal, es una inversión compartida entre gobierno federal y gobierno del estado. Reconoció que en el año 2023 no se invirtió ni un solo peso en tener en buen estado las carreteras y ni hubo inversión o apoyo a los gobiernos de cada estado. Así también, hizo saber que dos de cada tres kilómetros de vías federales, están en muy malas condiciones por el abandono que se les ha sometido.
¿Pero a cuánto equivale en afectaciones económicas el tener un mal estado de carreteras, calles y avenidas en México? Pues nada más y nada menos que al 12% del PIB (Producto Interno Bruto) o sea, 4.5 billones de pesos, mencionó el presidente de la CMIC.
Hace unos meses, la presidenta de México, la Dra. Claudia Sheimbaum Pardo, dio el banderazo de inicio del Programa Nacional de Conservación de Carreteras y Bachetón, el cual realizará trabajos de repavimentación y bacheos de ejes troncales equivalentes a 18 mil kilómetros de los 800 mil kilómetros de carreteras que existen en todo el territorio nacional. Obviamente, es poco, para la gran extensión carretera y sus problemáticas que demandan en nuestro país.
En Colima, como en sus carreteras y vialidades de todos sus municipios, se está presentando una desolación de atender las calles y avenidas en mal estado, perjudicando gravemente a miles de colimenses. Las “estrategias” empleadas por los ayuntamientos son muy pobres y sin sentido, en algunas ocasiones utilizando tierra simple para rellenar los baches. No cabe duda que el recurso destinado para la reparación de nuestras vías de traslado está tomando otro destino, y es el bolsillo de unos cuantos.
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