Por: Jaime E. Medina
Panfletos, lonas, carteles, espectaculares y unas cuantas cosas más, son parte de la fauna electoral que se aproxima y que en estas elecciones 2024 se harán presentes en toda la urbe de nuestro Estado y poblaciones rurales.
Pintas partidistas, darán color a muros y bardas de aquellas avenidas calles y andadores de las distintas colonias y barrios de nuestro municipio. Todos estos medios, son el arma de convencimiento visual, auditivo y materialistas con los que cuenta un candidato para atacar la conciencia y el sentido de toda la población votante.

Pero ¿qué pasa con todos esos materiales de promoción partidista después de haberse culminado el proceso de elección? Pues la respuesta es muy obvia, se convierte en basura, basura entre 25 a 30 mil toneladas que se producirán en todo el país después de haber terminado la jornada electiva, y que en muchas ocasiones no llevan un proceso de reciclaje, especialmente, las lonas de plástico, ya que estas tardan 300 años en descomponerse, y a pesar, que la Ley Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, señala que toda propaganda debe de ser hecha de material biodegradable y que no contengan sustancias nocivas para el medio ambiente; en muchos de los casos, no se atiende ni se demuestra ante la sociedad la reutilización o procesos de reciclaje de toda esta publicidad.
2 mil 192 toneladas de papel, se utilizarán para la producción de 312 millones de boletas electorales que estarán distribuidas en todas las secciones donde se generará el voto. Que, por cierto, cada una de estas boletas tiene un costo de 1.60 pesos, y que se invertirán 499 millones 200 mil pesos, información ofrecida por la empresa papelera COPAMEX encargada de imprimir y fabricar las boletas de los comicios.

Hasta el momento, no se ha buscado una estrategia adecuada y efectiva de cómo evitar el gasto exorbitante monetariamente hablando en la fabricación de medios impresos, y como evitar también, de seguir ocasionando tanta producción de basura después de las votaciones. Pero la duda empieza, cuando nos preguntamos, si en verdad, ¿es muy efectivo llenar la ciudad de tanta propaganda política? ¿Es garantía tener cientos de miles de lonas de todas las medidas, panfletos y espectaculares publicitarios en cada rincón donde se centra nuestra mirada?
Apostar por un proceso de elección más ecológico y con menos contaminación visual, material y auditiva, y con un enfoque más creativo y presencial de todos aquellos candidatos que compiten por un puesto político. Especialmente, en contribuir en los contextos urbanos y rurales, no solamente en cuestiones del cuidado del medio ambiente sino en generar acciones y programas en beneficios de la sociedad, y poder invertir o canalizar eficientemente el dinero que se destina en el gasto de productos de propaganda política. Porque nada más para gastos presidenciales, están destinados 660 millones de pesos. Y para diputaciones federales, 2.2 millones de pesos.
Es sorprendente como tanto dinero queda, en muchos de los casos, mal invertido o convertido en basura, pudiendo ser utilizado eficientemente de una manera más inteligente.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles CN COLIMANOTICIAS.

