BRIZUELA: LA PASIÓN POR SERVIR

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    Desciende el doctor Enrique Brizuela Virgen de un helicóptero enviado por el gobierno federal- encabezado, en ese entonces, por el presidente Adolfo López Mateos- para atender y curar a los heridos. En esa ocasión, sólo el piloto y el facultativo Brizuela, con gran pasión y vocación de servicio, llevaban a cabo su delicada misión: Todo el día y toda la noche, trabajó el galeno curando a los heridos, llevando salud y consuelo a la gente que fue aislada y damnificada por la fuerza devastadora de la naturaleza. Posteriormente, el gobernador Rodolfo Chávez Carrillo, le dio la comisión de acudir a Minatitlán, dónde también hubo grandes daños, para atender a los enfermos.

    LA UNIVERSIDAD DE COLIMA LE PUBLICÓ UN LIBRO

    Recientemente, la Universidad de Colima como parte del intenso programa editorial de la Rectoría, le publicó un texto muy bello “Memorias de un Médico” que relata sus vivencias como profesional de la medicina con un hondo sentido social. La presentación del libro fue en el Archivo Histórico, en la vieja casona que fue la sede primigenia de la institución de educación superior. De esa forma, la máxima casa de estudios reconoció el talento y la sensibilidad social de un galeno brillante que aportó lo mejor de sí mismo para servir a la patria.

    En ese delicado encargo, en las zonas dañadas por el ciclón del 59, el piloto del helicóptero y el doctor Brizuela encarnaban la mejor vertiente del Estado mexicano para atender a la población, llevando los servicios de salud a lugares no exentos de riesgo incluso para sus propias vidas. Esa es la pasión por el servicio, uno de los rasgos determinantes de la personalidad de un hombre ilustre, Enrique Brizuela Virgen, recientemente fallecido, un personaje que le dio mucho a Colima y a México, con esa personalidad fuerte y versátil: médico cirujano, escritor, radiólogo, historiador, político, líder social, poeta, pintor, pianista, constructor de grandes proyectos y obras de beneficio social que aun perduran entre nosotros.

    Considero que no es fácil encontrar, en estos tiempos, un hombre tan multidimensional y humanista, como lo era el doctor Brizuela: Acaso, de forma inevitable, por asociación de ideas, me hizo evocar el talento polivalente de personajes de la antigüedad, como por ejemplo, un Leonardo Da Vinci.

    LA MEDICINA COMO UN APOSTOLADO

    Hace algunos años, tuve el privilegio de que esa historia y otras muchas vivencias del terapeuta, me las contara el propio Enrique Brizuela en su casa de estilo colimote con patio central y corredores interiores, y plantas y flores, muchas plantas, que le conferían un colorido especial, singular belleza y tranquilidad a esa finca antigua, de arquitectura tradicional colimota, por la calle Hidalgo, muy cerca del Jardín Núñez, en dónde jugaba y corría cuando era niño.

    En su afán de que no se perdiera la cultura y las tradiciones populares, en sus cuadros y pinturas, recordaba sus vivencias de la niñez y la juventud; cuando se bañaban en las, entonces, caudalosas aguas del río Colima; el servicio del tranvía de mulitas, las fiestas de la Villa, las celebraciones de la virgen de Dolores, los “combates” de flores por la Calzada Galván; el paseo en la Piedra Lisa o la llegada del tren a La Estación, todo un acontecimiento en el Colima de ayer.

    En su casa, en ese patio tan singular y agradable, me relató como surgió su temprana vocación por la medicina. Siendo niño, a los 7 años de edad, sufrió un accidente, lo tumbó un caballo. Quedo inconsciente unos días, y cuando despertó vio a su lado a unos hombres grandes con batas blancas, que lo atendían y curaban. Recuerda que su mama le dijo: “Son doctores que te van a curar; vas a estar bien y vas a volver a jugar y estudiar”. Ese episodio influyó positivamente en su vida y despertó su vocación por la medicina y el servicio social.

    Posteriormente, viajó a la ciudad de Guadalajara, en dónde con grandes afanes y lauros académicos, cursó la carrera de medicina, retornando a Colima en dónde fue director del Hospital Civil y tuvo la visión de que él y el resto de los médicos, se inclinaran por estudiar alguna especialidad para prestar un mejor servicio a la sociedad, que tanto lo requería en el mediodía del siglo XX.

    EL SERVICIO GENEROSO A LA SOCIEDAD

    En Colima, hacía mucha falta los servicios de un radiólogo. No había el equipo ni el personal que realizara la interpretación de las radiografías. Era muy penoso que gente pobre tenía que viajar en tren a Guadalajara, perdiendo hasta tres días, para que le examinaran una radiografía. Al ver esa sentida demanda social, personalmente, el doctor se capacitó en la materia y compró el aparato para prestar ese servicio a los colimenses. Eso es sólo una pincelada de un hombre excepcional, y cuyos méritos han sido ya señalados por destacados colimenses como, Manuel Sánchez de la Madrid, Alfredo Juárez Albarrán, José Rivas Guzmán, la señora Eva Soto Ferniza, entre otros. El privilegio de haber conocido a ese hombre tan valioso y humanista, es lo que hoy me hace pergeñar estas líneas.

    El facultativo Brizuela trabajó en la Secretaría de Salud, en el IMSS, en el ISSSTE; en estas instituciones centrales para el proyecto de salud pública del Estado mexicano que surgió tras la lucha armada de 1910. Instituciones que han sido cardinales para la atención de la salud del pueblo de México. Adicionalmente, el doctor Brizuela incursionó en la medicina privada. Fue el cirujano del Hospital Civil de Colima y trabajó al lado de grandes médicos como Casimiro Ramírez, Pedro Cervantes Ochoa, Leonel Ramírez, entre otros grandes profesionistas de la medicina que sirvieron con gran pasión a Colima. Todavía, hasta en los últimos años de su vida, el doctor Brizuela impartía consulta en su consultorio particular. Recuerdo que, en alguna ocasión, me dijo: “Mientras yo me acuerde de los nombres de las medicinas, de como se administran y lo que contienen, voy a seguir dando consulta a la gente”.

    Para este colimense ejemplar, Enrique Brizuela Virgen, lo que más le gustaba en la vida era el servicio a la sociedad. Incluso me dijo: “Yo se que en la vida hay gente a las que les gusta ser servidos y otros que nos gusta servir. Yo siento una gran satisfacción en aliviar a los enfermos, en poder coadyuvar y resolver los problemas de la gente”.

    Un antiguo proverbio chino dice: “Cada hombre nace para salvar a la humanidad”. Si todos pensáramos así, esta sociedad, Colima, este país, este mundo tendrían salvación.

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