- Caso Iguala: ¿Y los 43 desaparecidos?
Por: Luis Avila Aguilar
El caso de los 43 desaparecidos en Iguala Guerrero, atrajo no sólo la opinión y condena pública nacional, sino también la internacional. Un acto de barbarie que nos muestra ante el mundo, como un país en donde sus autoridades en complicidad con el narco, la corrupción y la impunidad, violentan flagrantemente los derechos humanos, exhibiéndonos como un México bárbaro, al cual creíamos haber superado.
Desde aquel 26 de Septiembre en donde normalistas de Ayotzinapan, Guerrero salen a las calles para protestar, respaldados en el derecho de manifestación que la constitución nos garantiza, he dado seguimiento cabal a través de los diferentes medios de comunicación, a la serie de acontecimientos que se han derivado de la muerte de 6 personas y la desaparición de 43 normalistas.
Los protestantes, como se recordará, salen a las calles en defensa que lo que creen legal, cosa que incomoda el bestialismo autoritario del ex presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca Velázquez; quien consideró a su enfermo juicio, se encaminaban para boicotear el acto en donde su esposa María de los Ángeles Pineda, rendiría su informe de acciones al frente del DIF municipal ordenando lo que hoy todos conocemos y que arrojó como resultado las muertes de 6 personas entre ellos 3 normalistas, 25 lesionados, pérdidas materiales y los más grave, la desaparición de 43 manifestantes.
Ese fue el principio; muchos hechos se han derivado después, la solicitud de licencia del presidente municipal, la detención de 22 policías (prácticamente la corporación municipal) la intervención de las autoridades estatales y después federales, la politización del asunto a cargo de los diferentes actores y partidos políticos y que ante la falta de gobernabilidad motiva a las cámaras legislativas del congreso de la unión a pensar en una desaparición de poderes.
Toda una sucesión de acontecimientos; la intervención de Gobernación, de las procuradurías, que hacen notar sus aciertos con bombos y platillos pero que no alcanzan a esconder como contraparte su ineficiencia, la intención de buena fe, pero que se le va de las manos, al presidente Peña Nieto para resolver el caso, las marchas locales y estales en demanda justa que reclaman la aparición de los normalistas, el dolor de los padres de familia que cala y duro, ofendiendo la conciencia popular al no saber el paradero de los enlistados.
Una cronología de hechos que sorprenden cada día desde ese 26 de septiembre, cada circunstancia con una interpretación diferente, con un mensaje social y político para sus actores, los medios de comunicación con el juego de siempre, mediáticos, buscando su mejor tajada, los dueños y mafias que copan hoy en día la dirigencia nacional del Partido de la Revolución Democrática de donde emergen, por cierto al poder, José Luis Abarca como el Gobernador Aguirre, tratando de aventar la bola de fuego que les quema, para donde caiga, no importa, se trata de expiar la culpa.
Un sin fin de connotaciones políticas en la cronología del caso Ayotzinapan, como con el “Peje” Andrés Manuel López Obrador quien cada día mina más su liderazgo social, niega conocer a José Luis Abarca y es exhibido al día siguiente en las redes sociales, acompañando al hoy criminal, impulsándolo rumbo al poder, en sendos actos electorales.
Qué decir del líder moral y político, del fundador del Partido de la Revolución Democrática, hijo del “tata” de la nación y particularmente de los michoacanos, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, vapuleado, y casi a punto del linchamiento en el Zócalo de Ciudad de México, por la turba social que ayer guiaba y que hoy lo desconoce, arrojándolo fuera del movimiento de los normalistas; la izquierda mexicana en franca crisis social y política, recoge hoy en día los frutos de su incapacidad por conducir con responsabilidad la movilización social a cambio de prebendas en el ámbito electoral que el sistema político permite.
Mucho más podríamos inferir hacia lo social, político y por qué no, hasta en lo económico, de este vergonzoso episodio que vivimos, en tanto, las autoridades federales dan cuenta a través de las grandes televisoras del país, de la eficacia en la captura de la “pareja imperial” mostrando públicamente, con lujo de detalle, cada una de las secciones de la casa en donde se escondían y que al fin no revela nada de la verdad.
Pero la gran pregunta que a la fecha prevalece en millones de mexicanos y que en lo personal comparto, continua en el aire, aun sin respuesta, ¿En dónde están los 43 desaparecidos?…

