AL VUELOS

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    Se los demostré, ellos lo saben, en aquel discurso que di el día de nuestra graduación. De todos, o casi todos, hice un retrato fiel, pues, como dije, los sentí entrañables durante todos esos años. Tanto es así, que de ese mismo grupo salió la mujer con la que vivo ahora y tengo dos hijos. Después Diego Alcaraz se decidiría por el litigio y yo por la persecución de los delitos, así que ahí me vi un día en el Ministerio Público, levantando cadáveres y declaraciones a homicidas, violadores, secuestradores, etcétera. Cinco años estuve en el Ministerio Público hasta que cambié el levantamiento de muertos por la escritura de poemas y novelas negras y policiacas. Diego Alcaraz persistió como litigante y se hizo de renombre cuando le ganó un juicio al ayuntamiento de Tecomán. Hace dos años lo vi por última vez, juntos con otros compañeros de Derecho, en la presentación de la última de mis novelas. Hicimos planes de reunirnos para emborracharnos a lo grande, todos, como lo hicimos en el pasado tantas veces. Eso no será posible ya. Hoy leo con tristeza (y sobresalto) la noticia de que fue acribillado afuera de su despacho jurídico. Quedó tendido en la banqueta, según dice la nota, seguramente, como todos, en un charco de sangre. En este instante, ya lo sé, la muerte lo estará mirando con sus ojos de cuchillo esmerilado. Estas palabras sólo quieren ser una sábana blanca, justamente como la que usé tantas veces en el Ministerio Público, para protegerlo de los infiernos del más allá. Descanse en paz.

     

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