Por: Ignacio Toscano Ramírez
Cuando escuchamos la frase “Al diablo con sus instituciones” (año 2006), era imposible no tener en cuenta, la grieta visible en la estructura jurídica de aquéllos años.
Sin embargo, casualmente, el autor de esa frase, no sólo dejó la misma grieta, sino que decidió derrumbar el techo para dejar expuesto el sistema jurídico y por consecuencia dejarnos con instituciones inoperantes, considerando al sistema jurídico como la final instancia reguladora de la verdad.
Si, las estructuras jurídicas ahora, penden de la buena voluntad de unos cuantos, y no de la profesionalización del servicio, mucho menos de la justicia.
La ineptitud es costosa, pero la ignorancia y la apatía son además peligrosas, no tenemos a las mejores personas tomando decisiones por nosotros, tienen nuestra vida en sus manos y juegan con nuestro bienestar a costa de la apatía de sus ciudadanos.
Mientras, los ciudadanos de a pie, ya no tienen más tiempo, fuerzas ni ganas para pensar u opinar, hemos vivido un prolongado periodo atrapados en el sistema, que si no nos adaptamos, no comemos, por lo que preferimos ser ciegos, sordos y mudos ante la indecencia de quien nos gobierna.
Es indiscutible, que “antes” el poder político no estaba separado del económico, hoy, tampoco, pero para muchos, el consuelo como justificación, es que hay programas para el bienestar, cuyas estadísticas las mide el propio gobierno y que, según sus indicadores, reflejan a un México sin hambre, seguro, con oportunidades, con el mejor sistema de salud, y con un mayor número de personas que salieron de la pobreza.
Sin embargo, la situación política, social y económica muestran una realidad distinta y con ello, se están lesionando otros derechos fundamentales que son necesarios para crear bienestar en la sociedad, el poder político actual, está creando vicios en la consciencia humana, tejiendo voluntades a cambio de dádivas, sin que se tenga derecho a cuestionar el verdadero objetivo.
No están transformando a un país, están maquiavelizando sus intenciones, y la democracia con la creación del Instituto Federal Electoral (IFE), ahora Instituto Nacional Electoral (INE) (1990, profundamente vinculada a la figura de Cuauhtémoc Cárdenas), dejó de ser el objetivo, para ser utilizada como pretexto por la composición política actual y con ello, controlar su operatividad, menoscabando la confianza institucional.
Por lo que podemos concluir, ante una realidad que ya nos alcanzó que no puede existir democracia sin Estado de Derecho.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.






