LA OPOSICIÓN ANTE EL RETO DE CONSTRUIR UNA ALTERNATIVA REAL

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VENTANA POLÍTICA

Por: Guillermo Montelón Nava

La política colimense entró en una etapa en la que las aspiraciones individuales, las diferencias entre partidos y los posibles acuerdos electorales empiezan a definir el rumbo de la sucesión gubernamental de 2027. Aunque Morena conserva una presencia electoral importante y cuenta con el respaldo de los gobiernos federal y estatal, también enfrenta serias dificultades. La designación de Rosa María Bayardo como coordinadora de la defensa de la transformación generó cuestionamientos e inconformidades, especialmente entre los aliados.

El escenario para Morena y Rosy Bayardo no es fácil, menos cuando la ciudadanía cada vez está mejor informada de los escándalos de corrupción y las consecuencias del mal gobierno que estamos padeciendo por el deterioro de las instituciones y el cuantioso daño al erario público.

Frente a ese panorama, los partidos de oposición enfrentan un dilema que no pueden seguir postergando: definir si están dispuestos a construir acuerdos o si terminarán privilegiando sus intereses particulares, aun cuando eso signifique presentarse divididos ante el electorado.

El PAN tiene en Riult Rivera, presidente municipal de Colima, una figura que ha manifestado aspiraciones y que aparece entre los perfiles considerados para la sucesión. Sin embargo, su posición tampoco está exenta de diferencias internas.

El PRI, por su parte, tiene en la senadora Mely Romero Celis una de sus figuras más visibles. Su trayectoria política, experiencia legislativa y presencia estatal la colocan en el centro de las conversaciones sobre la sucesión. Pero el desafío para el priismo es mayor que definir quién será su aspirante: necesita resolver qué papel pretende desempeñar en una eventual coalición y qué condiciones está dispuesto a negociar con otras fuerzas políticas.

Aquí aparece una interrogante particularmente importante: ¿qué ocurrirá con Esther Gutiérrez Andrade, alcaldesa de Villa de Álvarez, cuyo nombre también ha figurado en las conversaciones sucesorias? Los rumores de acercamiento con el Verde No le ayudan mucho, dada la solidez de su trayectoria. Ella tiene una responsabilidad política frente a su municipio y un capital público que deberá traducirse, si así lo decide, en una definición clara sobre su futuro partidista. 

En este contexto, Mely Romero representa uno de los perfiles que necesariamente tendrán que ser considerados en cualquier discusión seria sobre la reorganización de la oposición. Su presencia en el Senado le proporciona una plataforma política y una interlocución que trasciende las fronteras del priismo estatal.

La pregunta fundamental es qué condiciones políticas podrían reunir el PRI, el PAN, Movimiento Ciudadano y otras expresiones ciudadanas para construir un entendimiento común, sin que las diferencias históricas y los intereses particulares terminen imponiéndose.

También habrá que observar la posición de Virgilio Mendoza, quien ha tenido una trayectoria política relevante en Manzanillo y mantiene presencia dentro del Partido Verde. Sus posibles acercamientos con otras expresiones políticas forman parte de los movimientos que podrían modificar el escenario, aunque cualquier definición sobre su participación dependerá de decisiones partidistas y acuerdos todavía pendientes.

Una coalición, por tanto, no puede limitarse a una fotografía de dirigentes estrechándose las manos. Necesita reglas transparentes para seleccionar candidaturas, compromisos verificables, representación territorial y un programa que atienda los problemas de Colima. 

Por otra parte, es importante considerar que el electorado colimense no necesariamente votará siguiendo las mismas lealtades partidistas del pasado. La inseguridad, la violencia, los servicios de salud, el empleo, la movilidad, la situación económica y la calidad de los gobiernos municipales forman parte de una agenda que exige respuestas concretas.

Por eso, las mediciones electorales deben interpretarse con cuidado. No basta con conocer la preferencia por un partido o por determinado aspirante. También es necesario examinar la opinión ciudadana sobre los gobiernos, la confianza en las instituciones y las prioridades que la población espera que atienda quien llegue a gobernar. En ese contexto Morena no sale bien librado.

Colima necesita que el debate de 2027 vaya más allá de las disputas por las candidaturas. La discusión debe centrarse en la seguridad, el desarrollo económico, la salud, la transparencia y la recuperación de la confianza ciudadana.

Así que el gran reto será para unos y otros convencer con propuestas, credibilidad y resultados; presentando también un proyecto político claro y convincente en el que sus dirigentes estarán dispuestos a anteponer los acuerdos institucionales a sus aspiraciones personales.

Y aunque las encuestas, según una medición de Arias Consultores publicada en octubre registró 34.8% para Morena, 24.1% para PAN y 20.5% para PRI en preferencia partidista, eso no indica una predicción del resultado electoral. 

Me parece pues que la sucesión política de Colima rumbo a 2027 exige distinguir entre la fuerza electoral de los partidos, la aceptación de sus posibles candidatos y la capacidad real de construir acuerdos. Una coalición no se explica únicamente por la suma de siglas: también depende de la confianza entre sus integrantes, de la distribución de candidaturas y de un proyecto que pueda ser evaluado por la ciudadanía.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.