Por: Rogelio Guedea
Alguna vez en mi vida quise ser candidato independiente para una diputación local. Me sentí popular, la gente de mi barrio me saludaba con afecto, la gente del barrio contiguo hacía lo mismo, más adelante de mi barrio también, y yo dije: hagamos algo por mi distrito. Pronto me di cuenta aue las candidaturas independientes son realmente la forma en que el Instituto Electoral se cura en salud para seguir con un sistema de partidos que, en muchos de los casos, mantiene maniatada la salud de nuestra democracia. Hace poco el Instituto Electoral del Estado emitió la convocatoria para las candidaturas independientes y los requisitos están ahora peor que antes, lo que quiere decir que el sistema de partidos sigue dominando nuestro escenario político. Imagínense: para conseguir una candidatura independiente para un cargo de elección popular se necesita constituir una asociación civil, realizar trámites notariales y fiscales, abrir una cuenta bancaria, organizar una estructura administrativa y, por si lo anterior no fuera poco, conseguir el respaldo de al menos el 3% de la lista nominal de electores de la demarcación correspondiente. Con estos requisitos, a cualquier ciudadano se le quitan las ganas de ser candidato independiente, porque además se va a enfrentar a un sistema de partidos que, lo aceptemos o no, utiliza el dinero y los programas asistenciales como sus formas más naturales de su estrategia electoral. Por qué el Instituto Electoral no se deja de sospechosismos y se sienta de verdad a analizar la naturaleza de estas candidaturas, promoviendo realmente su utilidad social como lo hacen otros países que sí buscan ciudadanizar sus competencias democráticas. En Nueva Zelanda basta que dos ciudadanos respalden la candidatura y un depósito de 300 dólares para aparecer en la boleta. En Canadá solo se necesitan cien firmas. En Irlanda un respaldo de treinta ciudadanos y depósito de 500 euros es suficiente para ser candidato independiente. En Reino Unido diez firmas y 500 libras y eso es todo. Y en Alemania solo se necesitan 200 firmas para competir por un distrito parlamentario. De tan fáciles parecen irreales, a poco no? Partir de un presupuesto restrictivo, como sucede en México, que inhibe que ciudadanos con liderazgos reales, orgánicos, que no tiene como premisa dar despensas o dinero, puedan competir electoralmente, no hace sino obstaculizar el fortalecimiento democrático de una comunidad, y más porque el sistema de partidos que tenemos generalmente está cooptado por grupos facciosos y facinerosos que todo el tiempo están hablando de ciudadanizar sus candidaturas de dientes hacia afuera pero de dientes hacia adentro no hacen sino seguir repartiéndose el botín de cargos de elección popular entre unos cuantos. El Instituto Electoral tiene, pues, un reto importante para los próximo comicios (no estos, los siguientes después de estos), y es hacer una reforma real al sistema de candidaturas independientes para que lejos de inhibir sus registros, crezca y haga más competitiva la batalla comicial, por el bien común y el bienestar de todos, y también para que los partidos establecidos se esfuercen ahora sí en renovarse.
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Rogelio Guedea
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