Botero compartió esa anécdota, que no le dejó buen sabor de boca, pero también habló de lo vivido en estos 63 años de trayectoria que lo han colocado como uno de los protagonistas de la historia del arte latinoamericano.
Y como tal se le reconoce con la más grande exposición retrospectiva Fernando Botero: una celebración, nunca antes organizada, en el Palacio de Bellas Artes.
La muestra conformada por 177 obras conmemora sus 80 años de vida y seis décadas de labor creativa que lo han llevado a consolidar un estilo propio, único en el mundo.
Botero tiene una estrecha relación con México. En 1956 vivó en la colonia del Valle, en la calle de Kansas 7. Incluso, aquí residen dos de sus hijos y, cada año, en enero, visita Zihuatanejo.
Por eso se siente como en casa, para aclarar una y otra vez que él no pinta “gordos”.
“Debo mi popularidad a que me identifican como el pintor de las gordas, y no me molesta porque lo dice con simpatía. La verdad la he explicado mil veces: que no se trata de un comentario sobre si alguien es delgado o gordo, eso no tiene nada que ver. Digamos que mi interés por el volumen se muestra en mis obras, si hago una naturaleza muerta o un caballo siempre está presente con sus formas plenas. ¡No me creen que yo nunca he pintado una gorda en mi vida!”
Reconoció la influencia de varias corrientes y artistas, en particular, de los muralistas mexicanos, pero también de los artistas venecianos del siglo V.
Con un gran sentido del humor reveló que él ya escribió sus obras completas, que por cierto estarán en el catálogo de la exposición,
“Un día que tenía una gripa que me duró casi un mes, escribí cinco cuentos, a los que considero mis obras completas, me pareció divertido hacerlo, pero como verán soy pintor, y no he vuelto a escribir.”
La exposición, que abrirá sus puertas al público a partir del 30 de marzo, está integrada por 10 núcleos temáticos: obra temprana, América Latina, religión y clero, dibujo y técnica mixta, escultura, el circo, Abu Ghraib, versiones, la corrida y naturaleza muerta.
*Arte y narcotráfico, una anécdota en su voz
Es un problema bien delicado porque, la verdad, el narcotráfico tenía tal capacidad económica en Colombia que podía tener lo que quisiera.
A mí me pasó un incidente que me molestó mucho, cuando pusieron una bomba en la casa de Pablo Escobar, encontraron que ahí había un cuadro mío, afortunadamente había también cuadros de Chagall, Picasso, Miró y Dalí…
Pero la prensa destacó en sus encabezados que había un Botero en la casa de Pablo Escobar. Me molestó que mi nombre estuviera unido al de él, entonces fui con el director del periódico El Tiempo, que era muy amigo mío, le pedí que por favor escribiera una editorial diciendo que yo consideraba “repugnante” que Pablo Escobar tuviera un cuadro mío y que mi nombre estuviera unido al de él.
Él me dijo: “Mira mijito, yo lo publico pero mañana váyase de Colombia, porque no le gustará nada ese artículo”. Efectivamente, al día siguiente me tocó hacer maletas.
El narcotráfico compraba mucho arte, había un mercado de mucho cuadros europeos muy costosos, pues tenían colecciones de todo. Afortunadamente eso terminó, hoy los capos viven en la clandestinidad. Y el mercado del arte ya no está en las manos de esa gente, afortunadamente.
Fuente:GRUPO MILENIO





